miércoles, 18 de julio de 2018

15:56:00
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José Repetto

No depende nuestro destino de si se queda o se va Luis Felipe Saidén Ojeda de la Secretaría de Seguridad Pública, la cual ha dirigido ininterrumpidamente por casi 11 años. 


Saidén puede ser un buen policía, nadie discute su experiencia, incluso una buena persona, pero quienes le rodean no lo son. Ciertamente no merece el crédito exclusivo por la tranquilidad en Yucatán, pues somos una sociedad, en su mayoría, integrada por gente pacífica y civilizada, a diferencia de buena parte del resto del país.

Lo positivo de que Saidén abandonara el cargo sería que se fueran sus hombres más cercanos para así limpiar a la policía del estado.

Es absurdo y me atrevo a decir servil y arrastrado afirmar que la seguridad y tranquilidad que hay en Yucatán es gracias a él. Quienes salen a hacerle la barba a Saidén sin duda intentan proteger algún interés personal o de grupo. Fue vergonzo ver hace unos años a un pariente escribir (curiosamente antes de su muerte por causas naturales, buen legado) un artículo zalamero adulando a Saidén Ojeda en esos términos.

La realidad es que buena parte de los policías son groseros, corruptos, prepotentes, ignorantes, sin la menor educación y sentido común. Esto aplica no sólo para los estatales sino también para los de Mérida y otras localidades. No han hecho nada por Mérida y Yucatán. Por supuesto esto no lo notan los altos burócratas ni los empresarios de élite, a quienes los agentes dan "trato VIP". Lo notamos los habitantes del resto de la ciudad y el estado en nuestras interacciones con ellos. Somos los que los llaman y no reciben apoyo sino intransigencia, si es que llegan. Somos los que son parados e intimidados sin motivo alguno. Somos los "sospechosos", los "ciudadanos de segunda".

En 2008, con el pretexto del hallazgo de varios narcos decapitados en Mérida y Buctzotz, la recién creada Secretaría de Seguridad Pública SSP (antes Secretaría de Protección y Vialidad SPV) implementó la medida ilegal e inconstitucional de instalar retenes de revisión "de rutina" donde se discrimina a la gente por su apariencia, estatus socioeconómico y lugar de procedencia. Esto pasó durante el gobierno de Ivonne Ortega Pacheco, el más repudiado en la entidad en tiempos recientes.

También es común que la policía "cace", hasta la fecha, a vehículos de otros estados.

Es vergonzosa la manera en la que muchos abogados no sólo no censuran la práctica sino que, sabiendo que es ilegal, la aplauden y se hacen cómplices. Entre éstos podemos nombrar a Melba Méndez Fernández, entonces presidenta del Colegio de Abogados de Yucatán, quien servilmente salió a defender la medida.

Por su parte, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (Codhey) ha mostrado total servilismo y silencio cómplice ante los abusos y arbitrariedades de los agentes de la SSP, los cuales fueron más intensos en esa época. No sólo no se opusieron a la medida de los retenes sino que en más de una ocasión, al anunciar que la policía encabeza las quejas recibidas por la Comisión año tras año, aclaran lacayunamente y en clara defensa que esto se debe a que son quienes más interactúan con la ciudadanía.

La Codhey, sabe cualquiera que haya acudido a ella, siempre busca la conciliación con tal de no investigar las quejas y solapar los abusos de la autoridad.

La supuesta sociedad civil ha guardado silencio cómplice. Por supuesto, está más ocupada buscando la supresión de derechos para las minorías, como hace la agrupación de odio denominada irónicamente "Red Pro Yucatán".

Indefensos y sin apoyo, varios ciudadanos colaboraron (y algunos lo hacen hasta la fecha) con la cuenta de Twitter @retenesmerida, que difunde la ubicación de los retenes con el fin de que los guiadores puedan evitar pasar por éstos.

En todo caso, Saidén ya estuvo al frente de la SSP más de una década (y antes, durante el segundo gobierno de Víctor Cervera Pacheco). Tal vez sea hora de un cambio, de una nueva visión más joven, moderna y sensible al tema de los derechos humanos y de paso de "limpiar la casa". El mundo no se acaba porque un funcionario abandone su cargo.

1 comentarios:

William Valdez dijo...

Hay mucho que limpiar y aclarar en la SSP, y se debe de nombrar un Auditor ciudadano (Que no dependa del Srio de la SSP) que sea el enlace entre la ciudadanía y la SSP para recibir las quejas y darles seguimiento a las respuestas, este auditor será nombrado por la ciudadanía, Cámaras Empresariales y Organizaciones civiles, para evitar ser juez y parte. Actualmente las quejas de la ciudadanía no proceden y si proceden son a modo para evitar involucrar a los altos mandos.
Hay que capacitar en serio a todo el personal, incluyendo a los policías municipales, actualmente todo a sido un engañó. En fin bienvenido el cambio.