sábado, 12 de noviembre de 2016

11:38:00
David Brooks / La Jornada

NUEVA YORK, 12 de noviembre de 2016.- El misterio de cómo fue posible que una figura como Donald Trump haya ganado la elección presidencial sigue generando un debate, que tal vez nunca llegará a una conclusión, mientras se busca el quién, el cómo y el por qué del veredicto en las urnas que sacudió al mundo.

La composición del voto ofrece indicios y algunos sondeos registran motivaciones, mientras los expertos, los ingenieros de los sofisticados modelos de pronóstico y sondeos y, sobre todo, los grandes estrategas de la derrotada Hillary Clinton y su partido buscan indagar cómo se equivocaron.

Las estadísticas preliminares no son precisas, ya que usan proyecciones con base en encuestas a boca de urna u otros medidores que ayudan a calcular el mosaico electoral.

El dato preliminar más notable es que sólo 55 por ciento de los empadronados (aproximadamente 200 millones) emitieron su voto en esta elección, el nivel de participación más bajo desde 1996, calculó la CNN.
Claude Rasnake, peluquero de Lebanon, Virginia, votó por Trump con la esperanza de que genere más empleos en el área. (Julia Rendleman / The Washington Post). Enlace a Deep in Virginia's craggy coal country, they saw Trump as their only hope.

Si se mide contra el número total de personas con derecho al voto, poco menos de 60 por ciento del electorado total participó y, por tanto, Trump ganó la elección por el voto de poco más de la cuarta parte de la población con derecho a sufragar.

La tasa de participación electoral está entre las más bajas del mundo desarrollado, donde durante décadas casi la mitad del electorado estadunidense opta por no participar por diversas razones (incluyendo que no siente que su voz ni voto cuentan).

La clave del triunfo de Trump, coinciden analistas, es un electorado cuya fuerza no fue correctamente calculada por la mayoría de los encuestadores y medios: una clase trabajadora blanca tanto en zonas urbanas como en rurales, pero, sobre todo, con un grado de ira contra las cúpulas políticas y económicas mayor de lo pensado.

El triunfo sorprendente para las élites fue resultado de que ese voto blanco se multiplicó en favor de Trump al combinarse el sufragio tradicionalmente conservador y rural del sur y el oeste con millones en las zonas industriales del medioeste, que habían sido una de las bases tradicionales demócratas durante décadas. A ellos se refería Trump cuando hablaba del efecto devastador del libre comercio y "los olvidados" del país.

El equipo de Trump detectó que esta corriente era mayor de lo pensado, y en las últimas semanas de la campaña se enfocó ahí, tanto en su mensaje como en sus actividades, incluyendo visitas del candidato a estados que Clinton y los medios suponían que estaban inclinandos hacia ella, como Pensilvania, Michigan y Wisconsin, aun cuando nadie pensaba que los podía ganar (se impuso en los tres), informó Bloomberg BusinessWeek.

La coalición de votantes que lo llevó al triunfo, reportó Bloomberg, transforma las posiciones y bases del Partido Republicano a uno que “es más populista, más rural en carácter (menos sometido a Wall Street) y orientado a una clase de estadunidenses –no todos ellos conservadores o aun republicanos– cuyas preocupaciones no fueron abordadas por los demócratas, que se desmoronaron el 8 de noviembre”.

Este sector fue el mismo que había nutrido la campaña insurgente de Bernie Sanders dentro del Partido Demócrata. Varios actores políticos y sociales –desde los sindicatos de enfermeras y de comunicaciones hasta el cineasta Michael Moore, el legendario periodista Bill Moyers y el ex secretario de Trabajo Robert Reich– habían advertido que eran claves para esta elección. Pero la campaña de Clinton suponía que no tenían dónde ir más que con ella, y que su sofisticada maquinaria electoral los llevaría a las urnas. Muchos de ellos fueron, pero no para votar por ella.

A escala nacional, según las encuestas a boca de urna realizadas para los medios nacionales por Edison Research, Trump ganó 58 por ciento del voto blanco, pero sólo 21 por ciento del resto (el blanco es 70 por ciento del voto total).

Según esta encuesta, Trump ganó 43 por ciento de los hogares donde había un residente sindicalizado, y la mayoría de los blancos en los segmentos de ingresos inferiores (Clinton ganó a los prósperos). De cierta manera, esto es el epicentro del sismo político, donde el Partido Republicano se volvió así el partido de los trabajadores (blancos), pero también ganó el voto blanco de clase media, sobre todo en los suburbios.

La mitad de los que votaron por Trump lo hicieron por castigar a Clinton, pues sólo 42 por ciento lo apoyaban firmemente.

La economía fue identificada como el tema más importante para los votantes (52 por ciento), y Clinton ganó a 52 por ciento en este tema, pero del 13 por ciento que indicaron que el tema más importante que enfrenta el país es la migración, Trump ganó a 64 por ciento de éstos.

El voto latino

Los más sorprendente es que a Trump no le fue peor que al anterior candidato presidencial de su partido, Mitt Romney, en 2012 entre los votantes latinos y afroestadunidenses, a pesar de pronósticos de que sus declaraciones racistas y sus amenazas contra latinos, mexicanos y musulmanes le costarían muy caro en la elección general.

De hecho, aunque Clinton ganó la gran mayoría del voto latino, en las encuestas de salida, Trump obtuvo 29 por ciento de este sector, dos puntos más que Romney.

El voto latino estaba proyectado para romper récords, con más de 13 millones de votos de los 16.2 millones de latinos empadronados, es decir, 2 millones más que hace cuatro años, pero fue consistente con los dos ciclos anteriores, informó Antonio González, presidente del Instituto William C. Velasquez (http://wcvi.org/index.html).

Acerca del voto para Trump, González recordó que "existe una derecha en la comunidad latina aquí, igual que hay una derecha en América Latina".

Las mujeres

La otra sorpresa fue que Trump casi no perdió terreno con las mujeres, comparado con las elecciones anteriores, a pesar de pronósticos de que este sector votaría en porcentajes mucho más elevados por Clinton, no sólo porque era mujer, sino como resultado de los escándalos del magnate inmobiliario sobre su trato a mujeres, incluyendo agresiones sexuales.

El 42 por ciento de todas las mujeres votó por Trump (Clinton ganó 54 por ciento), pero 53 por ciento de las mujeres blancas votaron por él (la mayoría de las mujeres latinas y afroestadunidenses votaron por Hillary).

Trump fue repudiado por amplias mayorías de jóvenes, capturando poco más de un tercio de los votantes de entre 18 y 29 años de edad.

Mientras se estudia esto, y en las próximas semanas se esperan datos más precisos, todos saben que algo cambió de manera dramática en el mapa electoral de Estados Unidos y que ni los expertos ni la candidata y el equipo con mayor experiencia política lo registraron. Tal vez deberían dejar sus pantallas y sus algoritmos y bajar de sus lujosas oficinas para platicar con la gente en sus trabajos y en las cantinas de vez en cuando.