martes, 4 de noviembre de 2014

21:56:00
MVZ Alberto Pérez Medina

Nos tardamos un poco en volver a escribir pero aquí estamos nuevamente.


El día de ayer fue un día triste, día de luto para la Universidad Autónoma de Yucatán, para los universitarios y para la sociedad yucateca en general. Lo que pudo haber sido un proceso ejemplar, un proceso que enorgullezca a los universitarios y que pudo haber servido de modelo para otras instituciones, se convirtió en una vulgar votación preparada desde meses antes, sin ningún rasgo de autenticidad, con consejeros nombrados, preparados y maiceados para ejecutar al pie de la letra un plan perverso, un plan para que, los que han llevado al borde de la tragedia a la UADY, se perpetúen en el poder y puedan seguir sangrando a la máxima casa de estudios de nuestro estado.

A pesar de que ya todos conocían de antemano el desenlace de la sesión extraordinaria del Consejo Universitario, y que volvieron más que ridícula la “campaña” de visitas de una hora por facultad de los candidatos a rector, a pesar de que era “bola cantada” el resultado, había una pequeña esperanza de que los consejeros reaccionaran al sentir y clamor de los universitarios, que un pequeño rayo de luz iluminara se pequeño cerebro y ejercieran un voto de conciencia y por el bien de su institución, pero el milagro no ocurrió, el perverso plan se cumplió el pie de la letra y han electo a una persona que desde la integración de curriculum vitae demostró de que está hecho, es un tramposo y mentiroso, una persona que antepone sus intereses y los de su grupo a los intereses de la Universidad, para que sigan lucrando, junto con sus amantes y respectivas familias, con los recursos universitarios. Cargos importantes, sueldos extraordinarios para las amantes y sus familiares, viajes de placer o de eterna luna de miel pretextando viajes de trabajo, todo a costa de la deteriorada economía de la UADY.

La esperanza se extinguió, los universitarios no tuvieron el valor de hacer escuchar su voz, los consejeros, se escudaron en la Ley Orgánica de la UADY para depositar su voto secreto y traicionar los principios más elementales, traicionar a las pocas escuelas que tuvieron el valor de enfrentar el poder y forzar votaciones en las que, una tras otra, manifestaron su repudio al clan Godoy-Dájer-Williams, y lo repudiaron de manera elegante, con votos, votos que seguramente van a perseguir al flamante rector espurio hasta el resto de sus días, lo perseguirán día y noche, porque además entre sus seguidores ha dicho no entender lo que paso en la Facultad de Veterinaria, su facultad, donde fue repudiado en tres ocasiones, dos veces por los maestros y una vez por los alumnos. Curiosamente, el voto secreto, que es un gran logro de la democracia, en este caso sirvió para ejecutar un voto traicionero, un voto con el cual, los consejeros, podrán regresar a sus facultades presumiendo haber cumplido sin que nadie nunca de verdad por quien votaron, se escudaron en los 19 votos que recibieron los candidatos Zavala y González para traicionar a sus compañeros de facultad.

Pero, siempre y afortunadamente siempre, hay un pero, en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, es el nombre oficial y no Campus de Ciencias Biológicas y Agropecuarias como los “dueños” de la UADY insisten en llamar, los profesores no han tirado la toalla y, una vez más, están dispuestos a dar la batalla, una batalla que seguramente les gustaría compartan otras facultades, para promover los cambios necesarios en la UADY para acabar con el maximato Godoyano, y la pelea la empezarán a dar este mismo mes de noviembre, con medidas que tal vez sorprendan por su naturaleza, pero no bajaran la guardia hasta lograr su objetivo, enderezar el camino retorcido a la que han conducido a la Universidad sus colegas, o tal vez sus ex colegas.

No sabría decir si son muy valientes o se sienten responsables de todo el daño causado a la UADY por sus “colegas”, pero está claro que esta lucha es de toda la UADY, es más, me atrevo a decir que las demás facultades tienen mayor responsabilidad, porque Veterinaria hizo su parte, levantó la voz, forzó votaciones internas a pesar de la amenaza que pendía sobre sus cabezas, y no solo votaron, derrotaron una, dos y tres veces a quien sabían era el delfín de Dájer, mientras los académicos de las demás facultades muriéndose de miedo se escondían debajo de sus escritorios esperando que otros den la cara y hagan el trabajo por ellos.

También cabría preguntarse si los universitarios tienen la rectoría que se merecen, por apáticos, por conchudos, por pendejos. Porque ellos mismos, en sus discursos, encuentros, seminarios y demás reuniones académicas critican a los campesinos y la gente pobre de vender su voto y su futuro por una despensa, por temor a la amenaza, por necesidad, pero resulta que los universitarios son iguales, son miedosos ante la amenaza de perder sus privilegios y también venden su voto, solo hay una gran diferencia, el voto de los universitarios es mucho más caro que el de los campesinos, no veo ninguna otra diferencia.