lunes, 26 de junio de 2017

07:47:00
PEKÍN, 26 de junio de 2017.- El disidente chino más célebre internacionalmente, Liu Xiaobo, premio Nobel de la Paz en 2010, ha sido excarcelado por motivos médicos. Liu, según ha revelado este lunes su abogado, Mo Shaoping, padece un cáncer terminal de hígado. El escritor, académico y pacifista se encuentra ahora ingresado en un hospital de Shenyang, en el noreste de China, no muy lejos de donde cumplía una sentencia de once años de cárcel desde que en 2009 las autoridades le declararan culpable de subversión.

“Las noticias son ciertas. El 23 de mayo, Liu fue informado de que padecía cáncer de hígado en estado avanzado”, indicó Mo a este periódico en conversación telefónica. “De acuerdo con las leyes chinas, su esposa, Liu Xia, debería poder visitarle, pero no se ha puesto en contacto con nosotros”.

Liu Xiaobo, disidente chino activista por los derechos civiles. (ansa)

Liu Xia se encuentra ella misma bajo arresto domiciliario en Pekín desde que su marido quedó detenido como sospechoso de planear daños contra el régimen. Con la cabeza afeitada en solidaridad con su marido, sus amigos han denunciado una y otra vez su mal estado de salud mental y la depresión que padece debido a su encierro y la falta de contacto con su esposo.

Hace 10 días varios familiares acudieron a visitar al disidente a la prisión de Liaoning donde cumplía su sentencia. Entonces, precisó Mo, “su estado de ánimo podría describirse como estable”.

De 61 años, Liu aún tenía pendientes de cumplir tres años de cárcel. Había sido condenado por redactar el documento conocido como Carta 08, que firmaron cerca de 300 intelectuales chinos y se publicó en diciembre 2008. Inspirada en la carta 77 de la antigua Checoslovaquia, en ella se pedían reformas -incluida la abolición del delito de subversión, precisamente aquel del que se le ha declarado culpable- y el cumplimiento de los derechos humanos en el país.

Para entonces, el disidente ya era una celebridad en el área de los derechos humanos en China. Doctor en literatura china, en 1989 abandonó su puesto como académico en Estados Unidos y regresó a Pekín para participar en el movimiento estudiantil que reclamaba mayores libertades en la plaza de Tiananmen. Defensor del desarrollo de negociaciones pacíficas entre el Gobierno y los manifestantes, el fatídico 3 de junio, cuando los tanques se disponían a disolver la concentración entrando en la plaza a tiros, consiguió negociar con éxito la salida de estudiantes de la plaza. Fue detenido y no quedaría en libertad hasta 1991. Volvería a cumplir una condena de tres años a trabajos forzados entre 1996 y 1999.

La ceremonia en la que se le concedió el Nobel de la Paz en Oslo fue, quizá, uno de los momentos más conmovedores en la historia de la entrega de este premio. Con una China enfurecida por la concesión del premio, que percibió como una injerencia en sus asuntos internos, Liu no recibió permiso para asistir y estuvo representado por una silla vacía. Noruega, el país anfitrión del acto, no vería normalizarse sus relaciones con Pekín por completo hasta este mismo año. Liu es uno de solo tres premios Nobel de la Paz encarcelados por sus propios gobiernos.

La noticia de la enfermedad de Liu suscita numerosos interrogantes acerca de por qué se dejó progresar hasta tal grado el cáncer antes de concederle la libertad. El anuncio de hoy ha sido acogido con ira por las organizaciones de derechos humanos. "Liu Xiaobo ha sido diagnosticado con una grave enfermedad en prisión, donde, para empezar, nunca debió estar. Las autoridades chinas deben garantizar de inmediato que Liu Xiaobo recibe los cuidados médicos adecuados, acceso a su familia y que él y otras personas encarceladas únicamente por ejercer sus derechos humanos se ven puestos en libertad de inmediato y sin condiciones”, ha declarado William Nee, investigador de Amnistía Internacional en Hong Kong.

Nee también dedica un llamamiento en favor de Liu Xia y reclama que se ponga “fin a su arresto domiciliario vergonzoso e ilegal y se garantice que puede recibir visitantes, desplazarse libremente y visitar a su esposo”.

En un sentido similar se pronuncia Sophie Richardson, directora para China de Human Rights Watch. “Que Liu haya sido puesto en libertad es una buena noticia; que lo haya sido porque se encuentra enfermo en fase terminal es desolador. Nunca se le tuvo que condenar a prisión, para empezar, porque todo el mundo en China tiene derecho a la libertad de expresión”.

“Que a las autoridades les haya parecido bien detener arbitrariamente a su esposa, Liu Xia, todo este tiempo demuestra precisamente lo calculada que sigue siendo la brutalidad de Pekín. Todas las autoridades responsables por los abusos contra esta pareja en la última década deberían rendir cuentas”, agregó. (Macarena Vidal Liy / El País)

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