jueves, 6 de noviembre de 2014

20:50:00
Eduardo Ibarra Aguirre / Utopía 1465 / 7-XI-14

La convocatoria presidencial a “las fuerzas políticas y la sociedad” para suscribir un pacto por la seguridad pública es una iniciativa plausible en la grave coyuntura que vive el país tras las masacres de Iguala, Guerrero (amén del secuestro y la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa), y Tlatlaya, estado de México, pero con limitaciones que es preciso subrayar antes de que sea un hecho consumado.

El país necesita más que nunca una política de Estado frente al que parece un desbordamiento del crimen organizado y la corroboración a la luz del día de que autoridades de los tres órdenes de gobierno y dirigentes de los partidos más votados, están involucrados con los corporativos criminales.


La iniciativa de Enrique Peña Nieto, sin embargo, fue anunciada sin cuidar las formas, como una propuestas más, dentro de una ceremonia en Palacio Nacional, el día 4, para presentar los 25 reglamentos derivados de la reforma energética, tras el rechazo por la Suprema Corte de la propuesta del Partido de la Revolución Democrática y la del Movimiento de Regeneración Nacional para realizar una consulta ciudadana sobre la reforma energética.


Es cierto que también rechazó la propuesta por Acción Nacional sobre el salario y la del Revolucionario Institucional sobre limitar el número de diputados plurinominales. Queda claro que se trató de un escenario prefabricado para que la Suprema aparezca justa porque negó a los cuatro partidos las consultas “por anticonstitucionales”, y así disminuir el costo político que pagarán los funcionarios mejor pagados del país y del mundo judicial en toda la aldea.

Revela falta de sensibilidad utilizar el mismo acto oficial para propósitos tan disímbolos, uno que divide, confronta al país, como es el tema de la reforma energética que rechaza la mayoría de los mexicanos, según todas las encuestas; y otro en el que es indispensable la suma de los actores políticos, agentes económicos y sociales para que tenga éxito.

La convocatoria del titular del Ejecutivo es un reconocimiento implícito de las serias insuficiencias, por no escribir fracaso, de las políticas de seguridad pública que ayer y hoy tienen como denominador común: 1) Privilegiar los intereses y necesidades del gobierno y de los consumidores estadunidenses. 2) Subrayar el carácter punitivo del consumo, comercialización y trasiego allende nuestras fronteras de los narcóticos ilícitos, porque los hay lícitos y hacen tanto o más daño a la salud que los primeros. 3) La inmediatez de la acción gubernamental. 4) La subestimación de las graves consecuencias que generan los operativos. 5) El sacrificio de innúmeras vidas con las políticas de descabezamiento de los corporativos criminales. Esta política cubre medio siglo de “descabezamientos” sin que disminuya el trasiego de narcóticos y crece el consumo en México.

Como aquí fue anticipado, los gravísimos hechos de Iguala evidenciaron la quiebra de la política anticrimen que, en esencia, es la misma que aplicó el presunto genocida (ante la Corte Penal Internacional) Felipe Calderón.

Sin que la sociedad o sus representaciones sobre todo sociales pero también las políticas e institucionales, asuman como propia la política de seguridad pública, para lo cual es indispensable que intervengan en su diseño, el grupo gobernante mantendrá al país en el círculo vicioso del que no sale desde la Operación Cóndor de los años 70 del siglo pasado.

Finalmente, el alemán que llevo dentro me ganó la primera partida digna de consignar, olvidé corregir y enviar el texto del miércoles 5.

Acuse de recibo

“Mover a México, significa definir una estrategia de desarrollo avalada por la sociedad, por los agentes del mercado para a partir de ella realizar las reformas necesarias para alcanzar las metas anuales, sexenales y a largo plazo Y dentro de éstas, reformar el sistema de educación para crear los cuadros técnicos y profesionales necesarios para materializar dicha estrategia, en la cual ningún mexicano con formación profesional esté fuera del mercado laboral, sino por el contrario, incorporar a los profesionales con mayor experiencia y formación a la enseñanza universitaria. Pero Mover a México, es sólo un eslogan, una consigna hueca, (…) la cual se burla de la mayoría de los mexicanos y de su nivel de vida actual (…) Lo peor de todo es que los acontecimientos en Iguala, Guerrero, han puesto en su verdadera dimensión la realidad de México en el plano internacional, por lo cual, si la inversión extranjera cayó en 66% en el primer semestre de 2014 respecto a 2013, no podemos esperar que ésta crezca en 2015 y permita impulsar el crecimiento y el empleo como desea el gobierno”. Lo anterior apunta el economista José Luis Ortiz Santillán sobre Un diálogo que apenas comienza (31-X-14)… De la médica Abigail Bello. “Qué aguda la Utopía: Correcciones a la estrategia anticrimen (3-XI-14). El planteamiento es muy inteligente cuando se lee entre líneas”. 

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