martes, 24 de julio de 2018

11:16:00
MANAGUA, Nicaragua, 24 de julio de 2018.- La calle sigue gritando con fuerza que se vaya ya, las organizaciones humanitarias denuncian cientos de detenciones arbitrarias esta misma semana. Y Daniel Ortega responde atornillándose en el sillón presidencial. "Yo no he manifestado que hay que adelantar elecciones. Más bien, adelantar elecciones crearía inestabilidad e inseguridad, peor aún en estas condiciones", adujo el mandatario de 72 años, que ya suma once en el cargo. "El pueblo va a decidir en las elecciones del 2021".

Hizo la afirmación en una sorprendente aparición en 'Fox News'. No es que revelara nada extraordinario, sino que llamó la atención que llevara nueve años sin conceder una sola entrevista a un medio extranjero independiente que no sea afecto al régimen, estilo la chavista 'Telesur', y el presidente nicaragüense decidió romper su regla y dársela a la citada cadena de televisión norteamericana ultra conservadora, la favorita de Donald Trump.

Daniel Ortega, presidente de Nicaragua.

No dijo nada diferente a repetir la posición oficial de negar la realidad y no tuvo empacho en desmentir sus propias palabras. Además de la negativa a modificar el calendario electoral, Ortega manifestó que el país ha recobrado la calma y aseguró sin inmutarse que no controla ni nada tiene que ver con los grupos paramilitares que siembran el terror. Agregó que los podrían estar financiando cárteles de la droga, posibilidad sobre la que no ahondó ni otorgó mayor importancia.

En cuanto a sus relaciones con la Iglesia Católica, a la que él y su extravagante mujer, Rosario Murillo, han tachado de golpista y terrorista, aseveró que no atraviesan inconveniente alguno y que si el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, es una de las voces más críticas de su gobierno se debe a que no conoce la nación porque llevaba décadas viviendo en el extranjero. "Desde que llegó a Nicaragua llegó con ese discurso porque él no vivió la época de la guerra", apostilló Ortega.

Casi a la misma hora en que emitían la entrevista, los universitarios se manifestaban en Managua, León, Matagalpa y Boaco para celebrar el Día del Estudiante y exigir justicia por los asesinatos de sus compañeros así como la salida de la pareja presidencial. "Que se van, se van", se ha vuelto su consigna. En la capital, miles de ellos, acompañados de gentes de todas las edades y condición social, recorrieron una de las arterias principales para desembocar en la Plaza Rubén Darío, donde cantaron el himno nacional como broche final a su marcha pacífica.

No concluyeron en la UCA (Universidad Centro Americana), situada a poca distancia, tal y como estaba programado, para evitar cualquier riesgo de enfrentamiento con los sandinistas. El Gobierno había organizado de nuevo una contra-marcha con el fin tanto de frenar la de sus opositores como de ofrecer la imagen ante la nación de que el pueblo les apoya. Con camisetas blancas y agitando banderas rojinegras del Frente Sandinista, también clamaron justicia.

Para diversos entrevistados por EL MUNDO, las manifestaciones que promueve el Gobierno están infladas porque obligan a los funcionarios a participar en ellas. "Mi esposa está en una entidad que tiene que ver con el Gobierno y le toca ir", asegura a EL MUNDO un asistente a la manifestación opositora, que perdió su trabajo debido a la crisis económica por los tres meses de revueltas. "Pero la salida a esta situación no es dejar las cosas como están y olvidar, es imposible después de matar a trescientas personas".

Aunque ya casi no hay muertes, siguen creciendo las detenciones o "secuestros", como los denomina la CPDH (Comisión Permanente de Derechos Humanos). De ahí que buena parte de los manifestantes se cubran la cara con pañuelos o máscaras. Según sus datos, se han producido 758 en solo 24 horas, y 120 desapariciones.

"Los grupos paramilitares secuestran a los estudiantes puesto que no media ninguna orden judicial, los entregan a la policía y los llevan a un centro penitenciario sin que nadie se dé cuenta y puedan defenderse", explica a EL MUNDO Dienis Darce, director de Proyectos de dicha organización que realiza un exhaustivo seguimiento a ese tipo de atropello. También les retiraron de la puerta del penal El Chicote, donde tenían un kiosco para atender a víctimas, como hicieron con los familiares de los presos políticos. "Tampoco cumplen la ley que obliga a informar a los familiares en máximo tres horas y dar cuenta de su paradero".

Borrell aconseja no viajar a Nicaragua

Así ocurrió con Valeska Sandoval, estudiante de 20 años, detenida el viernes pasado. Nadie supo de ella hasta que el lunes por la tarde (madrugada en España) guardianes de El Chicote, que antes habían negado que estuviese allí, confirmaron que se encuentra en una celda. Y esa tarde también se conoció que a once universitarios, compañeros de Valeska, los conducían ante un juez. "Lo supimos cuando fuimos a llevar el almuerzo a El Chipote y alguien los vio. Pero no nos dijeron a qué juzgado ni sabemos quién los va a defender o de qué los acusan. Estamos todas corriendo para enterarnos", le comentó angustiada a este periódico la familiar de uno de los presos.

Y en Jinotega, del departamento homónimo fronterizo con Honduras, un sacerdote denunció que los paramilitares atacaron durante horas, hasta las 4 de la madrugada del martes (mediodía en España) el barrio Sandino. Hubo un número indeterminado de secuestrados y heridos. Para la CPDH en lugar de abandonar la represión sin medida, "han activado un nivel máximo de violación de Derechos Humanos".

Pese al optimista panorama que pintó Daniel Ortega, la visión fuera de sus fronteras continúa siendo negativa. "El nivel de riesgo es elevado en todo el país. Ha aumentado la inseguridad como consecuencia del actual conflicto social y político", se puede leer en la página web del Ministerio de Exteriores español. Prevé nuevos enfrentamientos violentos y "problemas de abastecimiento de víveres y combustible". Por tanto, desaconseja viajar a Nicaragua, donde, según agregó el ministro Josep Borrell en rueda de prensa celebrada el lunes en Madrid, se vive "casi en guerra civil". (Salud Hernández-Mora / El Mundo)

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