miércoles, 6 de julio de 2016

10:38:00
LONDRES, 6 de julio.- Tony Blair decidió participar en la invasión de Irak en 2003 “antes de agotar todas las opciones pacíficas” y basado en “inteligencia defectuosa” que “se presentó con una certeza que no estaba justificada”. Esas son algunas de las conclusiones, devastadoras para el ex primer ministro laborista, del informe Chilcot, presentado hoy, que recoge siete años de investigación independiente sobre la participación de Reino Unido en la guerra de Irak.

John Chilcot ha presentado esta mañana las conclusiones de la investigación que ha dirigido, y ha empezado recordando a los muertos y heridos en Irak, incluidos los 250 fallecidos en un ataque este fin de semana. Chilcot ha asegurado que Reino Unido "no agotó todas las opciones pacíficas" antes de unirse a la invasión de Irak que lideraba Estados Unidos. Los juicios sobre las armas de destrucción masiva, ha añadido, “se presentaron con una certeza que no estaba justificada”. La investigación concluye que Estados Unidos y Reino Unido socavaron la autoridad del Consejo de Seguridad de la ONU, porque presionaron para la acción militar cuando las alternativas de resolución sin recurrir a la fuerza no se habían agotado.

John Chilcot dirigió la investigación durante los últimos 7 años.

Poco después de presentarse el informe, Tony Blair ha hecho público un comunicado en el que considera que la investigación demuestra que no mantuvo "ningún compromiso secreto para ir a la guerra” con el presidente estadounidense George W. Bush. “El informe debería enterrar las alegaciones de mala fe, mentiras o engaños”, ha añadido. “Esté la gente de acuerdo o no con mi decisión de emprender acciones militares contra Sadam Husein, la tomé de buena fe y en lo que creía que era el interés del país”.

El informe Chilcot sobre la participación de Reino Unido en la guerra de Irak se ha hecho público este miércoles a las once y media de la mañana (hora local, una menos que en la España peninsular). El trabajo, que se ha gestado durante siete años, desgrana el papel de las autoridades británicas en la intervención militar en Irak de 2003, uno de los capítulos más polémicos de Tony Blair en su etapa como jefe del Gobierno (1997-2007). Examina la actuación de Reino Unido en los meses previos al conflicto, en la propia guerra y en la gestión de sus consecuencias. Desde la invasión hasta el día de hoy, según los datos de The Iraq Body Count, el conflicto ha provocado 251.000 muertes, entre civiles y combatientes.

Las decisiones en Irak, ha asegurado Chilcot en su comparecencia, a la que han asistido parientes de los 179 soldados británicos caídos en la contienda, se tomaron en base a “inteligencia y evaluaciones defectuosas”. “No se cuestionaron, y debieron haberse cuestionado”, ha dicho. La acción militar pudo haber sido necesaria en algún momento, concluye unánimemente el informe, pero no lo era en 2003.

El informe supone una crítica sin matices a la decisión del ex primer ministro laborista Tony Blair de entrar en guerra con Irak. Describe a Sadam Husein como "indudablemente un brutal dictador". Pero la investigación concluye que "la acción militar en ese momento no era el último recurso". Según el informe, el dosier que Blair presentó al Parlamento británico en septiembre de 2002 no respalda sus argumentos de que Irak contaba con un programa activo de armas químicas y biológicas.

“En 2003, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, Reino Unido participó en la invasión de un país soberano”, ha dicho Chilcot. “La acción militar no era el último recurso”. “Se subestimaron las consecuencias y se fracasó en lograr los objetivos establecidos”, ha añadido. La investigación no acepta, ha dicho Chilcot, las alegaciones de Tony Blair de que los problemas de después de la invasión eran imposibles de predecir.

El informe incluye detalles de los papeles del Gabinete desclasificados, evaluaciones de la inteligencia que apuntaba, erróneamente, a que Irak poseía armas de destrucción masiva y de la correspondencia privada entre Blair y el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en relación con el conflicto y la base para la intervención militar. Según el ponente del trabajo, John Chilcot, el grupo de expertos ha tenido que "evaluar y analizar " 150.000 documentos del Gobierno y para elaborar sus conclusiones y recomendaciones.

Centenares de manifestantes se han concentrado en las inmediaciones del centro de convenciones Queen Elizabeth II, en Westminster, en el centro de Londres, donde Chilcot ha leído sus conclusiones.

El informe, que consta de 12 volúmenes y un total de 2,6 millones de palabras, fue entregado el martes al primer ministro, David Cameron, y está disponible en la red una vez que su autor ha expuesto públicamente sus conclusiones. "He tenido muy en cuenta desde el principio que las familias tienen altas expectativas y deseos de conocer la verdad de todo lo que sucedió, en particular en lo que se ven afectados sus parientes", ha explicado Chilcot, autor del informe en una entrevistas a la cadena británica BBC con motivo de la publicación del informe.

Reino Unido envió 30.000 soldados con la misión de ocupar a Irak, en una invasión liderada por Estados Unidos. En 2009, en medio de las críticas ante la evidencia de que el régimen de Sadam Husein no escondía armas de destrucción masiva como se aseguró, el Gobierno de Gordon Brown encargó una investigación en profundidad de lo ocurrido, dirigida por el alto funcionario John Chilcot, con una dilatada experiencia en la administración. Se trata de dilucidar la base legal que había en 2003 para la invasión, aunque el informe carece del poder de recomendar cargos criminales contra los implicados.

El informe está disponible en la web de The Iraq Inquiry. Se ha dado a conocer poco antes de las preguntas del primer ministro al mediodía. Cuando era diputado, David Cameron votó a favor de la guerra, pero el líder laborista Jeremy Corbyn fue un opositor implacable y fue uno de los casi 140 parlamentarios laboristas que se opusieron a la decisión de ir a la guerra. Los parlamentarios debatirán el informe en su totalidad este jueves.

El pasado octubre, Blair pidió disculpas por su papel en la guerra de Irak, a la que llevó al país hace 13 años. Este miércoles ha vuelto a hacerlo: "Fue la decisión más difícil que he tomado. La tomé de buena fe. Expreso mi dolor, mi pesar y disculpas", ha dicho el ex jefe de Gobierno, que ya pidió perdón hace meses por utilizar información de inteligencia errónea; reconoció que no supo prever el caos que se desataría tras el derrocamiento de Sadam Husein, y admitió que dicho caos puede haber contribuido a la aparición y crecimiento del Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés). (Pablo Guimón / El País / The Guardian)