lunes, 5 de febrero de 2018

21:46:00
Loret y el asesinato de "El Charras"

a) antecedentes

Se ha afirmado y reafirmado que fue el gobernador Loret de Mola quien mandó asesinar al "Charras" (Efraín Calderón Lara). La realidad es que es difícil probar tal aseveración, más hoy que el ex gobernador Loret ha fallecido. Otros hablan de que sólo se trataba de "asustar" al Charras o amenazarlo para que se alejara de los movimientos sindicales, pero que "se les pasó la mano" a los asesinos. Otra versión es que los empresarios de la construcción pagaron mucho dinero para "desaparecerlo". Es obvio que hay que investigar a fondo el hecho: desde indagar si Loret tenía perfil de asesino, si los momentos que vivía lo pudieron llevar a actuar como tal y si los empresarios intervinieron abiertamente.

Que ha habido centenares de gobernadores y demás altos funcionarios implicados en asesinatos de miles de trabajadores, es indiscutible; empero este asunto del "Charras" aún no ha sido probado. Lo más que puede decirse es que el gobernador y nadie más fue responsable de todo lo sucedido en su sexenio, de que su ideología reaccionaria lo hacía enemigo de las luchas de los trabajadores y de que sus enemigos: Cervera Pacheco, Sansores Pérez, Gómez Villanueva, Gutiérrez Ruiz, Echeverría Álvarez, etcétera le provocaban la ira y le turbaban la razón.

Al asesinato del Charras le antecede un fuerte enfrentamiento entre el gobernador y el servilismo. Víctor Cervera Pacheco había subido a la presidencia municipal de Mérida en enero de 1971 y, desde entonces, había tenido serios enfrentamientos con el gobernador Loreto. Los sucesos se inician a principios de 1973 cuando Cervera, para ser candidato a una diputación federal, dejó como interino en la alcaldía de Mérida a su amigo incondicional Gilbert Chi Góngora quien llevó, o permitió, el agudizamiento de los enfrentamientos con el gobernador hasta llegar a la violencia y a que el mismo Chi fuera desconocido por el congreso del estado.

Los priístas carteristas -aprovechando algunas luchas sindicales que comenzaban a desarrollarse en Yucatán, coordinadas por el abogado Calderón Lara y el Frente Sindical Jacinto Canes, buscaban fortalecerse contra el gobierno de Loreto; sin embargo el deslinde era claro: los carteristas luchaban para derrocar a Loreto (así como el PAN lucha hoy contra Cervera); el Frente, por el contrario, batallaba por la formación de sindicatos democráticos e independientes y por los derechos de los trabajadores.

La realidad es que las luchas obreras en México abarcaron casi toda la década de los setenta, y en cuanto al sexenio de Luis Echeverría se ha dicho que las relaciones entre la burocracia sindical y el estado mostraron dos etapas perfectamente diferenciadas: la primera que va de 1971 hasta 1973, que se caracteriza por una pugna más o menos intensa entre el presidente y los charros, y la segunda que abarcó de 1973 a 1976 que quedó marcada por la adopción pública de un acuerdo político entre los hasta entonces contendientes. (Ver revista Punto Crítico)

Una de las principales luchas que dieron inicio a la década fue la de los electricistas agrupados en el Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (STERM) encabezada por Rafael Galván. Se inició a raíz del conflicto por la titularidad de su contrato colectivo. En aquella época se presentaron también movimientos por la independencia sindical en otros sectores, respondiendo probablemente en forma tardía al sacudimiento provocado por el movimiento estudiantil de 1968, y motivados por el proceso inflacionario que significó el deterioro de los salarios reales.

La coincidencia de esas dos circunstancias permitió al STERM jugar un papel importante como líder nacional de este movimiento sindical independiente. Sin embargo su objetivo fundamental no era el de conservar esta "independencia"; al contrario, desde la nacionalización de la industria, su tesis había sido la de luchar por la creación de un solo sindicato nacional que agrupara a todos los trabajadores, lo cual fortalecería al movimiento obrero. Este movimiento concluyó en un acuerdo de "alto nivel" al crearse en 1973 el SUTERM con Pérez Ríos a la cabeza y con Rodríguez Alcaide años después.

En los seis años las demandas dominantes en los conflictos laborales fueron de tipo salarial (aumentos, prestaciones, reparto de utilidades), pero también fueron constantes las demandas por problemas de empleo (planta para los eventuales, reinstalación de despedidos) y por el empeoramiento de las condiciones de trabajo (firma de contrato colectivo, violaciones al mismo y aumentos en las cargas de trabajo); en esa misma dirección, hubo conflictos de gran envergadura solicitando el registro de la organización sindical, peleando la titularidad del contrato y en defensa del manejo democrático de la vida sindical.

