domingo, 16 de abril de 2017

20:34:00
MADRID, 16 de abril de 2017.- Es de noche y suena una música de fondo. El chamán comienza a cantar para invitar a los espíritus buenos a llevar a cabo la cura y ofrece a sus «pacientes» ayahuasca, una bebida alucinógena. Sin el ritual que acompaña a la toma de ayahuasca y sin curandero, un grupo de científicos de la Universidad Federal de Río Grande del Norte, en Brasil, ha ensayado el potencial terapéutico de esta droga alucinógena en la depresión severa.

Aunque otros equipos de investigación se han interesado por la actividad antidepresiva de esta bebida psicodélica, la investigación de la universidad brasileña es la primera en hacerlo con un ensayo aleatorio, controlado y diseñado especialmente para determinar su efectividad clínica. Y los resultados han sido positivos, al menos en el pequeño grupo de pacientes tratados.

Sin duda, el ritual de la ayahuasca es una de las prácticas más populares por demandadas. Cada vez más turistas de Europa y EE UU, así como de Argentina y Chile, viajan a la selva amazónica de Colombia, Brasil, Ecuador y, sobre todo, Perú, para conocer este y otros rituales ancestrales de los pueblos indígenas sudamericanos. (Revista Savia)

El ensayo se ha realizado con 29 personas diagnosticadas con una depresión resistente a los tratamientos convencionales que bebieron una única dosis de ayahuasca. Mientras que 15 recibieron una bebida placebo (simulaba ser la droga en sabor y aspecto, aunque sin tenerla), otros 14 sí tomaron la bebida alucinógena. Ninguno de los voluntarios que participaron en el ensayo habían tomado alguna vez ayahuasca u otros tipos de drogas psicodélicas por lo que no podían anticiparse a las reacciones que experimentarían.

Cuatro horas de alucinaciones

Un día antes del experimento, los participantes rellenaron cuestionarios para poder evaluar su estado anímico y depresión . Al día siguiente permanecieron en un entorno tranquilo y vigilado donde recibieron la bebida placebo o la poción, sin saber lo que tomaban. Cuatro horas después -el tiempo que pueden durar los efectos alucinógenos- los pacientes volvieron a rellenar el cuestionario sobre su estado de ánimo y, de nuevo, al segundo día del experimento y siete días más tarde.

Los dos grupos, tanto los que la tomaron como los que no, afirmaron sentir mejoras sustanciales el primer y el segundo día. Curiosamente, la puntuación del grupo placebo fue tan alta como los que realmente recibieron el tratamiento. Esto es algo común en los ensayos clínicos que prueban nuevos antidepresivos. Pero una semana después las diferencias eran notables entre los dos grupos: el 64% de las personas que habían tomado ayahuasca sintieron cómo la gravedad de su depresión se había reducido en un 50% o más; en el grupo placebo solo se sintieron mejor el 27%.

Efecto superior al placebo

«Nuestros resultados indican que el efecto antidepresivo de la ayahuasca es superior al efecto placebo», explica Dràulio de Araújo, coordinador del ensayo clínico. Aunque se necesitan estudios con mayor número de pacientes y un seguimiento más prolongado para poder afirmar que la ayahuasca puede convertirse en el próximo antidepresivo.

La ayahuasca, también conocida como yagé, es una mezcla de dos plantas -la enredadera de ayahuasca (Banisteriopsis caapi) y un arbusto llamado chacruna (Psychotria viridis), que contiene el alucinógeno dimetiltriptamina (DMT). Su sabor es amargo y, con frecuencia, provoca el vómito.

Altera la concentración de serotonina

Pero esta bebida que se ha bebido durante siglos en Brasil y otros países sudamericanos en rituales religiosos, contiene compuestos que alteran las concentraciones de la serotonina, el neurotransmisor que regula el estado de ánimo en el cerebro. Esta alteración es simular a la que hacen los antidepresivos comerciales. Por eso, podría convertirse en una nueva arma para añadir al arsenal de fármacos contra la depresión o trastornos de estrés postraumático.

No es la única droga psicodélica que se está testando en los laboratorios contra la depresión. También se está probando con la ketamina, y los hongos alucinógenos. (Nuria Ramírez de Castro / ABC)