viernes, 14 de octubre de 2016

19:05:00
Carlos Loret de Mola Álvarez

En sus cuentas de redes sociales difunde festivamente la violencia contra los conductores de Uber, postea videos que intimidan a quienes quieren formar parte de esta app y apoya la organización de marchas y bloqueos carreteros en contra del servicio.

Se llama Candelario Salomón Cruz y es, ni más ni menos, ¡el director del Instituto Estatal de Transporte de Campeche!

Con la llegada del servicio de transporte a través de una aplicación móvil al estado y sus vecinos Tabasco, Yucatán y Quintana Roo, Salomón Cruz se paró de pestañas- sintió que el gremio de los taxistas, al que defendió por años como abogado representante, estaba vulnerable.

Aprovechó su cargo en el gabinete estatal, bajo el cobijo del gobernador campechano, el joven dinosaurio priista Alejandro Moreno Cárdenas, conocido como Alito.

El encargado del transporte decidió que desde su puesto era válido cargar los dados en lugar de jugar parejo como autoridad y desató la cacería: intimidación, multas y decomiso de vehículos de forma ilegal a todo conductor de Uber.

Esta resistencia,que tiene como motor los intereses político-electorales del gremio taxista tradicional con el poder, extendió su plan por toda la península donde Uber ha llegado a trastocar los equilibrios de los arreglos de lealtad política y abuso económico. ¿Ha ido últimamente a Cancún? Un taxi del aeropuerto a la zona hotelera cobra 700 pesos por un tramo tan breve como 7 kilómetros que se recorre en cinco minutitos.

La violencia contra Uber se incrementó en la región: coches quemados y conductores brutalmente golpeados, permitido, de pronto alentado desde los gobiernos beneficiados por el gremio de los taxistas y las ganancias millonarias de las concesiones a las que están ligados.

Alito en Campeche, Arturo Núñez en Tabasco, Rolando Zapata en Yucatán y hasta el recién llegado Carlos Joaquín en Quintana Roo deben dejar de lado su discurso en el que dan la bienvenida a la multinacional, pero en la realidad apuñalan y sangran a quienes deciden formar parte de ella. Su falsa modernidad, su falsa apertura, los mancha.

Se ha dado el caso de taxistas tradicionales que montan retenes por sus fueros, piden un Uber para que tenga que pasar por ahí, lo detienen y la autoridad llega y se lleva detenido al chofer e incautado a su vehículo, validando esta acción medio paramilitar, medio extrajudicial, de autodefensa.

Una de las ciudades que más ha dado la bienvenida a Uber -le cobra 70 millones de pesos pero los deja chambear- es la capital del país. Quizá por eso este miércoles 12 de octubre, la Ciudad de México tuvo que soportar el caos provocado por más de 2 mil 500 taxistas locales y del resto de la República que rechazan a Uber sin aprovechar su presencia para detectar con autocrítica sus propias carencias y repararlas en pos de un servicio mejor para los clientes.

SACIAMORBOS. Y todavía no llega a Chiapas, Veracruz y Oaxaca... pero ya hay marchas en su contra.

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