domingo, 16 de abril de 2017

08:10:00
EL VATICANO, 16 de abril de 2017.- En la homilía pronunciada en la Misa de la Pascua de Resurrección, en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el Papa Francisco destacó que Jesús resucitado es “la piedra descartada que se convirtió en fundamento de nuestra existencia”, y destacó que la resurrección da sentido a los sufrimientos.

El Santo Padre se preguntó: “¿cómo es posible que si Jesús ha resucitado sucedan tantas desgracias: enfermedades, tráfico de personas, guerras, destrucción, mutilaciones, venganzas, odio? ¿Dónde está el Señor?”.

En la homilía, el Pontífice recordó cómo tras la cruz vino la confusión entre los discípulos de Jesús. “Tenían el corazón cerrado. Pasaron toda la jornada encerrados en el cenáculo porque tenían miedo de que les pasara a ellos lo que le pasó a Jesús. Sentían la tristeza de una derrota. El maestro, su maestro, aquel que tanto amaban había sido ajusticiado y muerto, y de la muerte no se regresa. Esta es la derrota, este es el camino de la derrota, el camino hacia el sepulcro”.

“Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia”, señaló el Santo Padre. (AFP)

Pero inmediatamente llegó la alegría, pues cuando acuden al sepulcro lo encuentran vacío y “el ángel les dice: ‘no está aquí, ha resucitado’. Es el primer anuncio. La Iglesia no deja de decir que, ante nuestros fracasos, ante nuestros corazones cerrados, ‘detente, el Señor ha resucitado’”.

Francisco relató una conversación con un joven enfermo, a partir de la cual reflexionó sobre el sentido del sufrimiento en el mundo.

“Ayer llamé por teléfono a un joven con una enfermedad grave. Se trata de un joven culto, un ingeniero. Hablando con él, para dar un signo de fe, le dije: ‘no hay explicación para lo que te sucede. Mira a Jesús en la cruz. Mira lo que hizo Dios con su hijo. No hay otra explicación’. Y él contestó: ‘Sí, pero a Él se lo pidieron, y dijo que sí. Sin embargo, a mí nadie me ha preguntado si quería esta cruz, y yo no he dicho que sí’”.

El Papa mostró comprensión ante las palabras de este joven: “a ninguno de nosotros nos han preguntado si estamos dispuestos a ir adelante con nuestra cruz, y sin embargo tenemos que portarla. Y entonces la fe en Jesús se viene abajo”.

En el mensaje pidió “que se construyan puentes de diálogo, perseverando en la lucha contra la plaga de la corrupción y en la búsqueda de válidas soluciones pacíficas ante las controversias, para el progreso y la consolidación de las instituciones democráticas, en el pleno respeto del estado de derecho”. (AP)

“Por eso la Iglesia continúa diciendo: ‘¡Jesús ha resucitado!’. Y esto no es una fantasía, la resurrección de Jesús no es solo una fiesta con muchas flores. Es mucho más: es el misterio de la piedra que fue descartada y que se convirtió en el fundamento de nuestra existencia”.

Para el Obispo de Roma, la resurrección de Cristo demuestra la mentira existente en la cultura del usar y tirar en la que, lo que aparentemente no sirve, de descarta. La resurrección de Cristo “significa que, en esta cultura del descarte en la que lo que no sirve toma el camino del ‘usa y tira’ y acaba descartado, lo que no sirve termina siendo, en realidad, fuente de vida”.

“También nosotros, en esta tierra de dolor, de tragedia, con la fe en Cristo resucitado, tenemos un sentido”, señaló. “En medio de tanta calamidad hay un horizonte: está la vida, está la gloria. Es la cruz con esta ambivalencia. Mira adelante. No te cierres. Tú, pequeña piedra, tienes un sentido en la vida porque eres una piedra tomada de aquella gran piedra que la maldad del pecado ha descartado”.

El Papa Francisco durante la Misa de Pascua de Resurrección. / (Lucía Ballester / ACI Prensa)

Por lo tanto, “¿qué nos dice la Iglesia hoy ante tantas tragedias? Simplemente esto: la piedra descartada no resulta descartada. Las ‘piedritas’ que creen y se prenden de esa piedra, no terminan descartados. Tienen un sentido”.

“Con este sentimiento la Iglesia repite desde dentro del corazón: ‘¡Cristo ha resucitado’. Pensemos un poco cada uno de nosotros en los problemas cotidianos, en las enfermedades que hemos vivido nosotros o alguno de nuestros parientes. Pensemos en las guerras, en las tragedias humanas. Simplemente, con voz humilde, sin flores, sólo delante de Dios, delante de nosotros mismos: ‘No entiendo esto, pero estoy seguro de que Cristo ha resucitado, y yo apuesto por ello’”.

El Papa concluyó con una petición a todos los congregados en la Plaza de San Pedro, que siguieron la Misa bajo una fuerte lluvia: “Vuelvan a sus casas hoy repitiendo en sus corazones: ‘¡Cristo ha resucitado!’”.

