miércoles, 13 de julio de 2016

14:30:00
LONDRES, 13 de julio.- Theresa May ha hecho un llamamiento a la "unidad" del país y ha prometido preservar "los preciosos vínculos" entre Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte en su toma de posesión como nueva primera ministra británica, la segunda mujer en poner el pie el Downing Street al cabo 26 años de la dimisión de Margaret Thatcher.

"Después del referéndum de la Unión Europea, afrontamos un gran cambio a nivel nacional", aseguró la sucesora de David Cameron, minutos después de asumir el cargo ante la Reina Isabel II. "Pero estoy segura de que el Reino Unido emergerá ante el reto".

May ha roto también una lanza por la igualdad de géneros y por las "injusticias que afectas a las clases trabajadoras, para quien la vida es más dura de lo que mucha gente en Westminster puede reconocer". La nueva primera ministra ha prometido acercarse lo más posible a paridad en su nuevo Gobierno y crear un nuevo ministerio del Brexit para centralizar las negociaciones para la salida de la Unión Europea.
A partir de este miércoles el camino del Reino Unido será guiado por Theresa May, la mujer que hoy reemplaza al ahora ex primer ministro británico David Cameron, y como tarea principal deberá hacer frente al proceso de separación de la Unión Europea, una decisión que la ahora líder del Partido Conservador asegura que se cumplirá. (AFP)

"Conforme dejemos la UE, encontraremos un nuevo y audaz papel en el mundo y haremos que el Reino Unido sea un país que funcione, no solo para unos pocos privilegiados, sino para todos nosotros", agregó May ante el número 10 de Downing Street.

Su gabinete

Theresa May entró en el número 10 de Downing Street lanzando un desafío a Europa con el nombramiento de Boris Johnson, ex alcalde de Londres y "cabecilla" del Brexit, como su nuevo ministro de Exteriores. El audaz movimiento de piezas sorprendió a propios y extraños, empezando por el ya ex secretario del Tesoro George Osborne, que ambicionaba el puesto. Philip Hammond será su nuevo ministro de Finanzas británico en sustitución de Osborne. Michael Fallon se mantiene en la cartera de Defensa.

La renuncia de Cameron
David Cameron ha presentado su dimisión a la reina Isabel II y ha cedido el testigo a la nueva primera ministra Theresa May, la segunda mujer al frente de un Gobierno británico, 27 años después de la dimisión de Margaret Thatcher. May ha prometido dar una mayor relevancia a las mujeres en su nuevo gabinete, donde habrá sitio para un nuevo Ministerio del Brexit, que centralizará las negociaciones para abandonar la Unión Europea.

"Yo fui una vez el futuro", dijo Cameron en su última comparecencia como primer ministro en el Parlamento, aclamado por los 330 diputados conservadores, que dejaron atrás sus rencillas y rieron sus bromas dirigidas al líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn: "Su tenacidad me recuerda a la del Caballero Negro de los Monty Python".

Ya en serio, Cameron aprovechó su intervención en el turno de preguntas para dejar en el aire el futuro de los tres millones de inmigrantes de la UE en el Reino Unido. Al igual que Theresa May, el ex líder conservador aseguró que la permanencia de los inmigrantes en su estatus actual -incluidos cerca de 200.000 españoles- estará condicionada al principio de "reciprocidad" con otros países europeos.

Inmigranción

"Estamos trabajando duro para conseguir lo que queremos, que es garantizar que se respeten los derechos de los ciudadanos de la UE que están en este país", dijo Cameron. "La única cincunstancia en que esa garantía podría ser levantada es si los británicos en otros países no consiguen que se respeten sus derechos".

"Creo que es importante tener esa reciprocidad", recalcó Cameron. "Y la nueva primera ministra trabajará para lograrla lo más rápido que se pueda".

En declaraciones previas a su estreno en Downing Street, Theresa May también ha condicionado la garantía para los inmigrantes de la UE a las negociaciones con Bruselas, pese a la insistencia de los partidarios del Brexit -del ex alcalde de Londres Boris Johnson a la ex candidata Andrea Leadsom- para que el Reino Unido dé un primer paso y ponga fin a la incertidumbre que existe entre los europeos.

"No ha sido fácil, pero nuestro país es mucho más fuerte de lo que era hace seis años", dijo Cameron en su última y breve intervención en Downing Street, arropado por su esposa, Samantha, y por sus tres hijos -Nancy, Florence y Elwen- antes de partir hacia el Palacio de Buckingham para formalizar su dimisión.

Minutos después, la reina Isabel II encomendaba la formación de un nuevo Gobierno a Theresa May, que hace la número trece en su particular lista de primeros ministros desde Winston Churchill en 1951. May tiene hasta el jueves para completar su gabinete, en el que se ha propuesto acercarse al máximo a la paridad entre hombres y mujeres, partidarios de la permanencia o del Brexit.

"Bloody difficult"

"Theresa es una mujer tremendamente difícil"... La frase pertenece al veterano Kenneth Clarke, que trabajó con Margaret Thatcher y sabe lo que se dice. Lejos de tomárselo como una ofensa, Theresa May ha recogido el guante del 'bloody difficult' y lo ha convertido en su seña de identidad nada más poner el pie en Downing Street: "El primero que va a saber que soy tremendamente difícil es el presidente de a Comisión Europea Jean-Claude Juncker".

