sábado, 4 de mayo de 2019

09:54:00
SINGAPUR, 4 de mayo de 2019.- Purificado, ungido y coronado. Tras pasar una serie de elaborados rituales budistas e hinduistas, el rey Maha Vajiralongkorn —nombrado Rama X— se ha convertido este sábado en un semidiós para los tailandeses, erigido como divina representación del budismo en la Tierra, y en una figura esencial, aunque cuestionada, para la futura estabilidad del país, aún sin Gobierno después de que en marzo se celebraran las primeras elecciones tras cinco años de junta militar.

Pese al despiadado calor, miles de personas del país, de mayoría budista, se echaban a las calles este sábado en Bangkok para festejar la primera coronación en casi setenta años. Se trata de la décima de la dinastía Chakri, que reina desde finales del siglo XVIII; la última, en 1950, fue la de Bhumibol, padre de Vajiralongkorn y venerado por su afán unificador en una nación profundamente dividida entre la Tailandia rural, partidaria del opositor Pheu Thai —“los camisas rojas”—, y los urbanitas o “camisas amarillas”, respaldados por el Ejército y la Casa Real.

El rey de Tailandia, Maha Vajiralongkorn, con la reina Suthida, en la coronación. (REUTERS)

El rey Rama X, de 66 años, hacía su primera aparición envuelto en una túnica blanca con remates dorados y medio cuerpo al descubierto. Pasaba a ser purificado por agua que habían bendecido monjes budistas, traída de 117 puntos distintos del país. Después, sentado en un trono octogonal de madera en el Gran Palacio capitalino y vestido con un pomposo traje tradicional en tonos ocres y bordados de oro, el soberano era ungido con aceites. Ocho notables de la escena religiosa y política de Tailandia, entre ellos el primer ministro, el general Prayut Chan-ocha, le ofrecían agua sagrada.
La purificación y el ungimiento daban paso al cénit del día: la entrega de la “gran corona de la victoria”, de más de siete kilogramos, 66 centímetros de alto e incrustaciones de oro y diamantes, que Rama X recibía bajo un exclusivo paraguas de nueve capas que simbolizaba su conexión con la vida celestial. Una salva de 101 cañonazos proclamaba a los cuatro vientos la consagración del rey, convertido en un devaraja (“rey Dios”) y defensor del budismo.

Su esposa y exguardaespaldas, la reina Suthida, cuyo enlace anunció por sorpresa el pasado miércoles, atendía la ceremonia y se postraba para ser bendecida por su esposo.
Despotismo

Aunque es ahora cuando se ha convertido en un rey de pleno derecho, el monarca ocupó el trono hace casi tres años, a la muerte de su padre Bhumibol en octubre de 2016. El retraso de la coronación no es inusual en Tailandia; el mismo Bhumibol reinó durante cuatro años antes de la suya, y se debe a la suma del periodo de luto y el tiempo de preparación para el magno evento.

Durante estos años, Rama X, prácticamente un desconocido hasta 2016 debido en parte a sus largos periodos en el extranjero, ha apuntado hacia un mayor despotismo y concentración de poder que su predecesor. “Él ya ha ejercido de rey. La coronación oficial consolida su reinado y realza su aura como nuevo rey. Ha heredado un trono muy poderoso y su majestad lo está adaptando de acuerdo con sus preferencias”, subraya Thitinan Pongsudhirak, profesor de la Universidad Chulalongkorn de Bangkok.

Quizá una imagen especialmente simbólica de su poder sea la de su nueva esposa completamente posternada ante él, el día que se dio a conocer el matrimonio. Aunque pueda resultar chocante inicialmente, se trata de un ritual centenario: los reyes tailandeses tienen, según la tradición, condición divina y por tanto es necesario mostrarles completa subyugación. El rito de la prostración fue abolido en 1873 por el rey Chulalongkorn, que lo consideraba "excesivamente humillante". Bhumibol, que comenzó su reinado en una época de fragilidad para la monarquía, lo reimpuso y hoy en día se practica como un gesto de respeto hacia el soberano.

A su llegada al trono, entre las preferencias de Vajiralongkorn estuvo la de pasar enseguida a controlar la Oficina de Propiedades Reales, el brazo financiero de la monarquía tailandesa —con activos valorados en decenas de miles de millones de dólares—, gestionado durante décadas de forma independiente. Rama X también modificó la Constitución para poder continuar viviendo fuera, y ha estrechado lazos con el Ejército. Todavía muy eclipsado por su padre, el rey ha forzado su popularidad entre los tailandeses creando un cuerpo de cinco millones de voluntarios que deben saludar uno de sus omnipresentes retratos antes de emprender tareas comunitarias, como limpiar espacios públicos.

También ha reinstaurado entre sus cortesanos la norma de recitar de memoria el Ratchasawat, un código de conducta que data de la corte absolutista de Rama VI (1881-1925) y que exhorta a “no reaccionar ni siquiera al enfrentarse a la ira del rey”. No obstante, una de las medidas más polémicas que protege al soberano y su familia, la ley de lesa majestad que impide las críticas a la Casa Real en un delito penado con entre 3 y 15 años de prisión, se ha aplicado menos desde que ascendió al trono. Este año no se ha presentado aún ninguna denuncia, informa Efe, en contraste con los 13 juicios iniciados en 2014, tras el golpe militar. Aunque no está claro si las cifras indican una mayor benevolencia del sistema o una mayor cautela de los ciudadanos.

Quizás la intervención más directa de Rama X en la vida política tailandesa fue a comienzos de año, cuando su hermana, la princesa Ubolratana, anunció su candidatura a primera ministra para las elecciones del 24 de marzo. El monarca calificó esa decisión de “inapropiada”, lo que forzó la retirada de la propuesta. El partido de Ubolratana, el opositor Thai Raksa Chart, acabó siendo disuelto por el Tribunal Constitucional.

La primera prueba de fuego para comprobar si Rama X ha heredado el talante conciliador de su padre es inminente. Se prevé que el próximo 9 de mayo se anuncien los resultados de los pasados comicios, retrasados por la coronación. Tanto la formación heredera de Prayut como el Pheu Thai del ex primer ministro Thaksin Shinawatra se han proclamado vencedores. “Tras la coronación, la situación política será controvertida y enmarañada. El papel del rey será clave para restaurar algún tipo de nueva normalidad, un nuevo tipo de estabilidad política”, anticipa Thitinan. (Paloma Almoguera / El País)

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