Mensaje Pascual del Papa Francisco y bendición Urbi et Orbi 2017

En su Mensaje Pascual, pronunciado en la plaza de San Pedro del Vaticano tras la Misa de Pascua de Resurrección y del rezo del Regina Coeli, el Papa Francisco pidió por la paz en diferentes países de Oriente Medio y África azotados por sangrientos conflictos.

El Santo Padre, en concreto, pidió “al Señor Resucitado” que “sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen”.

Asimismo, pidió “que los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África, sientan siempre la cercanía del Buen Pastor”.

El Pontífice también pidió que “el Señor Resucitado conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen”. (AFP)

Guardias suizos ante la Basílica de San Pedro.
La Plaza de San Pedro fue decorada con miles de flores procedentes de Holanda. (AP)

Fuerte vigilancia policial en torno a la Plaza de San Pedro. (La Repubblica)

Monjas. (Reuters)

Papa Francisco ante la Virgen María. (AP)

Cardenales con sombrillas de los colores del Vaticano. (AP)

Fieles atentos a las palabras del Santo Padre. (AP)

(AFP)

En el Mensaje Pascual, el Pontífice también se acordó de América Latina: “Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia”.

Francisco también rezó por Europa, para “que el Señor Resucitado, que no cesa de bendecir al continente europeo, dé esperanza a cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes”.

La misa solemne comenzó a las 10 (hora local, 8 GMT) ante decenas de miles de personas. (ansa)

Saludo y fotografía. (AP)

Francisco recibe el afecto de la gente. (AFP)

En especial, tuvo palabras para la población ucraniana: “Que el Buen Pastor ayude a Ucrania, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias”.

Tras pronunciar el mensaje, el Papa Francisco impartió la Bendición Urbi et Orbi (a la ciudad de Roma y al mundo).

A continuación, el texto completo del Mensaje Pascual del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas,

Feliz Pascua.

Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: Jesús ha resucitado. Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho (cf. Lc 24,34; Mt 28,5-6).

La antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo, alcanza aquí su cumplimiento: con la resurrección, Jesucristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte y nos ha abierto el camino a la vida eterna.

Todos nosotros, cuando nos dejamos dominar por el pecado, perdemos el buen camino y vamos errantes como ovejas perdidas. Pero Dios mismo, nuestro Pastor, ha venido a buscarnos, y para salvarnos se ha abajado hasta la humillación de la cruz. Y hoy podemos proclamar: ‘Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya’ (Misal Romano, IV Dom. de Pascua, Ant. de la Comunión).

En toda época de la historia, el Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos a nosotros, sus hermanos perdidos en los desiertos del mundo. Y con los signos de la Pasión –las heridas de su amor misericordioso– nos atrae hacia su camino, el camino de la vida. También hoy, él toma sobre sus hombros a tantos hermanos nuestros oprimidos por tantas clases de mal.

El Pastor Resucitado va a buscar a quien está perdido en los laberintos de la soledad y de la marginación; va a su encuentro mediante hermanos y hermanas que saben acercarse a esas personas con respeto y ternura y les hacer sentir su voz, una voz que no se olvida, que los convoca de nuevo a la amistad con Dios.

Se hace cargo de cuantos son víctimas de antiguas y nuevas esclavitudes: trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación, graves dependencias. Se hace cargo de los niños y de los adolescentes que son privados de su serenidad para ser explotados, y de quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa.

El Pastor Resucitado se hace compañero de camino de quienes se ven obligados a dejar la propia tierra a causa de los conflictos armados, de los ataques terroristas, de las carestías, de los regímenes opresivos. A estos emigrantes forzosos, les ayuda a que encuentren en todas partes hermanos, que compartan con ellos el pan y la esperanza en el camino común.

Que en los momentos más complejos y dramáticos de los pueblos, el Señor Resucitado guíe los pasos de quien busca la justicia y la paz; y done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de las armas.

Que en estos tiempos el Señor sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. El vil ataque de ayer a los prófugos que huían ha provocado numerosos muertos y heridos. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen.

Que los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África, sientan siempre la cercanía del Buen Pastor.

Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia. Que se construyan puentes de diálogo, perseverando en la lucha contra la plaga de la corrupción y en la búsqueda de válidas soluciones pacíficas ante las controversias, para el progreso y la consolidación de las instituciones democráticas, en el pleno respeto del estado de derecho.

Que el Buen Pastor ayude a Ucrania, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias.

Que el Señor Resucitado, que no cesa de bendecir al continente europeo, dé esperanza a cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes.

Queridos hermanos y hermanas, este año los cristianos de todas las confesiones celebramos juntos la Pascua. Resuena así a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Él, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, dé paz a nuestros días. Feliz Pascua. (ACI Prensa / La Repubblica)