viernes, 9 de junio de 2017

18:42:00
Pedro Echeverría V.

1. Aunque ya desde 1977 vimos el gran oportunismo de muchos izquierdistas que por apertura del PRI se transformaron en partidos electoreros y se hicieron diputados, senadores y presidentes municipales; vimos con cierta alegría el rompimiento de Cuauhtémoc Cárdenas, Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otros políticos, con el PRI en 1986. No era la primera vez que cercanas las elecciones presidenciales, algunos grupos políticos se desprendían de su partido natal, oficial, casi único. Comenzó con el rompimiento de Calles-Huerta en 1923, el asesinato de los generales Serrano y Gómez en Huitzilac en 1927; luego el vasconcelismo en 1928, el escobarismo en 1929, el almazanismo en 1939, el enrriquismo en 1952, y muchos más que, sumados a otros levantamientos disidentes no electorales, alcanzan varias decenas.

2. A partir de las masivas protestas del movimiento de apoyo al fraudulentamente “derrotado” Cárdenas en 1988, puede decirse que se inician las protestas pacíficas no armadas. Eso no quiere decir que México con ello entró a “la civilización electoral”. En las dos elecciones presidenciales posteriores –la de 1994 y la del año 2000- no sólo no se tomaron las armas sino que ni siquiera se registraron protestas pacíficas, a pesar de la existencia del ejército zapatistas y del ejército popular revolucionario en la clandestinidad en Chiapas y resto del país. Cárdenas y su equipo en ningún momento pensaron que ante el fraude habría que hacer protestas armadas. Se conformó Cárdenas y su equipo con crear un partido -el PRD- que pasados unos cuantos años se transformó en nuevo PRI o PAN.

3. López Obrador -que como Cárdenas, será también tres veces candidato presidencial- es muy superior a su “maestro” porque en todos estos 18 años no ha dejado de visitar a las comunidades ningún día. Con su trabajo político ha demostrado que es muy superior, pero mucho, a cualquier competidor que le salga al frente. Desafortunadamente en política casi nada vale el trabajo, el compromiso, la honradez con que se califica a López Obrador; en política mexicana lo que vale es la firma de acuerdos, de pactos, la subordinación a la clase dominante, pero sobre todo que al político no se le asomen ideas socializantes que pongan nerviosos al poder político-empresarial. En México la libertad para explotar, enriquecerse, robar es lo importante para la clase dominante.

4. Si un político mexicano dice que apoya la justicia, la distribución equitativa, la igualdad, el combate a la explotación y a la corrupción, pues simplemente se dice que es un comunista, un marxista, que se parece a Fidel Castro o a Hugo Chávez. Desde el inicio de la llamada “guerra fría”, al concluir la segunda guerra mundial, la campaña anticomunista en los medios de información se ha profundizado, se ha extendido en todo el mundo. ¿Alguien podría decir tontamente que las películas yanquis, la televisión, la radio, la prensa, los cuentos infantiles, no han sido determinantes en la formación de la conciencia derechista y anticomunista de la población? Por ello en las campañas políticas se calumnia a todo político de izquierda y éstos tienen que negar o silenciar su pensamiento.

5. Aunque el PRI-PAN-PRD sigan dominando nacionalmente la situación política del país mediante el uso de varias miles de millones de pesos para comprar votos; aunque el pueblo vea que esos tres partidos de la derecha sigan apoyando la explotación y la desigualdad de los 125 millones de habitantes del país; aunque se vea que esos tres partidos de la burguesía siguen imponiendo sus intereses por encima del pueblo; sobre todo porque todos esos levantamientos armados o descontentos han sido derrotados, parece que al fin el gobierno y los empresarios han logrado imponer un pacifismo total aunque sea sobre los sepulcros. Aunque el capitalismo nos aplaste -someta al pueblo- otros 100 años, el pacifismo se ha impuesto en México.

6. Y no está mal el pacifismo porque garantiza una mayor acumulación de riquezas, de capitales, de privilegios, en una cuantas familias que saben administrar en beneficio de sus descendientes. Al pueblo, que ha sufrido siglos de opresión y miseria, no le conviene que las cosas continúen como están porque representan mala vida, muchas enfermedades y muerte. Así pensó el pueblo aquellos años de levantamientos antes que como ahora sea “civilizado” por los medios de información, la iglesia y la escuela. Desafortunadamente su “pacifismo” no es porque viva hoy en buenas condiciones, sin miseria y hambre; sino porque los medios represivos del Estado son más grandes, más modernos y poderosos. Pero el año menos pensado –provocado por los malos gobiernos- las cosas pueden cambiar y yo brincaré de alegría. (9/VI/17)