viernes, 14 de abril de 2017

17:21:00
BUENOS AIRES, 14 de abril de 2017.- Lo que era un acto normal de oración por parte de uno de los jóvenes que vive en el hogar conocido como la Casita de San Miguel terminó convirtiéndose en un acontecimiento fuera de lo habitual. La Casita está ubicada en el barrio Güemes de Rafaela, la tercera ciudad más importante de Santa Fe; allí viven jóvenes que se encuentran en rehabilitación por adicciones.

Según se supo a través de los medios locales, el joven que estaba rezando en la capilla del lugar notó que se empañaba el vidrio del Santísimo. Ante esto, fue a buscar al encargado y al regresar, pudieron evidenciar que la Eucaristía sudaba sangre.

Ante la cadena de acontecimientos se decidió contactar al presbítero Suppo Alcides, párroco de "Nuestra Señora de Guadalupe" y responsable del hogar, así como también al Obispo de la Diócesis, quienes decidieron retirarlo debido a que se había convocado mucha gente en el lugar. 

El Santísimo. (El Once)

Además, lo enviarán a Roma para que el ente especializado en análisis científicos determine si se trata de un milagro real. La intención de la Iglesia es manejar el caso con la mayor prudencia posible.

El hecho generó emoción en todos los presentes y creyentes católicos tanto por el lugar en el que se produjo el aparente milagro, como por el período especial que se encuentra atravesando la Iglesia en su totalidad (Semana Santa).

Además, se extendió un pedido de respeto por el lugar ya que allí se encuentran los jóvenes en recuperación y se espera que no sean molestados.  algunos jóvenes participaban de una adoración al santísimo sacramento mientras ocurrió el fenómeno. Quienes lo presenciaron, aseguran que la hostia comenzó a “sangrar”, y la gota color rojo intenso comenzó a deslizarse por el vidrio.

Varios jóvenes estaban arrodillados directamente en el piso. En el altar, sobre simples platitos, habían sido colocadas las velas para acompañar a la custodia. Atrás, sobre la pared blanca, dos grandes rosarios de madera, un cuadro del beato indígena Ceferino Namuncurá y una estampa del Padre Pío de Pietrelcina. 


Uno de los muchachos internos, originario de la provincia del Chaco, contó más detalles. Explicó que, presa de una crisis personal, había decidido abandonar su programa de rehabilitación, que lleva adelante desde hace 10 meses. Estaba decidido a hacerlo justo después de su hora de adoración al santísimo. Faltando 20 minutos ocurrió lo impensable. 

“Me puse a rezar, alabarlo a Dios, y cuando levanté la vista vi que de la eucaristía venía cayendo una gota de sangre y me largué a llorar, porque no sabía qué hacer. Abrí la puerta, los llamé a los chicos, estuvimos haciendo alabanza, seguimos rezando. Nunca había visto algo así. Eso me dio una alegría inmensa en mi corazón. Quería irme y rezando le había dicho a Dios que no confiaba más en él, no era yo el que estaba en mí, le pedía que me devuelva la confianza que había perdido. No estaba creyendo que él estaba ahí (en la hostia ndr), le pedía que me demuestre que era verdad, que estaba ahí… y pasó eso”, contó a la prensa argentina.

¿Qué pasó entonces? “Todos empezamos a alabar a Dios, empezamos a cantar. Uno lloraba, el otro se reía. Trajimos guitarra, cánticos, saltos, seguimos rezando y rezando. Eran las 10 de la noche, después las 12 y seguíamos rezando. Llegó el obispo y vio lo que había pasado, hicimos un rosario a María y ahora va a llevar tiempo, hay que tener paciencia. Para ver si es un milagro de Dios o no”, siguió. 

Ahora el joven dice sentirse mucho mejor, con ganas de seguir su tratamiento porque comprendió el mensaje. Entendió que, en verdad, Jesús está ahí. “Me hacía falta creer en él”, apuntó. 

“Habiendo tomado conocimiento de que una hostia consagrada, mientras era adorada sobre el altar, presentó signos de una sustancia que, aparentemente, es sangre, el obispo de nuestra diócesis monseñor Luis Fernández, acompañado por el presbítero Alcides Suppo, se hizo presente en el lugar para contemplar lo sucedido y hablar con las personas que allí se encontraban”, indicó un comunicado del obispado de Rafaela.

Recordó que la Iglesia católica, en estos casos y otros similares, pide que, con prudencia y mesura, se juzgue el acontecimiento con el objetivo de brindar luz y dar certeza de lo sucedido. Estableció que, a lo largo de la historia, la Iglesia “ha recibido el testimonio de la presencia real y substancial de Jesucristo en la eucaristía, bajo esta forma tan singular de manifestación”. Pero aclaró que los casos “no han sido nada comunes ni sencillos de discernir”.

Por eso, continuó, y siguiendo el procedimiento recomendado por la Iglesia, el obispo retiró de la exposición pública la hostia en cuestión, reservándola convenientemente, y ordenó que se inicie el “camino de discernimiento” necesario para que, a su debido tiempo, se llegue a conclusiones ciertas.

Precisó que cualquiera sea el resultado de tal investigación, se debe utilizar este tiempo para renovar la fe y devoción en el milagro más grande: la presencia real de Jesucristo en cada celebración de la misa.

“Conforme se vaya haciendo la investigación correspondiente, se darán a conocer las conclusiones. Mientras tanto, se recomienda la prudencia y el respeto del caso, del lugar y las personas que fueron testigos de tal acontecimiento, especialmente teniendo en cuenta que se trata de un lugar que requiere el silencio y la sobriedad como parte importante del proceso de quienes allí habitan y trabajan. Invitamos a poner la mirada creyente en el Misterio Pascual que celebramos en estos días, centro de nuestra fe, y que acompaña de manera cotidiana el caminar de nuestro pueblo”, concluyó. (Diario Uno / Vatican Insider)