jueves, 24 de agosto de 2017

16:26:00
MIAMI, 24 de agosto de 2017.- Florida prevé ejecutar hoy por primera vez en su historia a un blanco por el asesinato de un negro. Mark James Asay, de 53 años, recibirá la inyección letal en el corredor de la muerte de la prisión de Raiford a las seis hora local, si no interceden antes un tribunal o el gobernador del estado. Asay está sentenciado a la pena capital por matar a tiros en 1987 al afroamericano Robert Lee Booker, de 34 años, y a Robert McDowell, de 26.

Cuando le impusieron la pena, en los documentos judiciales McDowell también figuraba como negro. Más tarde se supo que en realidad era blanco-hispano. El tribunal corrigió el dato pero mantuvo la sentencia a muerte.

Nunca antes en 190 años de ejecuciones en Florida –la primera, en 1827, un soldado ahorcado por homicidio– había sido ajusticiado un hombre blanco por un crimen racial, mientras que desde la reinstauración de la pena de muerte en 1976 en este estado han sido ejecutados 18 negros por matar a blancos. Desde ese año, en todo EE UU han recibido pena de muerte 20 blancos por matar a negros y 288 negros por matar blancos.

Mark James Asay, condenado a muerte en Florida. (REUTERS)

Al amanecer del 18 de julio de 1987, Asay, tras una noche de borrachera en Jacksonville (norte de Florida, zona sureña de tradición racista) fue por las calles con su hermano y un amigo a buscar sexo oral pagado. Primero, su hermano, dentro del coche, se detuvo a hablar con Lee Booker. Entonces Asay se acercó y disparó en el estómago al prostituto negro, que huyó pero acabó muriendo desangrado en un callejón.

El amigo, impactado, le preguntó porque había hecho eso y Asay respondió, según testificó el primero: "Porque a los negros hay que enseñarles quién manda".

Después se encontraron con McDowell, un travesti conocido por amigos y familiares como René Torres. En medio de la discusión de la tarifa por el servicio se desató una discusión, Asay sacó el arma y mató a McDowell de seis tiros.

En una entrevista esta semana en el corredor de la muerte, el preso reconoció que había asesinado a McDowell pero no a Booker, y afirmó que no era racista, pese a sus expresiones de odio el día de los crímenes y a que por entonces llevaba tatuada una esvástica, el símbolo nazi. Dijo que de joven estando en la cárcel se metió en una banda de presos que eran racistas y se la grabó en la piel para estar a bien con los demás, y que a posterior empezó a tapársela con la ropa, hasta que un día se la borró quemándola.

El día de ejecución de Asay coincide con la consternación nacional por el auge en el espacio público de los grupúsculos del supremacismo blanco, envalentonados según los analistas por la retórica xenófoba y discriminatoria del presidente Donald Trump.

El sesgo racial sigue lastrando a la sociedad americana. Igual que es tres veces más probable que un negro reciba pena de muerte por matar a un blanco que viceversa, según un estudio de la ONG sobre justicia criminal Marshall Project –40.000 homicidos analizados entre 1980 y 2014– un 17% de las veces que un blanco ha matado a un afroamericano el tribunal lo ha encontrado justificado y no ha habido consecuencias legales, un porcentaje de exculpación ocho veces superior a los homicidios con otras combinaciones raciales.

El último ejecutado en Florida fue en enero de 2016 Oscar Ray Bolin Jr., asesino en serie blanco de 53 años. Después la pena fue paralizada en este estado durante más de un año por orden judicial hasta que su congreso modificó la ley para que no se pudiera dictar dicha sentencia si no había unanimidad absoluta en el jurado de 12 miembros. Si Mark James Asay recibe la inyección esta tarde será el 24º ejecutado –número récord en un solo mandato en Florida– con el actual gobernador, Rick Scott, republicano y radical defensor de la pena de muerte.

Sería, además, el primero en morir por inyección de una combinación química que incluye etomidato, un anestésico que no se ha usado nunca en una ejecución. Por razones éticas o de imagen las principales farmacéuticas han ido dejando de vender a los 32 estados con pena de muerte las sustancias idóneas para el cóctel letal y a estos les resulta cada vez más difícil contar con los componentes necesarios. En los últimos tiempos ha habido ejecuciones muy tortuosas, con largas convulsiones de los reos, atribuidas al uso de fármacos inapropiados. La Constitución de EE UU prohibe los sufrimientos excesivos durante la aplicación de la pena capital. (Pablo de Llano / El País)

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