Hubo numerosas huelgas en textiles: Hilos Cadena, Medalla de Oro, Celanese Mexicana, etc.; en la industria del calzado: Sandak, Zero, Panam, Duramil; en aparatos eléctricos: General Electric, Kelvinator; en la industria vidriera: Vidrio Plano, Vidriera de Monterrey; en la industria de la construcción: Tula, Up-john, Liga de Soldadores; en la minero-metalúrgica y metales básicos: Cinsa-Cifunsa, Spicer, Fundidora de Monterrey; en la industria automotriz: Volswagen, Nissan, Trailmobile, General Motors y Ford.

Las organizaciones independientes más destacadas eran: el Movimiento Sindical Revolucionario (MSR) encabezado por Rafael Galván; la Unidad Obrera Independiente (UOI) dirigida por Juan Ortega Arenas; el Frente Auténtico del Trabajo (FAT) identificado con una corriente social-cristiana. Las organizaciones sindicales eran: el Sindicato de Trabajadores Electricistas República Mexicana (encabezado por Galván); el Movimiento Sindical Ferrocarrilero (dirigido por Demetrio Vallejo); el Frente Sindical Independiente (brazo del PCM); el Frente Popular Independiente (de corte maoísta).

b) organizaciones sindicales en Yucatán

Ante una inflación que tendía a crecer -señala el escritor José Agustín- agravada por los aires "izquierdistas" del presidente Echeverría, los obreros en 1971 iniciaron movilizaciones y huelgas que se incrementaron notablemente en 1973 y 1974. Por lo general, se luchaba por mejores condiciones económicas, pero también, cada vez más, por democratizar el aparato corrupto, vertical y muchas veces gansteril del sindicalismo oficial, que, encabezado por el viejo Fidel Velázquez, cada vez más poderoso y lleno de mañas, sólo tendía a empeorar.

En 1971 la Junta de Conciliación y Arbitraje decidió en favor del sindicato de electricistas que dirigía Francisco Pérez Ríos y en contra del STERM de Rafael Galván. A partir de ese momento Galván se alió con el Movimiento Sindical Ferrocarrilero creado por Demetrio Vallejo, y con el nombre de Insurgencia Obrera los dos grupos llevaron a cabo impresionantes marchas en la ciudad de México durante 1972. Estas batallas tuvieron importantes repercusiones en telefonistas, en el SNTE, en petroleros.

De un acuerdo entre estas dos organizaciones de electricistas surgió el Sindicato Unico de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM) encabezado por Pérez Ríos y, al poco tiempo, al morir, quedó en manos de Leonardo Rodríguez Alcaine, hoy máximo jerarca de la CTM. En teléfonos, Francisco Hernández Juárez derrocó de la dirección sindical a Salustio Salgado; en el sindicato de maestros Jongitud Barrios y gente armada expulsó a Carlos Olmos de la dirigencia sindical y entre los petroleros la Quina Hernández Galicia consolidó su enorme poder haciendo negocios sindicales con la empresa Pemex.

En 1968 se fundó en el estado la Federación de Trabajadores de Yucatán (FTY), filial de la Confederación de Trabajadores de México bajo el mando de Fidel Velázquez. A principios de los setenta la FTY y la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) (filial Yucatán), eran los organismos obreros más fuertes por el apoyo gubernamental que recibían y por la cantidad de sindicatos que corporativamente controlaban.

El Sindicato de Cordeleros de Yucatán, a principios de los setenta, por sus orígenes anarcosindicalistas, seguía siendo el único sindicato independiente. A pesar del duro golpe que recibió del gobierno, de los órganos del trabajo y de la gerencia de Cordemex encabezada por Olea Enríquez, por la gran huelga que realizó en 1968, seguía en pie de lucha y apoyando a los grupos de huelguistas que acudían a él en busca de solidaridad.

Por ello la creación de sindicatos independientes y combativos entre choferes de autobús, gasolineros, zapateros, panaderos, empleados de Conasupo y de la UADY, así como en la rama de la construcción en 1972, 1973, 1974 y 1975, con la asesoría de Calderón Lara y bajo todo el ambiente de lucha que perduró después de su asesinato, fue indudablemente un buen jalón para el desarrollo de la conciencia de los trabajadores yucatecos.

Después de 25 años del asesinato del Charras, mucho se ha perdido porque las políticas gubernamentales y de los empresarios se han fortalecido por la crisis económica permanente. Las autoridades del trabajo, los organismos laborales, las leyes y demás comisiones "obrero-patronales", han amenazado y golpeado a los trabajadores y sus luchas. Las comisiones que fijan salarios mínimos y "topes salariales" han impuesto reglas que nadie ha podido romper. En este campo no ha habido fascismo declarado, pero sí se ha vivido un régimen de control y represión parecido. (Continuará)

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