domingo, 16 de abril de 2017

23:04:00
DETROIT, Michigan, 16 de abril de 2017.- El inmigrante mexicano Mario Hernández de la Cruz, quien residía desde hace casi 20 años en Detroit, Michigan, fue deportado a México, a pesar de nunca haber incurrido en un delito en Estados Unidos y pese a tener apoyo de diversas organizaciones comunitarias.

Agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) de Estados Unidos se aseguraron la víspera que Hernández de la Cruz acatara las órdenes de un juez de inmigración y adquiriera un boleto de avión para salir del país y regresar a México.

En declaraciones este sábado al diario Detroit Free Press, Hernández de la Cruz dijo que llegó a Cancún, en el estado mexicano de Quintana Roo, donde vivirá con su hermana, y resaltó que extraña a su familia, formada por su esposa y sus tres hijas, con quienes vivía en el suroeste de Detroit.

Diana Hernández besa a su papá, Mario Hernández. (Detroit Free Press)

"Me siento mal ahora (...) dejar a mi familia y a mis hijos, no es fácil. Mi plan es quedarme en Cancún", indicó.

Hernández de la Cruz, de 44 años, es originario de Chiapas y en 1998 cruzó la frontera de manera ilegal hacia Estados Unidos, acompañado de su esposa y su hija de cuatro años.

En Estados Unidos, Hernández de la Cruz inició su propio negocio de instalación de alfombras, pagó impuestos cada año, contribuyó a una iglesia pentecostal a la que asistía y apoyó a una familia.

El inmigrante mexicano siguió con sus actividades habituales, hasta que un día de 2008 un encuentro le cambió la vida: un agente de la policía local en Port Huron, Michigan, lo detuvo argumentado que traía roto el parabrisas de su automóvil.

Sin embargo, Hernández de la Cruz asegura que el policía lo siguió y lo detuvo por su aspecto latino, y que dijo: "te miré tres veces y pareces mexicano, así que necesito que me muestres documentación".

Comparecencia

El policía contactó a autoridades migratorias y Hernández de la Cruz recibió un aviso para que compareciera en una corte de inmigración. Sus abogados le pidieron a los funcionarios que dejaran quedarse a su cliente, ya que su vida y la de su familia sufrirían grandes daños si fuera deportado.

En 2012, un juez de inmigración en Detroit negó su solicitud de permanecer en Estados Unidos diciendo que sus abogados no demostraron que su familia tendría dificultades excepcionales o inusuales si fuese deportado.

Hernández de la Cruz apeló la decisión, pero ésta le fue negada en 2014. Sin embargo, se le permitió permanecer en Estados Unidos temporalmente, por lo que sólo debía hacer visitas cada mes o dos a la oficina de ICE en Detroit.

Mario con su esposa y sus tres hijas, de quienes se ve separado. Vivirá con su hermana en Cancún. (Detroit Free Press)

Mario Hernández reza el 28 de marzo. (Detroit Free Press)

Protesta de la familia frente a la oficina de inmigración.

Sin embargo, eso cambió el mes pasado cuando la oficina de ICE le notificó que tenía que dejar Estados Unidos en sólo unas semanas, por lo que debía comprar un boleto de avión a México.

En el pasado, los casos como el de Hernández no eran una prioridad para la deportación, pero eso cambió en enero pasado después de que Donald Trump asumiera la Presidencia de Estados Unidos.

Hernández de la Cruz manifestó que espera regresar a Estados Unidos, donde lo esperan su esposa y sus tres hijas, una de ellas de 23 de edad e indocumentada beneficiada por el Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) y otras dos hijas, de 16 y 12 años, nacidas en Estados Unidos. (Vanguardia)