martes, 18 de abril de 2017

11:49:00
Carlos Loret de Mola Álvarez / 18-IV-17

La desaparición de Javier Duarte dejó el sabor de que el gobierno lo había dejado ir. Resultaba increíble que no lo hubieran seguido, que no le hubieran “puesto cola”, cuando se veía venir que el gobernador de Veracruz terminaría en problemas con la justicia.

Tomado ese pulso público, en las altas esferas del gobierno federal llegaron a la conclusión de que sería muy bueno aprehenderlo antes de las elecciones de junio, cuando se renuevan las gubernaturas del Estado de México, Coahuila y Nayarit. Consideraron que su detención restaría fuerza a las acusaciones contra el PRI por corrupción y daría discurso de defensa al régimen y a su partido: que si bien Duarte abusó, ya está preso.

Según fuentes federales de inteligencia, a las que tuve acceso en distintos momentos de su investigación sobre el paradero del exmandatario, se les complicó encontrarlo porque Duarte no usaba teléfonos celulares ni cuentas de Internet que le tuvieran detectadas, permanecía casi incomunicado y sólo podían deducir su paradero a partir de los seguimientos a sus familiares, abogados y colaboradores.

En la urgencia por encontrarlo, la familia de Karime Macías, la controvertida esposa de Duarte, recibió una oferta del gobierno: que no irían contra ella ni su familia si les decían dónde estaba el exgobernador.

Por eso sorprendió en muchos sectores de la opinión pública la narrativa del gabinete de Seguridad sobre su captura: sus hijos viajando con la familia de la mamá en vuelo privado desde el aeropuerto de Toluca, oficializando en la documentación sus nombres y destino, hospedándose en un hotel turístico, visible...

Ello ha despertado la sospecha de que Duarte se entregó y no se sabe a cambio de qué. O bien que "lo puso" su esposa o su familia a cambio de que no fueran perseguidos, dado que la PGR ha aclarado que no tiene nada contra Karime y los de su lado, cuando se había hablado de que estaba metida hasta en lavado de dinero.

Ayer que lo entrevisté, el subrocurador Alberto Elías Beltrán negó que la aprehensión se haya negociado. Insistió en que fue fruto de las labores de inteligencia federales. El expediente que comparten autoridades mexicanas y guatemaltecas, revelado ayer en estas Historias de Reportero, describe que la localización de Duarte se dio gracias a que estaban siguiendo a la familia de Karime (que viajó a Guatemala por las vacaciones de los niños Duarte Macías, a quienes tenían bajo su cuidado desde octubre) y a que vigilaban al hombre que servía como mensajero del político veracruzano, Nelson Benito Chacalac, a quien habían encargado organizar la reunión en el hotel La Riviera de Atitlán.

Saciamorbos. Quizá muchas dudas y sospechas quedarán claras con el tiempo. A ver qué dice Duarte en sus declaraciones. Y qué no dice. Qué pasa con Karime Macías y los suyos. Qué sucede con el primer círculo de colaboradores de Duarte y con el despacho de ricos jóvenes abogados que, según fuentes oficiales, fue contratado por el ex mandatario para organizar su evasión de la justicia.

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