Las comparaciones con Angela Merkel son inevitables, como lo será el pulso que se avecina entre las dos mujeres "blindadas" de la política europea. Al igual que la canciller alemana, Theresa Brasier heredó la moralidad y las formas de su padre vicario, Hubert , el mismo que la casó a los 24 años con un banquero llamado Philip May, a quien conoció cuando estudiaba en Oxford.

El propio Philip May, ahora en el papel de 'consorte', ha intentado marcar de antemano las distancias con el legendario Denis Thatcher: "Sólo hubo y habrá un Denis, y además soy malísimo al golf". Parco en palabras, responde tal que así a la pregunta que le hace del 'Daily Mail' sobre el futuro de su esposa como primera ministra: "Será excelente, siempre es capaz de mantener la calma".

En una insólita puerta abierta a su vida personal, Theresa May ha confesado también estos días la frustración que arrastró durante un tiempo la pareja por no tener hijos, pese a buscarlos con persistencia: "Por supuesto que nos ha afectado. Casi todos nuestros amigos tienen hijos mayores a estas alturas, pero tenemos que aceptar lo que nos da la vida. Hay otras parejas en esta misma situación".

Theresa May, ha eludido también las comparaciones directas con la 'Dama de Hierro', que fue líder del Partido Conservador a los 50 y llegó al poder con 55, cuatro menos que los que tiene ella: "Thatcher era única a su manera: nunca habrá otra igual". Quienes la conocen dicen que May no ha sido nunca 'thatcherista', y que el efecto de sus políticas sobre los "menos favorecidos" es algo que precisamente se ha propuesto evitar como primera ,inistra.

Su viejo amigo universitario, Pat Frankland, revela a 'The Guardian' que el sueño de Theresa May desde que estaba en Oxford era llegar a ser algún día a primera ministra, de ahí la relativa animosidad hacia Maggie... "Ella quería tenía muy claro lo que quería. "Yo quería haber sido la primera, pero fue ella la primera"... Tenía 17 años cuando me dijo eso. Yo era muy consciente de esa ambición desde el primer día".

"Honesta y fiable"

Fankland define a su vieja amiga como una persona "honesta y fiable", de ideas bastante conservadoras, con una "amabilidad cristiana" bajo su máscara de mujer implacable. Y con un seco sentido del humor heredado también de su padre vicario y apreciable tan solo en las distancias cortas, nunca en público.

La fama de May como la 'Reina de Hielo' se extendió sobre todo tras sus roces de sus cinco primeros años como secretaria de Interior con el ex viceprimer ministro, Nick Clegg, que experimentó en carne propia la "dificultad" en el trato. El también liberal-demócrata David Laws la define como como una 'control freak', empeñada en controlar todo lo que se mueve a su alrededor. Laws la describe también como una "llanera solitaria" dentro de las filas conservadoras, leal a David Cameron, pero siempre a una prudente distancia.

Antes de estrenarse como primera ministra, Theresa May había hecho ya historia como la secretaria de Interior más longeva del último medio siglo, capaz de capear tormentas como los disturbios del 2011, la persistente amenaza terrorista o las repercusiones del caso Snowden y la vigilancia masiva. También tuvo que lidiar con los sindicatos policiales en plena era de la austeridad, y el ex comisario de Manchester Peter Fahy ve ahí un gran potencial: "Es muy astuta políticamente, totalmente profesional y muy atenta al detalle, algo que vendrá muy bien en las negociaciones con la Unión Europea".

"No es el tipo de persona que entra en una habitación y conquista a la gente con su sonrisa", reconoce Gordon Wasserman, ex asesor de la secretaría de Interior, en declaraciones a 'The Times'. "Pero puede ser una personal cálida y amable, solo que no lo exterioriza".

El parlamentario Erick Pickles, que ha trabajado codo a codo con ella estos seis últimos años, asegura que May puede resultar "difícil" porque es muy "directa" y no se anda con rodeos a la hora de que poner sobre la mesa lo que esperar de sus colaboradores: "Tienes que estar con ella incondicionalmente".

"Brexit es Brexit"

En el 2002, en uno de los momentos que definen su ascenso, Theresa May habló de la imperiosa necesidad de los 'tories' de dejar atrás la etiqueta del 'nasty party' ('el partido asqueroso') que arrastraban precisamente desde la era Thatcher y por sus desdén a las clases trabajadoras. En su declaración del principios, la propia May aseguró que uno de los tres pilares de sus mandato será lograr que la economía funcione para todos y no "para unos pocos privilegiados".

Por lo demás, y aparte del tajante "Brexit es Brexit", el "credo" de la nueva primera ministra está aún por desvelar, más allá de sus antecedentes de "mano dura" ante la inmigración y su negativa a dar garantías para conservar su actual estatus a los tres millones inmigrantes de la UE en el Reino Unido. Durante la campaña -y peses a sus devaneos euroescépticos en el pasado- apoyó testimonialmente la permanencia. Pero fue más bien por un gesto de lealtad a su jefe de filas o de posicionamiento personal ante la carrera por la sucesión que ya se estaba gestando.

A diferencia de David Cameron, que en sus seis años de mandato se dejó guiar por su instinto de político "táctico" (hasta errar estrepitosamente en sus cálculos con el Brexit), Theresa May aspira a dejarse llevar por sus convicciones y a dejarse guiar por su brújula moral... Siempre y cuando sea capaz de conciliar a las dos mitades enfrentadas de los 'tories' que seguirán luchando a sus espaldas (mal que le pese) como dos escorpiones dentro de la misma botella. (Carlos Fresneda / El Mundo)