sábado, 20 de mayo de 2017

17:14:00
NUEVA YORK, 20 de mayo de 2017.- El Gobierno chino ha desmantelado sistemáticamente las operaciones de espionaje de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA) desde el 2010, ya sea matando o encarcelando a más de una docena de fuentes durante los últimos años y reteniendo información de inteligencia en el país, según reporta el diario The New York Times.

Funcionarios estadounidenses actuales y antiguos describieron el incumplimiento de la inteligencia como uno de los peores en décadas, provocando una revuelta en las agencias de inteligencia y de la policía de Washington para contener las consecuencias, pero los investigadores se encontraban divididos sobre la causa.

Algunos de los funcionarios estaban convencidos de que un infiltrado en la CIA había traicionado a los Estados Unidos. Otros creían que los chinos habían hackeado el sistema de encubiertos de la agencia, usándolo para comunicarse con fuentes extranjeras.


Sin embargo, no hubo desacuerdo en el daño. Desde las últimas semanas de 2010 a finales de 2012 los chinos habrían asesinado a al menos una docena de las fuentes de la CIA.

Los funcionarios indicaron que una de las víctimas fue fusilada frente a sus colegas en el patio de un edificio del gobierno como un posible mensaje para otros que podrían haber trabajado en la CIA. Otros más fueron llevados a prisión.

En total, los chinos mataron o encarcelaron entre 18 y 20 de las fuentes en China, de acuerdo con dos ex altos funcionarios estadounidenses, destruyendo parte de la red que había tardado años en construirse.

Los primeros indicios de problemas surgieron en 2010, cuando la calidad de la información de la CIA sobre el funcionamiento interno del gobierno chino fue la mejor en muchos años, impulsada por la estrategia de reclutar fuentes inmersas en la burocracia de Pekín, según informes de cuatro ex funcionarios. Algunos de los reclutados eran ciudadanos chinos que se habían desilusionado con la corrupción de su gobierno.

Sin embargo, a finales de año, el flujo de información bajó. A principios de 2011, altos funcionarios de la agencia se dieron cuenta que tenían un problema: los contactos en China, uno de sus recursos más preciados, estaban desapareciendo.

El FBI y la CIA abrieron una investigación conjunta dirigida por altos funcionarios de contrainteligencia de ambas agencias.

Trabajando en una oficina secreta en el norte del estado de Virginia, comenzaron a analizar cada operación que se ejecutaba en Pekín. Un ex funcionario aseguró que la investigación fue denominada como Honey Badger.

A medida que más fuentes desaparecían la operación cobraba mayor protagonismo. La mayoría de los empleados de la Embajada de Estados Unidos fueron examinados minuciosamente, sin importar el rango al que pertenecieran. Algunos investigadores creían que los chinos habían descubierto como vulnerar el método cifrado de la CIA utilizado para comunicarse con sus fuentes.

Otros más, sospechaban de un traidor en la agencia, una teoría que muchos eran reacios a admitir, y que algunos de ambas agencias todavía se niegan a creer.

El episodio muestra como los chinos tuvieron éxito en interrumpir los esfuerzos de espionaje estadounidense dándole a los asiáticos una brecha para acceder a miles de registros del personal del gobierno de EU, incluida la red de contratistas de inteligencia de la CIA.

El amplio sistema de seguridad de China ha hecho casi imposible para los servicios de espionaje occidentales desarrollen fuentes allí, por lo que considera al país como una de sus prioridades de espionaje.

En un momento donde la CIA intenta averiguar cómo algunos de sus documentos más clasificados se filtraron en internet hace dos meses a través de WikiLeaks, y el FBI investiga los posibles lazos entre la campaña del Presidente Trump y Moscú, el carácter inestable de la investigación demuestra la dificultad para realizar contraespionaje sofisticado en potencias como Rusia y China. (Reforma)