domingo, 12 de julio de 2015

22:48:00
BUENOS AIRES, Argentina, 12 de julio.- Europa puso ayer a Grecia contra las cuerdas. Ante el riesgo de ir hoy mismo al default y a la salida del euro, con un corralito que dura ya dos semanas y los bancos sin liquidez, los socios de Atenas en la Eurozona forzaron la marcha y aumentaron las condiciones del rescate.

El primer ministro heleno, Alexis Tsipras, negociaba al cierre de esta edición los puntos más duros del documento que habían preparado por la mañana los ministros de Finanzas del euro y que Clarín consultó anoche.

El acuerdo es inédito en Europa. Si Grecia lo acepta y Tsipras en la madrugada no patea la mesa, Atenas pasará a convertirse en una especie de protectorado europeo. El documento, incluso en su redactado, es una humillación para el primer país que se atrevió a rebelarse contra la ortodoxia económica europea impuesta por Berlín desde el inicio de la crisis.

Alemania impuso todo su peso con el apoyo de Finlandia, Eslovaquia y las repúblicas bálticas –algunas fuentes incluyen a España en este grupo. Francia e Italia intentaron suavizar las medidas más radicales, pero apenas tuvieron el apoyo de Luxemburgo, Austria y Chipre.

Wolfgang Schäuble, ministro de Economía de Alemania, en Bruselas. (Reuters)

Si Atenas cumple, el escenario que se le abre es una carrera a toda velocidad contra obstáculos casi insalvables. Antes del miércoles el Parlamento heleno debe aprobar una lista de “medidas prioritarias”: subidas del IVA y recortes de pensiones. Si lo hace, los ministros de Finanzas del euro se reunirían de nuevo, probablemente el miércoles, para pedir a la Comisión Europea que prepare el rescate.

Mientras se negocie, el BCE mantendrá con el mínimo de liquidez necesaria a los bancos griegos, sin permitirles levantar el corralito.

A partir de ahí vendrían las medidas más duras. Se trata de una larga lista de reformas para liberalizar la economía, privatizar puertos, aeropuertos e incluso la última línea roja griega, su empresa nacional de electricidad. Además habrá una reforma laboral que dejaría a los gremios casi sin poder, limitaría las huelgas y facilitaría los despidos colectivos.

También debe agilizar los desahucios, por lo que aumentará el número de griegos sin hogar.

Atenas también tendría que aceptar la creación de un llamado “fondo de privatizaciones” con sede legal en Luxemburgo que sería controlado por los acreedores y en el que tendría que meter activos del Estado valorados en un máximo de 50.000 millones de euros, el equivalente al 27% de su economía. La idea, 100% alemana, serviría para ir reduciendo la deuda con la venta de esos activos. Ese fondo sería la estratagema que haría la deuda teóricamente sostenible y permitiría al FMI seguir participando.

Además, Grecia perdería absolutamente su soberanía fiscal. Los acreedores tendrían que dar su visto bueno a cualquier cambio legislativo que hiciera el ejecutivo heleno y que tuviera algún efecto económico. Tsipras también debe comprometerse a aplicar recortes de gasto automáticos si se desvía en los objetivos de superávit fiscal, que en 2018 no podrá ser inferior al 3,5% del PBI.

Los documentos aseguran que el rescate sería de entre 82.000 y 86.000 millones de euros, de los cuales entre 8.000 y 12.000 saldrían de privatizaciones griegas y del superávit fiscal. El FMI pondría un mínimo de 16.000 millones. Y los bancos griegos podrían llevarse en recapitalizaciones hasta 25.000 millones.

Atenas tampoco consigue ya la reestructuración de la deuda. La única referencia sería una promesa de reestructurarla tras la primera revisión del rescate, nunca antes de finales de este año y nunca con quitas, sólo a través del aplazamiento de vencimientos. Y siempre y cuando Atenas aplique todos los ajustes y reformas prescritas.

Tsipras había hecho hincapié en la necesidad de la reestructuración de los débitos, que suman unos 320.000 millones de euros (el 180% del PBI heleno). Pocos economistas creen que la deuda llegue a pagarse por completo.El Fondo Monetario Internacional dijo la semana pasada que Atenas necesita una quita del 30% de su deuda.

Alemania intentó hasta última hora incluir al final del documento una referencia que por primera vez hubiera puesto por escrito la amenaza de la expulsión griega del euro.

Literalmente: “Se le ofrecerían negociaciones rápidas para una salida temporal de la Eurozona”. Fuentes didiplomáticas contaban al cierre de esta edición que esa referencia se habría caído de la versión final del texto.

Las mismas fuentes acusan a Grecia de haber hecho todo lo posible por perder la confianza de sus socios, pero el redactado y las condiciones del acuerdo parecen tanto una forma de acuerdo durísimo como un intento de poner a Tsipras al borde del precipicio para que su Parlamento rechace las medidas y los europeos puedan expulsar a Grecia –como varios países buscan– sin tomar la decisión directamente. El semanario alemán Der Spiegel decía ayer que el acuerdo es “un catálogo de crueldades”. (Idafe Martín / clarin.com)