jueves, 7 de febrero de 2019

06:53:00
CARACAS, Venezuela, 7 de febrero de 2019.- «Mire señor Guaidó, usted no ha escuchado el silbido de una bala cerca, no sabe qué se siente cuando una bala pega a tres centímetros». Diosdado Cabello, número dos de la revolución, apuntó y disparó su arsenal dialéctico contra el presidente encargado del país, su principal objetivo, en un intento de recuperar la iniciativa política perdida tras un mes a la deriva.

La amenaza de golpe inminente contra el Parlamento, el bloqueo a la ayuda humanitaria, los intentos de forzar un diálogo-trampa, los llamados «guerreristas» recubiertos de mensajes de paz y la recogida de firmas para esconder el escaso apoyo popular en las calles asoman con brío en la agenda revolucionaria, que también ha cargado de «explosivos» propagandísticos su «artillería del pensamiento».

La espada revolucionaria de Damocles no entiende de treguas, pero el presidente encargado, Juan Guaidó, no se esconde, sabedor de que su país vive un momento trascendental. Ayer le plantó cara a las «amenazas veladas» con esos sonidos (balazos) «a los que nos hemos malacostumbrado, producto de la ineficiencia y corrupción del régimen. No nos van a detener. A pesar de todo eso, seguimos adelante».
 Maduro bloquea la entrada de ayuda a Venezuela  (AFP)

El desafío, jamás vivido en las dos décadas de revolución, ha elevado el tono de los discursos a niveles prebélicos. «Estamos dispuestos a entregar hasta la vida», añadió Cabello, a quien se unió el ex ministro Adán Chávez, hermano del comandante supremo, quien en el mismo foro bolivariano se mostró dispuesto a tomar los fusiles.

«No tengo la menor duda de que ante una ocupación extranjera, los patriotas sacaríamos del alma el coraje y la audacia de los centauros que un día como hoy [por ayer], hace 201 años, a nado de caballo y con lanza en los dientes tomaron las flecheras españolas en Apure», rememoró el ex vicepresidente Elías Jaua, apartado actualmente de la dirección bolivariana, pero presto a luchar por su revolución.
«Pido a Dios que nuestro país no llegue a una invasión porque si llegara las manos de Pedro Sánchez se llenarían de sangre para siempre», culminó por su parte el 'hijo de Chávez'.

Hostigamiento en el Legislativo

Las arengas de los líderes chavistas sucedieron en paralelo a que sus radicales hostigaran de nuevo a los diputados democráticos a las afueras del Palacio Legislativo que comparten, a la fuerza, ambas asambleas. Una práctica habitual desde 2016. A la misma hora, a más de 500 kilómetros, dos columnas de milicianos chavistas recorrían las calles de Sabaneta, pueblo natal de Chávez y cuna de la revolución. El paseíllo acabó con prácticas de tiro en una escuela.

«Está claro que si no fuera por la presión norteamericana, el régimen ya hubiera detenido al presidente Guaidó, eliminado la Asamblea Nacional y apresado a los diputados», constató el padre Luis Ugalde, antiguo rector de la Universidad Católica Andrés Bello y uno de los líderes más respetados del Frente Amplio Venezuela Libre.

El chavismo azuza el temor a la invasión para estrechar sus filas y también para ganar voluntades fuera del país, como ha sucedido durante el supuesto congreso de intelectuales afines, en el que ha participado un grupo de simpatizantes españoles. A la cabeza, el eurodiputado de IU Javier Couso y, como protagonista principal, Katu Arconada, «intelectual de Bilbao y transportista de ideas y valores», como le definió Nicolás Maduro en la televisión chavista. Este militante proetarra, amigo personal de Pablo Iglesias, frecuenta las capitales revolucionarias de América Latina. Actualmente permanece en México como asesor del Gobierno del izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

«Una cosa es llamar al diablo y otra verlo venir de allá para acá contoneándose, son dos cosas distintas», recalcó Cabello, quien dice estar seguro de que tropas estadounidenses aprovecharán el canal humanitario que prepara el Parlamento, para entrar en el país.

Una muralla bolivariana

Un corredor que ya tiene frente a él una muralla bolivariana. Militares chavistas bloquearon ayer con un camión cisterna, un container y un convoy de las Fuerzas Armadas el puente de Las Tienditas, que separa Colombia de Venezuela en la frontera del Táchira. Al otro lado se encuentra el centro de acopio, coordinado por el Gobierno colombiano y por los diputados enviados hasta allí por Guaidó. «Ya hay aviones que han llegado a Colombia, están en trámites para que todo se concentre en Cúcuta», confirmó el canciller del país cafetero, Carlos Holmes.

La ayuda comienza así a concentrarse sin saber cuál será su destino final, a la espera de que el Parlamento haga público su plan. Mientras tanto, prosigue el desastre nacional: la oposición denunció la muerte de 12 niños en Anzoátegui, afectados por vómitos y diarreas.

El equipo de Guaidó considera que en los próximos días el Ejército, más allá de sus generales, tendrá que tomar una compleja decisión: apropiarse de las toneladas de ayuda médica para 250.000 enfermos en grave estado, como ordena Caracas, o permitir su entrada limpia al país. Y todo ello con la sombra encima de tres países (EEUU, Colombia y Brasil), que sólo reconocen las atribuciones presidenciales del presidente de la Asamblea.

De este pulso depende la fecha de disolución del Parlamento. Cabello anunció el martes la creación de una comisión para convocar elecciones parlamentarias «rápido, muy rápido», pese a que el mandato de los diputados acaba en 2021, según la Constitución. «Puede ser una semana, puede ser un día, dos días, ahí veremos», añadió Darío Vivas, presidente de la citada comisión. «A la hora de tomar la decisión no nos temblará el pulso y no nos importará nada de lo que pueda pensar el imperialismo», certificó el constituyente, hombre muy próximo a Maduro.

La revolución también comenzó ayer la recogida de firmas «para entregarlas en la Casa Blanca, junto al pueblo de EEUU, rechazando las amenazas. Vamos a firmar millones para que se escuche la voz de Venezuela y se vaya levantando como ya se ve un ola pacifista», arengó Maduro, una iniciativa cuyo objetivo real es esconder la falta de apoyo popular en la calle. Las encuestas confirman que el nuevo líder de la oposición concentra entre el 75 y el 80% de apoyos nacionales.

En 2015, el chavismo llevó a cabo una iniciativa similar contra el famoso decreto emitido por Barack Obama, que señalaba a Venezuela como una «amenaza extraordinaria». Según el Gobierno, entonces se recogieron 10 millones de firmas, una cifra inflada pero que le supuso a Maduro una subida en su popularidad. (El Mundo)

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