viernes, 30 de septiembre de 2016

09:40:00
Carlos Loret de Mola Álvarez

Las derrotas del PRI en las gubernaturas de Veracruz y Quintana Roo deben dejarle un aprendizaje a este partido. Es obvio que los mandatarios salientes, Javier Duarte y Roberto Borge Angulo, respectivamente, se van en medio de graves escándalos de corrupción, pero quienes llegan no están exentos de polémica, señalamientos y denuncias por riquezas familiares inexplicables: Miguel Ángel Yunes y Carlos Joaquín. De hecho, ambos, Yunes y Joaquín, militaron el grueso de sus vidas en el PRI.

Pero Duarte y Borge rompieron con un viejo equilibrio que servía al PRI para mantenerse en el poder: roba pero reparte. Ellos sí robaron, pero no repartieron. En lugar de distribuir licitaciones, contratos, convenios, dinero pues, entre todos los empresarios locales fuertes, los dirigentes políticos de todos los grupos, los líderes que se engranaban así con el sistema político (la clase poderosa que existe en todo lugar), crearon en torno a sus personas un pequeño círculo de prestanombres que se quedaban con todo.

Cuando uno habla con ellos, los empresarios se quejan de que ahora los contratos eran todos para el gobernador y su círculo (muchos de ellos funcionarios): carreteras, edificios, gasolineras, terrenos, desarrollos inmobiliarios, permisos, hasta medios de comunicación, todo se concentró en poquísimas manos.

Administración de Borge pagó 162 mdp en un año por rentar dos aviones.

Muy posiblemente esos desplazados terminaron apoyando a quienes vienen del PRI de siempre y ahora competían por las siglas de la oposición (ahora resulta que el viejo PRI tiene más prestigio que el nuevo) y eso también contribuyó a la caída del partido tricolor.

Una muestra de esto la exhibimos el lunes 19 de septiembre en Despierta, el nuevo noticiario que tengo a mi cargo en Televisa. Le apodamos Aero-Borge. La pieza, de Luis Pavón Vázquez y Mario Gutiérrez Vega, exhibía que el gobierno de Quintana Roo se volvió dueño de una aerolínea a un costo anual de casi 300 millones de pesos y que servía para transportar al gobernador Roberto Borge, a su familia, a ex gobernadores, funcionarios, dirigentes políticos y a las familias de todos ellos. Con cargo al erario, claro: Aero-Borge en realidad se llama VIP Saesa y durante su gobierno recibió más de 1,200 millones de pesos. Información obtenida a través de Transparencia nos permitió dar con este monto y las bitácoras de vuelo con los nombres de los pasajeros. La pieza fue presentada cuando Borge aún despachaba como gobernador. Ahora que ha salido, el Congreso quintanarroense citó a comparecer al director de VIP Saesa, Carlos Alberto Acosta Gutiérrez. Aceptó el costo presupuestal de esta aerolínea. Y ya entrado en confesiones, dijo que durante tres meses rentó un helicóptero por más de 2 millones de dólares.

Es habitual que un gobernador cuente con un avión o una avioneta que paga del erario para intentar hacer más eficiente su trabajo. Discusión aparte es si lo logran por el costo en el que incurren. Pero quedémonos por ahora con que casi todos los gobernadores tienen aerotransporte estatal. Lo que hunde a Borge es el uso indiscriminado que le da: como avión familiar, para la clase política y parientes, en cientos y cientos de vuelos.

Una perla más de quien debería estar bajo proceso hace rato.

historiasreportero@gmail.com