lunes, 1 de mayo de 2017

11:30:00
Pedro Echeverría V.

1. Por primera vez en 57 años de activista –hoy 1 de mayo de 2017- no acepté acudir a una marcha del primero de mayo. Recordé que en la primera novela que leí en 1960, La Madre, de Máximo Gorki, aprendí lo que era un primero de mayo, su enorme significado, cómo se organizaba, cómo se enfrentaba a la policía. Desde entonces amé lo primeros de mayo como día de combate y jamás dejé de participar algún año en la ciudad donde estuviera. Sin embargo hoy me he puesto a meditar en lo que se han convertido porque gobiernos, empresarios y hasta políticos de “izquierda” de todo el mundo así han querido: Son cualquier marcha sin significado, con pase de lista y suspensión de labores donde se exhiben líderes espurios y se toman fotografías para los medios burgueses.

2. Para mí Primero de Mayo era un gran día de combate, por lo menos para mentarle la madre al gobierno, a los empresarios, a la explotación; cuando vivía Fidel Velázquez (falleció en 1997 después de dominar la CTM desde que nació en 1936) nos desahogábamos contra él y sus socios; hoy casi todos los líderes llevan más de 40 años y muchos se dicen “de izquierda”. ¡Qué joda nos han puesto! Pareciera que nos estamos comiendo la misma mierda que antes repudiamos. Pero así aguanté más de 50 años viendo a mis conocidos hacer lo que los odiados burgueses siempre hicieron: ocupar cargos por décadas, cobrar gigantescos salarios, vivir como grandes oligarcas. Alguien dice por aquí que al que no quiera sopa que le den dos platos.


3. En el Zócalo de la ciudad de México generalmente se hacen tres mítines: Los criminales dirigentes de la CTM a las ocho de la mañana con gigantesco acarreo; los Charritos de la CROC y pequeños sindicatos se reúnen a las 11 horas y los llamados independientes y democráticos a las cuatro o cinco de la tarde. Parece un día de fiesta, sobre todo porque es “día feriado” o de suspensión obligatoria de labores. Aquello del Primero de Mayo combativo de 1889, de la internacional socialista, de los Mártires de Chicago, terminó en remembranza histórica. Los obreros dejaron u olvidaron sus exigencias, gritos y peleas por sus derechos. Pero no podré olvidar un primero de mayo diferente que –como otros- me tocó ver de lejitos repitiendo mi labor de observación de esos acontecimientos.

4. La realidad es que no fue la “bombita molotov” que alguien arrojó en el balcón de Palacio Nacional durante aquel desfile del 1 de mayo de 1984, la que acabó con el absoluto control gubernamental de las marchas obreras. Fue el acumulado descontento de los trabajadores que ya no soportaba la política de desempleo, el control de la inflación y la austeridad radical en la inversión pública. Las numerosas huelgas obreras de los años setenta, el tradicional entreguismo de los líderes “charros”, la formación de algunas centrales seudo independientes que comenzaban a integrarse al llamado Congreso del Trabajo, fue radicalizando a los obreros más luchadores hasta llevarlos a exigir sus derechos de manera abierta y combativa. Por eso el primero de mayo de un desfile controlado se transformó en una gran protesta pública incontrolable.

5. No sé si ese año se registró el corte histórico de las manifestaciones del primero de mayo. Lo que puede decirse es que antes de 1984 los gobiernos priístas, usando a los líderes “charros” o vendidos –desde 1941 encabezados por los llamados “cinco lobitos” (Fidel Velázquez, Fernando Amilpa, Jesús Yurén, Alfonso Sánchez Madariaga y Luis Quintero)- mantuvieron un férreo control sobre la clase obrera. Tal como sucedió aquel día en que el presidente de la República, Miguel de la Madrid, inició la marcha obrera junto a varias decenas de líderes charros para luego presidir todo el desfile saludando desde los balcones del Palacio y recibiendo aplausos y agradecimientos, así sucedió por más de cincuenta años. Todas las mantas y pancartas eran para darle “gracias al señor presidente” sin asomarse ni la más mínima queja o protesta.

6. Pero, ¿Qué paso aquel mayo de 1984? El presidente era De la Madrid, pero “el poder tras el trono” era Carlos Salinas de Gortari y los poderosos empresarios. Desde la secretaría de Programación y Presupuesto se manejaba la economía del país según disposiciones que venían de los EE.UU., por medio del FMI y del BM. Silva Herzog era el secretario de Hacienda pero Salinas ordenaba las inversiones, los recortes, la austeridad y las restricciones. Para frenar las luchas y engañar a los trabajadores se otorgaban grandes aumentos de salario pero la inflación siempre fue muy superior. Mientras los pobres eran cada vez más miserables, los poderosos empresarios se hacían multimillonarios convirtiendo sus ganancias en dólares. Sin embargo la clase política estaba muy contenta y la llamada izquierda se integraba aceleradamente al poder.

