sábado, 13 de mayo de 2017

18:04:00
BARCELONA, 13 de mayo de 2017.- Salvador Sobral ha dejado a media Europa sin palabras. Primero por su delicadeza a la hora de interpretar la canción que representará a Portugal en Eurovisión 2017 y que lleva por título Amar pelos dois. Y segundo porque su delicado estado de salud no le ha permitido ni realizar los ensayos como estaban previstos inicialmente.

Este joven estudiante de psicología, cuya pasión es la música, recaló en el el Taller dels Músics de Barcelona pero también se ha formado en Estados Unidos y los expertos aseguran que su puesta en escena, sencilla y sin ningún tipo de artificios, es lo que le confiere la grandeza que Portugal ansía en Eurovisión desde hace años.

"Vivimos en un mundo de música muy comercial, de usar y tirar. La música no es algo artificial, es sentimiento, y así hay que entenderla", dice Salvador Sobral sobre el escenario de Eurovisión tras ganar el festival

Portugal ganó el voto del jurado. Portugal ganó el voto del público. Portugal consigue el micrófono de cristal de Eurovisión por primera vez desde su primera participación en 1964.

Salvador Sobral , representante de Portugal en Eurovisión 2017 (Tatyana Zenkovich / EFE)

Portugal ha ganado la 62ª edición del Festival de Eurovisión con un total de 758 puntos, 373 de los cuales han sido otorgados por los espectadores. Bulgaria ha quedado segunda. España ha quedado en la última posición de la clasificación general, con una suma total de 5 puntos, recibidos íntegramente del televoto.

Kiev (Ucrania) acogió la 62ª edición del Festival de Eurovisión.

No le gustaba ninguna de las canciones del festival, con la excepción de la del italiano Francesco, Occidentali's Karma. "Es festivalera, pero superdivertida, con una letra inteligente, superirónica; es la única con la que me identifico". A Sobral le gusta también, claro, la de su hermana. "Es una canción que no me compromete como artista; bonita, sencilla, que podría interpretar en mis actuaciones o incluir en mis discos".

El portugués es un cantante de jazz que solo el pasado año publicó su primer disco, Escuse me, que nadie quiso. "Las radios quieren ahora mi música que antes no querían, los auditorios tienen fechas libres que antes no tenían y mi disco está entre los más vendidos". En Escuse me canta casi todo en inglés y español. "Adoro cantar en español, no sé por qué; no sé si en alguna vida anterior fui español o latinoamericano. Es supermusical, admiro a muchos artistas de allá".

Salvador Sobral era, desde los cuatro años, el niño que cantaba en las fiestas, pero profesionalmente quería ser psicólogo deportivo; por tal motivo se fue de Erasmus de Lisboa a Palma de Mallorca a estudiar un año con Alex García. Estudiaba de día y cantaba esporádicamente de noche, hasta que empezó a encadenar bolos diarios de a cien euros. Demasiada tentación para seguir con la psicología. De Palma saltó a Barcelona para ingresar en una escuela de música, donde aprendió a componer, a entrenar el oído y la historia del jazz, su pasión. "El jazz es como la vida, un diálogo, una conversación constante, en lugar de entre personas, entre instrumentos; y, como la vida, tiene constantes sorpresas".

Sus actuaciones son siempre diferentes; las interpretaciones de las canciones, de Ray Charles a Rui Veloso, y, por su puesto, Chet Baker nunca se repiten, por eso, previendo lo peor, su hermana le obligó a que interpretara siempre de la misma forma Amar pelos dois, al menos hasta que pasara Eurovisión.

Sus movimientos espasmódicos atraen la atención del público sin necesidad de otros oropeles; sale con una chaqueta tres tallas grande y, calculadamente, despeinado, y con sus primeras palabras, el público se le queda enganchado. "Soy el vehículo emocional de la canción. No solo la voz o la música, también los movimientos corporales ayudan a transmitir y a comunicar con el público", explicaba a RTP tras ganar el festival portugués.

La pasión que tiene por la música, por el jazz, solo la comparte con el cine y, sobre todo, con el fútbol. Es benfiquista de corazón, aunque no le gusta la industria y la violencia que hay alrededor del fútbol. "El fútbol, bien practicado, es una forma de arte; aún así, me gustaría que algo del dinero que mueve se dedicara a la cultura". (La Vanguardia / El País)