lunes, 15 de diciembre de 2014

22:44:00
DRESDE, Alemania, 15 de diciembre de 2014.- El mercado de Navidad junto a la Frauenkirche en Dresde, abarrotado por estas fechas, está hoy casi vacío. "Temen que pueda haber bronca, porque la manifestación Pegida sale a las seis y media y a la misma hora hay otras dos manifestaciones anti Pegida a los dos lados del Elba", explica señalando el río un vendedor de Glühwein mientras sirve un par de tazas calientes de vino especiado.

"No son más que gente pacífica que sale a la calle para decir lo que piensa, que es lo mismo que piensan los políticos pero que no se atreven a decir", añade desdramatizando las protestas. Pero la tensión anti extranjeros parece haberse apoderado del Adviento alemán, como si este año, en lugar de San Nicolás, un diabólico Krampusz hubiese llegado cargadito de ramas de abedul doradas para castigar a quienes, supuestamente, están alterando el orden social alemán.

Unas 15,000 personas respondieron el lunes al llamado de Pegida ("europeos patrióticos contra la islamización de Occidente") en la novena protesta de la agrupación, que va sumando adeptos. (AFP)

Siguiendo a la multitud, a lo largo de la Haupstrasse, se encuentra la concentración de los "Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente", abreviado "Pegida". Un policía local desaconseja extraoficialmente identificarse como periodista extranjero para hacer entrevistas a los manifestantes e incluso realizar este trabajo en solitario, sugiriendo que nos "incrustemos" en un equipo de televisión alemana "bien identificado".

El comentario da a la misión cierto aire de periodismo de guerra, pero el olor a azúcar y canela de los cercanos puestos navideños desinfla las ínfulas bélicas y trasporta más bien en el tiempo, 25 años atrás, cuando por estas mismas calles, a punto de caer el Muro de Berlín, desfilaba cada lunes la lucha civil por la libertad, gritando la consigna: 'Wir sind das Volk' ("Nosotros somos el pueblo"). El movimiento Pegida parece querer puntualizar que "Nosotros, y solo nosotros, somos el pueblo".

"¡Fuera el gobierno belicista! ¡Alemania fuera de la OTAN!". (AFP)

Lutz Bachmann, jefe del movimiento Pegida, habló en Dresde frente a miles de personas. Pide ser más estricto para aceptar a los solicitantes de asilo. (AFP)

"¡Pacíficos y unidos contra la guerra de religiones en suelo alemán!". (Reuters)

"Bautzen ocupada": Los manifestantes consideran que sus ciudades se enfrentan a una "ocupación" por parte de los inmigrantes. (DPA)

"Se trata de llamar a las cosas por su nombre. Todo el mundo es tolerante hasta que le montan un albergue de refugiados a la puerta de casa. Eso no lo queremos ¿verdad?", se defiende una señora de unos 50 años que no quiere decir su nombre y que explica así el significado de su pancarta: "No dejaremos que abusen de nosotros". "Aquí no cabe tanto extranjero", dice la que lleva su compañero, aproximadamente de la misma edad y que se refiere en su caso a que "mucha gente que no tiene trabajo en su país se viene aquí a vivir de la ayuda social, como si aquí sobrase, mientras en este país se viven situaciones de mucha pobreza y hay muchos ancianos jubilados que no llegan a final de mes", se queja.

Alemania recibió cerca de 400,000 inmigrantes en 2012, último año del que la OCDE tiene datos completos. A eso hay que sumar las 200,000 peticiones de asilo que el país recibe anualmente desde Siria, Irak y alrededores, que desbordan la capacidad de acogida de muchos municipios. Pero si Pegida ha hecho saltar las alarmas en Berlín no es por esgrimir reivindicaciones de racionalización, a las que ya se ha adelantado el Gobierno Angela Merkel haciendo enormes concesiones presupuestarias y de principios: ha repartido 1.000 millones de euros en ayudas e incluso ha legalizado la expulsión de ciudadanos europeos que lleven 6 meses en el país sin encontrar trabajo, en un preocupante alarde de lo mucho que puede llegar a empequeñecer su europeísmo la gran coalición alemana.

No, lo que realmente preocupa es el carácter abiertamente anti islamista y xenófobo de corte neonazi que exhiben estas protestas, como no se veía en este país desde la II Guerra Mundial. "Libre social y nacional", gritan los manifestantes. "Prensa mentirosa, partidle la boca", responden en forma de rima a las preguntas. En la cabeza de manifestación marcha el presidente regional de los anti euro de Alternative für Deutschland (AfD), Alexander Gauland, pero en la cola marchan desencantados de todos los colores políticos.

La policía da la cifra oficial de 10,000 manifestantes, los organizadores dicen 15,000, mientras la marcha se disuelve sin incidentes en la Plaza de Estrasburgo. Uno de los líderes del movimiento, Lutz Bachmann, ha hecho un discurso de apenas cinco minutos, en el que ha llamado "traidores al pueblo" a las autoridades alemanas y europeas. Se ha despedido convocando a una nueva marcha el próximo lunes contra la "sobre extranjerización de Alemania" y deseando a todos "una feliz Navidad".

¿Quiénes son los extremistas de la Pegida?

El movimiento Pegida ("Patriotischen Europäer gegen die Islamisierung des Abendlandes") surge como reacción a la llegada de refugiados de Siria, 200,000 solicitudes solo en 2014. Se alimenta de un creciente rechazo a la inmigración descontrolada y aglutina voto protesta de lo más variopinto. Las primeras grandes manifestaciones tuvieron lugar en octubre y la más llamativa tuvo lugar en Colonia, donde hinchas de la Bundesliga sorprendieron a la opinión pública alemana marchando con pancartas en las que se leía: "Hooligans contra salafistas". En una noche de disturbios callejeros, aproximadamente 4,000 hinchas violentos, neonazis y espontáneos de todo pelaje, desbordaron la capacidad policial. Se hacían llamar "Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente", abreviado Pegida. En unos meses han congregado a unas 10,000 personas en Dresde, haciendo saltar las alarmas en Berlín. El ministro de Justicia, Haiko Maas, dijo ayer que Pegida es "una vergüenza" para Alemania e incluso la canciller Merkel motivando incluso a la canciller Merkel intervino, subrayando que "en Alemania no debe haber espacio para la difamación de creyentes de cualquier religión y que no debe haber espacio para la islamofobia". (Rosalía Sánchez / El Mundo / Spiegel)