lunes, 13 de abril de 2015

00:10:00
Eduardo Ibarra Aguirre / Utopía 1519 / 13-IV-15

Hoy le comparto un testimonio de la segunda edición, corregida y aumentada, del libro digital Remembranzas:

El agente de la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales se lo dijo al activista, sin preámbulos, en la cafetería más socorrida en mayo de 1970, de lo que hoy se conoce como Centro Histórico de Durango.

–Me acaban de ordenar desde México que te chingue.

–¡Ah caray! ¿Y por qué? ¿Qué significa eso? –Fue la respuesta, exclamación y preguntas que se le ocurrieron al promotor de la Juventud Comunista, enviado a la capital duranguense en calidad de dirigente de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, como entonces fue también a varias movilizaciones de la Federación de Estudiantes  Campesinos Socialistas de México, sin importar que no era formalmente estudiante, aunque por su cuenta estudiara en casa y en los camiones foráneos por los que transitaba por casi todo el país, ni mucho menos campesino.


–¡No chingues! No me hagas preguntas que no debo ni te puedo contestar. Parece que olvidas cuál es mi trabajo, cabrón. Desde el principio fui muy claro contigo.


–Sí y te lo agradezco, Andrés.

–No me agradezcas nada. Primero pélate porque tengo una orden y la debo cumplir, de lo contrario pierdo la chamba, me parten la madre.

El agente de Gobernación era bastante ilustrado en temas políticos aunque bajo el esquema de que toda movilización social o política trascendente, como el movimiento estudiantil y popular por el Cerro del Mercado, era inexplicable si no se le observaba en el contexto de la sucesión presidencial. Y la de Gustavo Díaz Ordaz por Luis Echeverría Álvarez estaba a la vuelta de la esquina.

–Te lo digo sólo porque me tuviste confianza para conversar a la luz del día, mientras los pinches dirigentes del movimiento te critican porque dicen, lo sé muy bien cabrón, aunque tú no me lo digas: “¿Qué van a pensar las masas de tus reuniones con el agente de Gobernación?” Son clasemedieros como yo, pero hipócritas y sé lo que buscan y lo van a lograr. Mientras tú estás aquí de pinche idealista, arriesgando el pellejo sin deberla ni temerla por tu pendeja militancia comunista, porque sé quien eres, a mí no me engañas, cabrón. Y por eso llegué a estimarte, a respetarte. Pero vete mucho a la chingada porque me vas a obligar a detenerte y después no sé qué pase, amigo. ¡Pero ya!

–Gracias, Andrés.

Y se fue el activista, sin voltear, tras un fuerte pero discreto apretón de manos. Tenía menos de 20 años de edad y para su sorpresa, unas semanas antes en uno de los mítines más concurridos del movimiento estudiantil y popular,  de enero-mayo de 1970, logró llegar al corazón de 30 mil almas. Lo ovacionó la multitud y los dirigentes lo apapacharon. Tanto que esa noche cenó opíparamente, durmió con aire acondicionado y piso alfombrado en una bien equipada recámara de una hermosa casa de los padres de uno de los líderes del movimiento.

Un par de semanas después, el organizador de la JCM descubrió el hilo negro. Alejandro Páez Urquidi, el gobernador, no era la causa del atraso del estado, tampoco de que las materias primas extraídas del Cerro del Mercado no se industrializaran en la localidad sino en Monterrey. Finalmente, el país estaba lleno de titulares del Ejecutivo de ese talante.

Lo dijo en un mitin y fue abucheado y no tanto por la torpeza personal para explicar la idea, sino porque en aquella como –por desgracia– en esta vida es más cómodo explicar a partir de hombres y mujeres buenos y malas, la complejidad de los problemas del subdesarrollo.

Corroborado quedó unos cuantos días antes de su fracaso como orador, después de un debut duranguense apoteósico, cuando el dirigente principal que era más conocido como El talento que por su nombre, fue ovacionado porque con unos movimientos cadenciosos dio seguimiento a una melodía con la que se calentaba el ambiente para iniciar uno de los mítines que diariamente se realizaban en el edificio central de la Universidad Autónoma de Durango.

Acuse de recibo

El periodista Gustavo Cortés Campa comenta Telmex, el monopolio que aún agravia (8-IV-15): “Por asociación de ideas, recordé un pasaje de la notable película del genial director negro, Spike Lee, Do the right thing (Haz lo debido), que narra sucedidos en un barrio, digamos, ‘multiétnico’ de Nueva York, donde aparece un grupo de negros en charla callejera, y un cincuentón se queja: ‘Este maldito coreano llegó el año pasado y ya tiene una gran tienda’. Y sus contertulios le replican: ‘Y tu tienes 20 años sentado en esta acera hablando mal de toda la gente’. La cinta concluye con un violento motín donde los negros destruyen y saquean la tienda del coreano”... “Felicidades. Excelente su Utopía”, dice la médica Abigail Bello Gallardo sobre Generalizada o no, la tortura es práctica ordinaria (10-IV15)… El solidario Roberto Rodríguez Baños, autor de la columna Molinos de Viento, ya rebasó los 52 años en el periodismo y la comunicación. Felicidades, estimado Roberto.

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