martes, 20 de marzo de 2018

11:46:00
PARÍS, 20 de marzo de 2018.- El expresidente francés, Nicolas Sarkozy, se encuentra desde aproximadamente las 9 de la mañana del martes bajo custodia policial. La retención, que puede prolongarse hasta 48 horas, se enmarca en una investigación sobre la posible financiación libia de la campaña electoral de 2007, que le llevó al Palacio del Elíseo. Testimonios y documentos apuntan a que Sarkozy recibió 5 millones de euros del régimen de Muamar el Gadafi.

El expresidente de 63 años, hoy semirretirado pero todavía influyente en la derecha francesa, lo niega.

La retención de Sarkozy en las dependencias de la Oficina anticorrupción de la policía judicial en Nanterre, en las afueras de París, se suma a otros casos pendientes por financiación ilegal o corrupción que le persiguen desde que abandonó el poder en 2012. En 2014 ya fue retenido e interrogado durante 18 horas. Pero esta es la primera vez que la Justicia le interroga específicamente sobre sus relaciones con la Libia de Gadafi y la madeja de contactos, favores y maletas repletas de divisas que, tras las revelaciones del diario Mediapart en 2012, motivaron la apertura de una investigación judicial.

El expresidente francés Nicolas Sarkozy.

Según la legislación francesa, una persona puede ser privada de libertad para que la policía o el juez lo interrogue “únicamente si existe una o varias razones plausibles para sospechar que ha cometido o intentado cometer un crimen o un delito castigado con una pena de prisión (y no con una simple multa)”.  Al final del periodo de interrogación (garde à vue, en francés), el detenido puede salir en libertad o comparecer ante el juez o al fiscal para que tome una decisión sobre su eventual inculpación.

El eurodiputado Brice Hortefeux, exministro del Interior cuando Sarkozy era presidente y fiel colaborador suyo, también fue interrogado, aunque en calidad de "sospechoso libre", lo que le evita la detención.

El único expresidente francés condenado durante la V República, el actual régimen constitucional fundado en 1958, es el antecesor de Sarkozy, Jacques Chirac, por el caso de los empleos ficticios en la alcaldía de París.

Las sospechas sobre Sarkozy y su equipo se apoyan en testimonios como el del intermediario franco-libanés Ziad Takieddine que asegura que entre noviembre de 2006 y enero 2007 entregó el dinero para financiar la campaña de Sarkozy a este, que entonces era ministro del Interior, y a su jefe de gabinete, Claude Guéant. Lo llevó, entre tres viajes distintos, en un maleta llena de billetes de 500 y 200 euros, según los periodistas de Mediapart Fabrice Arfi y Karl Laske, autores del libro Avec les compliments du guide. Sarkozy-Khadafi, l'histoire secrète. La versión oficial, escriben Arfi y Laske, es que el dinero era un pago de Libia al Ministerio francés de Interior a cambio de la formación de agentes libios.

Le Monde recuerda que Abdallah Senoussi, exjefe de los servicios de espionaje militar libios, confirmó el testimonio de Takieddine, así como documentos en manos del exministro del Petróleo de este país, Choukri Ghanem, que murió ahogado en el Danubio, en Viena, en 2012.

Arfi y Laske revelaron el mismo año un documento, atribuido al dirigente libio Moussa Koussa, que supuestamente acredita un acuerdo para que Libia financiase con hasta 50 millones de euros la campaña de Sarkozy. “Que Sarkozy devuelva el dinero que ha aceptado de Libia para financiar su campaña electoral”, dijo en 2011 Saif Al-Islam Gadafi, hijo del líder libio.

Guéant y Takieddine ya han sido inculpados por el caso.

"¡Qué indignidad!", lanzó Sarkozy en un debate electoral en noviembre de 2016, cuando el moderador le preguntó por la financiación de la campaña de 2007. "A usted no le da vergüenza dar eco a un hombre [Takieddine] que ha estado en prisión, que en innumerables veces ha sido condenado por difamación y que es un mentiroso".

Sarkozy estrechó sus contactos con Muamar el Gadafi en 2005, después que Francia y sus aliados levantasen las sanciones que pesaban sobre este país. No era atípico en este momento el afán por ver al dictador libio. Era un momento en que otros dirigentes europeos buscaban retomar el contacto con este país después de años de aislamiento diplomático. En 2003, el entonces presidente español, José María Aznar, fue uno de los primeros líderes occidentales en visitarlo.

Siendo ministro del Interior, Sarkozy se reunió cara a cara y con la única presencia de los intérpretes, con el líder libio en Trípoli. El encuentro duró tanto que, según Mediapart, el embajador francés en Trípoli, Jean-Luc Sibiude, le comentó a la intérprete francesa: "¡Qué de cosas han debido decirse!" Interrogada por los jueces y la policía, la intérprete no reveló el contenido de la conversación entre Sarkozy y Gadafi, alegando el secreto profesional y la desmemoria.

La victoria electoral de Sarkozy en 2007 intensificó la luna de miel con un dictador que hasta años antes había sido un paria internacional, acusado de financiar el terrorismo contra países occidentales. El momento más dulce en la relación —o embarazoso— ocurrió en diciembre de aquel año, cuando Gadafi, de visita a París, instaló su tienda en el jardín junto al Elíseo.

La relación se deterioró. En 2011 Sarkozy encabezó la iniciativa para intervenir militarmente en la guerra en Libia. No había líder occidental más beligerante con Libia en aquel momento.

Y fue entonces cuando varias personalidades del régimen, con Gadafi al frente, empezaron a amenazar con revelar un "grave secreto", primero, y en seguida a explicar que Libia había financiado la campaña del presidente francés.

La intervención precipitó la caída del régimen, la posterior muerte de Gadafi y un conflicto que ha convertido al país en un foco de inestabilidad en la orilla sur del Mediterráneo. Un año después, Sarkozy perdió las elecciones de 2012 ante el socialista François Hollande.

Un jubilado muy activo

Al contrario que otros expresidentes, Nicolas Sarkozy ha abandonado la política. Después de dos años apartado de la vida pública tras salir del Elíseo, en 2014 regresó para liderar la UMP, el gran partido de la derecha rebautizado como Los Republicanos, y se presentó a las primarias para ser candidato a las presidenciales de 2017. Quedó eliminado en la primera vuelta.

Sigue siendo un referente en la derecha francesa. Desde su despacho en la calle Miromesnil, a 800 metros del Palacio del Elíseo, observa Francia y el mundo. En ocasiones interviene.

En febrero regañó al nuevo líder de su partido, Laurent Wauquiez, por decir que, cuando era presidente, espiaba los teléfonos portátiles de sus ministros. A principios de marzo, en un coloquio en Abu Dabi, reflexionó sobre la ausencia de grandes líderes en las democracias y la fortaleza de los dirigentes autoritarios como el chino Xi Jinping o el ruso Vladímir Putin.

"¿Cuál es el problema de las democracias? Que las democracias han podido convertirse en democracias con grandes líderes: De Gaulle, Churchill...", dijo Sarkozy, que no ha escondido su admiración por el actual presidente, Emmanuel Macron. "Pero las democracias destruyen los liderazgos". (Marc Bassets / El País)

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