miércoles, 10 de mayo de 2017

19:04:00
CURITIBA, Brasil, 10 de mayo de 2017.- Las calles de Curitiba se tiñeron del clásico rojo del Partido de los Trabajadores (PT). Mientras el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva declaraba ante el juez federal Sergio Moro por una de las cinco causas en las que está procesado, decenas de miles de simpatizantes del máximo líder petista se movilizaron para brindarle su apoyo e impulsar su candidatura para las elecciones de 2018.

Desde temprano, caravanas de micros llegados desde todo el país depositaban a militantes del PT, de la Central Unica de Trabajadores (CUT), de la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) y del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en los terrenos abandonados entre la terminal de ómnibus y la estación de trenes. Allí, otros miles de personas que respaldan al ex mandatario (2003-2010) pasaron la noche en un improvisado campamento y marcharon por la ciudad para hacer oír su voz.

Decenas de miles de simpatizantes de Lula se movilizaron para brindarle su apoyo e impulsar su candidatura para las elecciones de 2018. (Foto La Nación)

"Lula es el líder popular más importante que tuvo este país y la derecha quiere hacer lo posible para sacarlo de la política. Es una conspiración contra la clase trabajadora, quieren crucificarlo, pero él es inocente. Este es el verdadero pueblo brasileño y queremos que él vuelva en 2018 para gobernarnos. No podrán callarnos y evitar el destino", apuntó a LA NACION la empleada pública María Correia, 59, que participaba de uno de los actos de la Jornada por la Democracia y la Justicia, organizada por el Frente Brasil Popular en la Plaza Santos Andrade, en el centro de Curitiba.

Los más de 10.000 manifestantes -entre los que se veía remeras del Che Guevara y de Mafalda- escucharon discursos de varios líderes sindicales y del PT, en tanto se divertían tomándose fotos con un gran muñeco con la cara de Lula y guantes de box. "Lula, guerrero del pueblo brasileño" gritaban de tanto en tanto, rodeados de carteles con la leyenda "Lula 2018".

A pocos kilómetros de allí, cerca de la sede del Tribunal Federal, cerca de un millar de simpatizantes de Lula montaban guardia sobre la Avenida Anita Garibaldi esperando que finalizara la declaración indagatoria del juez Moro, que comanda las investigaciones sobre el multimillonario esquema de sobornos en Petrobras. Cargaban banderas del PT y de Brasil, coreaban cánticos y consignas en contra del magistrado, de la Operación Lava Jato y también del presidente "golpista" Michel Temer.

"Con la ley de flexibilización laboral y la reforma propuesta del sistema de jubilaciones, el gobierno de Temer está buscando destruir los derechos de los trabajadores. Pero la gente está tomando conciencia y se empieza a levantar contra este régimen sostenido por el gran capital y los monopolios mediáticos", afirmó Marcio Aragão, 52, gestor ambiental.

Desde edificios vecinos, curitibanos que respaldan la operación anticorrupción Lava Jato habían desplegado banderas brasileñas en los balcones y un cartel en el que se leía "¡Fuerza, Moro! Brasil está contigo". Cada tanto, los distintos grupos cruzaban algunos gritos e insultos, pero la tensión no derivó en enfrentamientos.

A pedido del propio juez Moro, la gente que apoya la Operación Lava Jato prefirió no realizar grandes manifestaciones. Apenas hubo un encuentro frente al Museo Oscar Niemeyer, en una zona residencial de la ciudad, al que concurrió un centenar de personas.

"Nosotros no queremos violencia, somos gente de paz. No vamos a convertir Brasil en una Venezuela. Aquí confiamos en la Justicia y en que Lula acabará tras las rejas. El era el jefe de la mafia de bandidos que saqueó Petrobras y es importante que hoy tenga que enfrentar a un juez como cualquier otra persona, sin privilegios", resaltó la administradora María Helena Moura, 58.

A su lado, un gigantesco muñeco inflable con la cara de Lula y vestido de presidiario, era el centro de atención. Miembros del grupo civil Movimiento Brasil Libre repartían cintas verde y amarillas entre los autos, que sonaban sus bocinas en señal de aliento y varios llevaban calcomanías en respaldo a la Lava Jato. Con silbatos y matracas, los presentes generaban un ruido mayor al tamaño de la manifestación, mientras algunos vendedoras aprovechaban para ofrecer remeras con la imagen de Moro, escudos y hasta "pasaportes" de la "República de Curitiba", como el propio Lula alguna vez se refirió despectivamente al magistrado y el equipo de fiscales de la Operación Lava Jato.

"Los grandes empresarios y políticos de alto rango corruptos ya no disfrutan más de impunidad. Estamos haciendo historia en Brasil y me siento orgulloso. Es esencial que la gente de bien salga a apoyar los procesos judiciales. No sé si Lula es o no culpable; eso lo decidirá el juez. Pero estoy aquí para defender el principio de que ya nadie está más allá de la ley", comentó el abogado Rogelio Pinheiro, 36. (Alberto Armendáriz / La Nación)