domingo, 5 de febrero de 2017

09:36:00
BANGKOK, Tailandia, 5 de febrero de 2017.- La Conferencia Episcopal de Filipinas ha emitido este domingo un duro comunicado de condena contra la 'guerra antidrogas' lanzada por el presidente, Rodrigo Duterte, en el que acusa a las autoridades de instalar un "reino del terror" en las comunidades más vulnerables de país. La operación contra las drogas, que ha supuesto más de 7,000 asesinatos de supuestos consumidores o traficantes, podría ser constitutiva de crímenes contra la Humanidad según denunció hace pocos días Amnistía Internacional en un informe donde se concluye que las comunidades pobres son las principales víctimas de las ejecuciones extrajudiciales.

Rodrigo Duterte, en un mitin en M'lang (Filipinas). (KIWI BULACLAC / EFE)

En la carta firmada por el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Socrates Villegas, los obispos expresan su "profunda preocupación por las numerosas muertes y asesinatos". "Un motivo adicional para nuestra preocupación es el reino del terror entre los pobres. Muchos no son asesinados a causa de las drogas. Aquellos que les matan no son conducidos ante la Justicia", se lee en la pastoral, incidiendo en el informe de AI que describe la 'guerra contra las drogas' como una "guerra contra los pobres".

"Otra causa de preocupación aún mayor es la indiferencia de muchos hacia este tipo de comportamientos. Se considera que es normal, o incluso peor, algo que es necesario hacer", se prosigue en un texto donde no se menciona el nombre de Rodrigo Duterte.

El texto de los obispos fue consensuado tras la reunión plenaria semestral donde 80 obispos discutieron las principales cuestiones que afectan a la Iglesia y a la sociedad filipina, país donde el 80% de la población es católica. La carta ha sido remitida a todas las iglesias, donde hoy será leída en el transcurso de la misa dominical. En la misiva, se recuerda que "cualquier acción que causa daños a otros es un pecado grave" y que "la raíz del problema de la droga y la criminalidad es la pobreza, la destrucción de la familia y la corrupción de la sociedad". En la carta, los obispos recuerdan que "la Iglesia seguirá denunciando el mal, aunque admitiendo y arrepintiéndose de sus propios errores. Lo haremos aunque esto implique que nos persigan".

Se trata de la respuesta más firme de las autoridades eclesiásticas filipinas a las palabras de Rodrigo Duterte, que hasta ahora había denunciado la "hipocresía" de la Iglesia Católica por las críticas de sacerdotes y obispos contra los asesinatos extrajudiciales amparados por su particular cruzada. El pasado 24 de enero, Duterte afirmó: "Yo os desafío ahora, desafío a la Iglesia Católica, estáis llenos de mierda y todos apestáis, a corrupción y a todo", aseguró en un discurso recogido por los medios locales.

El desafío de la Iglesia Católica era previsible, dado que el presidente populista ha multiplicado los desencuentros con la institución en los últimos años. Duterte calificó al papa Francisco de 'hijo de puta' tras una visita a Manila en noviembre de 2015; días después desveló que, cuando era un adolescente, había sufrido abusos sexuales por parte de un sacerdote, como varios de sus compañeros, en su centro educativo.

Su aversión a la Iglesia Católica le llevó en mayo del año pasado a declarar durante su polémica campaña electoral que "ya no soy miembro de la Iglesia Católica. Tengo algo nuevo. Únanse a mí en la Iglesia de Duterte". Hace pocos días, llamó a la confrontación contra aquellos sacerdotes que tienen mujeres, mantienen relaciones homosexuales, malversan fondos públicos o abusan de menores de edad.

Fin de las conversaciones de paz

La 'guerra contra las drogas' y la guerra contra los policías corruptos -el presidente ha relevado a la Policía de las operaciones antinarcóticos tras desvelarse la participación de agentes en extorsiones, secuestros y asesinatos- no son los únicos frentes abiertos de Duterte en Filipinas. El presidente y antiguo alcalde de Davao ha puesto fin a las conversaciones de paz con la guerrilla maoísta del Nuevo Ejército del Pueblo (NPA, por sus siglas en inglés) después de que la semana pasada la organización armada decidiera cancelar de forma unilateral el alto el fuego que decretó seis meses atrás, en denuncia de la reanudación de las actividades militares contra sus miembros.

El sábado, el líder filipino decretó en respuesta la misma medida -el fin del alto el fuego decretado por el Gobierno para facilitar las conversaciones de paz, que fueron retomadas después de que ganara las elecciones, el pasado junio- y hoy declaró en una entrevista que ha retirado a su comité negociador de la mesa negociadora. "Acabo de dar la orden al equipo filipino que plieguen sus tiendas y regresen a casa", afirmó Duterte. El comité gubernamental filipino, encabezado por el asesor presidencial para el proceso de paz Jesús Dureza, estaba enfrascado en las negociaciones que han tenido lugar hasta la fecha en Noruega, país facilitador del proceso de paz. "He intentado todo. Como podéis ver, he liberado presos, he excarcelado a sus líderes para que pudieran ir a Oslo a negociar... Que nadie diga que no hice lo que pude", dijo Duterte.

Los enfrentamientos provocados por el NPA, guerrilla formada en 1969, han provocado entre 30.000 y 40.000 muertos en este medio siglo de actividad. Los intentos, hasta ahora infructuosos, para alcanzar una paz sólida datan de 1987. Los maoístas anularon su alto el fuego tras una operación militar que dejó a un combatiente muerto y que inició una serie de enfrentamientos que se ha traducido en el final de las negociaciones. "He dicho a los soldados que regresen a sus campamentos, que limpien sus armas y se preparen para una larga lucha", añadió Duterte. "Me gustaría decir a los filipinos que la paz con los comunistas podría no llegar durante esta generación", concluyó. (Mónica G. Prieto / El Mundo)