jueves, 6 de noviembre de 2014

01:23:00
PARÍS, 6 de noviembre.- ¿Una organización terrorista podría estar preparando un ataque contra una de las centrales nucleares francesas? La hipótesis, aunque parezca descabellada, preocupa actualmente a la fuerza aérea, al Ministerio del Interior y a los servicios de inteligencia franceses.

Esa perspectiva comenzó a ser examinada con extrema inquietud a partir del 5 de octubre, después de que aviones teledirigidos (drones) de origen desconocido empezaran a sobrevolar, sobre todo de noche, las centrales nucleares de todo el país. Francia tiene en total 19 plantas nucleares en actividad con 58 reactores en funcionamiento, todos explotados por la empresa Electricidad de Francia (EDF).

Planta nuclear Golfech. (Reuters)

La presencia de esos drones fue percibida en 13 de las 19 centrales. También hubo vuelos sobre un centro de investigaciones de la Comisión de Energía Atómica en Saclay.


A pesar de que el gobierno creó una comisión de investigación y sus miembros repiten desde entonces que esos sobrevuelos no representan ningún peligro serio, es legítimo que los servicios de contraespionaje teman que una organización terrorista pueda estar preparando una acción contra alguna central.

"El conjunto de los servicios del Estado responsables de la seguridad están movilizados para identificar a los responsables y poner punto final", indicó un comunicado del Secretariado General de Defensa y Seguridad Nacionales (Sgdsn).

Pero un espeso misterio se instaló no sólo en torno a la identidad de los autores de los sobrevuelos, sino sobre las medidas concretas que las autoridades tomaron al respecto.

"No tenemos ninguna pista", reconoció la ministra de la Ecología y la Energía, Segolène Royal.

"Los gendarmes que controlan las centrales tienen orden de abatir toda aeronave que pueda representar un peligro, y esto incluye a los drones", dijo anteayer un consejero del primer ministro Manuel Valls.

"No se han impartido órdenes de disparar contra esos objetos, ya que no representan realmente un peligro", dijo otro de sus consejeros.

Esos propósitos erizan a los militantes ecologistas. "Pero, ¡estamos soñando! El gobierno no puede repetir que las centrales nucleares francesas pueden resistir a la caída de un avión. Es falso. Las piscinas donde se hayan instalados los combustibles radiactivos son el punto más vulnerable, porque no están construidas en un edificio de cemento armado", se indignó Yannick Rousselet, responsable de campaña de Greenpeace.

"Si una de esas piscinas resulta dañada y se escapa el agua que contiene, como sucedió en Fukushima, hay que poder mantener esos combustibles bajo el agua. "Ahí reside el riesgo mayor", precisó Rousselet.

Inicialmente sospechada de proyectar una acción espectacular de carácter publicitario, la organización ecologista desmintió formalmente toda responsabilidad en esos episodios. En mayo de 2012, un militante de la OGN había filmado desde un drone a uno de sus militantes mientras sobrevolaba con un parapente a motor la central de Bugey. El objetivo de esa operación era alertar a las autoridades sobre la "vulnerabilidad" de las instalaciones nucleares.

En su declaración del jueves pasado, Greenpeace incluso informó que sus servicios de monitoreo de seguridad nuclear habían registrado los sobrevuelos. Las fechas y lugares comunicados por la ONG coinciden con las denuncias que recibieron las fuerzas de seguridad alertadas por EDF. La organización advirtió incluso que en un mismo día, el 19 de octubre, hubo cuatro vuelos casi simultáneos en sitios diferentes y considerablemente alejados entre sí, lo que "parece demostrar la existencia de una operación de gran envergadura".

La reglamentación aeronáutica impide el sobrevuelo de las centrales nucleares en un perímetro de cinco kilómetros a la redonda y a menos de 1000 metros de altitud.

Los servicios de protección de las instalaciones determinaron que los drones detectados en los últimos días son modelos reducidos, que se encuentran "en venta libre en cualquier comercio especializado". La fuerza aérea estimó por eso que se puede considerar que no existe una amenaza contra las instalaciones.

Los servicios de seguridad, mucho más prudentes, tienen otra interpretación: temen que esos sobrevuelos puedan indicar el desarrollo de preparativos para un eventual ataque terrorista. El grupo jihadista Estado Islámico (EI) demostró que domina la técnica de drones rudimentarios. Recientemente los utilizó para filmar las posiciones de sus enemigos en Siria e Irak.

Esos aviones sin piloto de escasas dimensiones pueden llevar cargas de varios kilos, lo que permitiría transportar un artefacto explosivo. Ésa es la hipótesis -en verdad la pesadilla- que tratan de prevenir los servicios de seguridad. (LUISA CORRADINI / La Nación)