7. Aquel 1 de mayo, a las 10 de la mañana el presidente De la Madrid encabezó la marcha después de izar la bandera en el asta central del Zócalo. A las 10.20 el primer mandatario estaba ya en el balcón de Palacio saludando al primer contingente. Sorpresivamente un sindicato, el de la SARH, se detuvo frente al balcón y exigió aumento salarial. El locutor pidió por el gran sonido que nadie se detenga porque “todas las demandas ya fueron tomadas en cuenta”. Empiezan algunos gritos de “huelga, huelga, huelga”, pero se dio orden de que las bandas de guerra toquen más fuerte. De pronto los petróleos en sus mantas denuncian al director de PEMEX Mario Ramón Beteta, al gobierno y a sus dirigentes. Gritaban: “País petrolero y el pueblo sin dinero”. También se exigía solución a la cooperativa Pascual.

8. Las demandas eran: aumento salarial de emergencia, alto a la carestía de la vida, control de precios y de la inflación, rechazo a los topes salariales, cumplimiento de prestaciones laborales, aplicación real de la renovación moral, solución a los conflictos de Uramex y de Pascual, reducción de la carga fiscal para los trabajadores. Las demandas obreras, como podrá verse, eran muy concretas y urgentes; pero la clase política integrada por altos funcionarios, legisladores, líderes obreros charros y dirigentes de la izquierda amaestrada, que injería bocadillos, refrescos y algunos vinos en los salones e Palacio, estaba poco atenta a lo que abajo sucedía. Hasta ese año en Palacio se celebraban convivios, así como grandes y aristocráticas fiestas, sobre todo las que se organizaban la noche del 15 de septiembre festejando la independencia nacional.

9. La manifestación se fue calentando hasta que, según los periódicos del día siguiente, pasó frente al balcón la Preparatoria Popular. Se gritaba: “No queremos goles, queremos frijoles”, “La ganancias del petróleo deben ser para la creación de fábricas”, “Por un nuevo sindicalismo” y entonaban la canción. “Venceremos, venceremos, las cadenas se habrán de romper” y que de ahí (sin de que probara) salió un bomba molotov que pronto fue apagada, pero que a los diez minutos salió otra que causó verdaderos estragos. Se publicó que las llamas de la bomba alcanzaron a Concepción Oliveira en el brazo derecho, que quien recibió el flamazo fue Alejandro Carrillo, director del ISSSTE, y que con el pantalón encendido atravesó el salón de Embajadores, que Jorge de la Vega se desmayó y que Ricardo García Sainz y Juan Miranda estaban chamuscados.

10. Se buscó culpar a los jóvenes de las combativas preparatorias populares. Se abrió una “cacería de brujas” contra los jóvenes de los CCH, pero particularmente contra esas valerosas Prepas pop que nacieron al fragor de las luchas de 1967-1968 y vivieron del boteo en las calles, en edificios viejos como el de Liverpool, Tacuba y Fresno, con profesores solidarios y apoyando las huelgas obreras de los setenta. El gobierno no pudo probar sus acusaciones. Apresó a 12 jóvenes, entre ellos dos niños, obligándolos mediante presiones a declararse culpables. No había nada que perseguir porque la culpa era de los gobiernos priístas que habían mantenido a la población en la miseria, pero particularmente la culpabilidad había que descargarla contra ese gobierno de De la Madrid-Salinas que empezaba a imponer por la fuerza el neoliberalismo privatizador.

11. Hoy tenemos sectores de la clase obrera menos sumisa. Los líderes obreros deben cuidarse un poco más para que no sean desconocidos. Aunque en varios estados de la República los líderes obreros charros siguen maniatando a los trabajadores, sobre todos donde no hay organizaciones sociales independientes, empieza a manifestarse algunas muestras de independencia. Los electricistas del SME, la CNTE, los pascuales y varios sindicatos agrupados, entre ellos los universitarios, los telefonistas y los del IMSS, han dado muchas muestras de independencia. Quizá pueda tenerse algunas esperanzas en las luchas del sindicalismo independiente de los próximos años. Pero éstas no pueden marchar aisladas de otras batallas como las de los indígenas, las del magisterio, los colonos y las confrontaciones políticas. Por un primero de mayo combativo y autónomo.

12. En muchos estados de la República –en pleno siglo XXI- donde los gobernadores ejercen un control total de los obreros, estos gobernantes suelen ponerse a la cabeza de la marcha junto a los líderes más sumisos, incondicionales y espurios; los obreros más dominados van tras ellos gritando loas al gobierno. Para mí hace muchas décadas que desaparecieron los primeros de mayo combativos. Ya las consignas que antes gritábamos junto a los puños cerrados contra la burguesía, me parecen frases muy repetitivas, religiosas o rezos. Definitivamente el primero de mayo fue secuestrado por la burguesía desde hace muchas décadas y si los luchadores sociales que lograron las ocho horas de trabajo y prestaciones resucitaran, volverían a morir de vergüenza. (1/V/17)

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