domingo, 11 de marzo de 2018

17:24:00

Pedro Echeverría V.

1. López Obrador –que se ha pasado amansando y amarrando al tigre- ya no querrá hacerlo si por tercera vez sufre un despojo electoral; y si él no puede calmar al tigre, no creo que el PRI, PAN, PRD y sus cazadores y asesinos, puedan atarlo fácilmente como lo han hecho durante décadas; sólo se podrá entregar si en vez de tigre resulta ser un pinche gatito sin uñas. Espero que AMLO, a lo largo de su campaña electoral, eduque al tigre enseñándole como agruparse para defenderse. “La tercera es la vencida” y AMLO no está dispuesto a soportar una tercera burla “por el bien de la patria”. ¿Estará el tigre de México preparado para sacar las garras con el objetivo de confrontar esa especie de Estado de sitio que han instalado las fuerzas armadas en toda la República?

2. Me encantaría que sea un enorme tigre que haya crecido escondiendo su coraje y agresividad contra aquellos que no le han dado de comer o le dan muy poco con el fin de acumular sus riquezas siempre producto de la explotación y el robo. ¿Tendría razón por un comportamiento salvaje y violento si durante décadas, años, cientos de años, no se han trazado políticas que les garanticen derecho de alimentación, respeto a su trabajo y apoyo solidario a sus necesidades? Siempre he pensado que ese tigre, que no es otra cosa que el pueblo explotado, oprimido, miserable y hambriento, soporta mucho por una mala educación que sólo le ha enseñado a respetar, subordinarse, obedecer y disciplinarse.

3. El pueblo –para que sea realmente un tigre y no un pusilánime gatito- necesita otra educación; totalmente diferente a la que imparte el Estado en sus escuelas públicas y privadas. El pueblo necesita aprender a pensar, a ser crítico y reflexivo; a desobedecer y rebelarse contra las órdenes que busca imponerle la autoridad para seguir tiranizándolo. La iglesia, la escuela, el poder político y económico le han cortado las garras al tigre, pero por los muy malos tratos de las últimas dos décadas por lo menos, el tigre debe estar agazapado esperando dar un salto definitivo buscando la venganza o, por lo menos, la justicia. Así que felicitamos a López Obrador para que empiece a soltar las amarras de esa bestia que lleva cientos de años de cautiverio soportando los salvajes tratos de sus amos. (11/I/18)

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