jueves, 13 de junio de 2019

06:03:00
Formación Cultural y Religiosa de Juan Bosco Abascal Carranza en el Ámbito Familiar:

Nací, gracias a Dios, en un entorno familiar riquísimo en personajes de alto nivel histórico, intelectual, ético, y dedicado al Catolicismo Militante. Mi abuelo, Don Adalberto Abascal y del Río, influyó para siempre en mí con sus maravillosos, dramáticos y estimulantes relatos sobre la guerra cristera. El Lic. Adalberto Abascal y del Río, padre de Don Salvador, mi padre, fue el brazo derecho del canónigo Don Luis María Martínez, quien creó la “U”. Así se denominaba a la “Unión”, integrada por los católicos que veían serias amenazas a su fe en la corrosiva acción masónica que descarada o insidiosamente ejercía la Masonería, desde la cúpula del Poder Oficial. Fue el “Primer Jefe”, secreto, de la “U”, que era el brazo civil del Ejército Cristero. Este extraordinario y perseguido personaje de leyenda vivió los últimos años de su vida refugiado en mi propia recámara.

Don Salvador Abascal Infante.

Nunca dejó de narrarme, en sus largos ratos de elocuente y divertida lucidez –con lujo de vdetalles– la epopeya de la cual había sido discreto y eficaz líder. Al menos como él la había vivido y arrostrado: como una espartana guerra vivida hasta morir por Dios, la Familia y la Patria. Sin embargo, Don Adalberto se decepcionó hondamente con los arreglos que alcanzaron los cristeros en 1929, ya que la "U" era el brazo civil de un ejército que había fungido como enlace estratégico, prestando sus invaluables servicios al brazo armado de los cristeros.

De su elocuente y lúcida voz –como impotente testigo, astuto espía, jefe máximo, genial estratega y actor principalísimo– comprendí con toda certeza que aquella fue una guerra asimétrica. Por un lado, la casi omnipotente y global Masonería –apoderada de México desde siglos atrás, dueña de inmensos territorios, riquezas, poder y de docenas de Naciones– y por el otro lado el pueblo mexicano, católico ferviente en aquella lejana época. Infortunado pueblo que hoy está en su mayoría bautizado, pero que vive como ex cristiano y neopagano, debido a las deletéreas costumbres instaladas en él desde la
Cúpula Global, cobardemente aceptadas por todos los partidos que se reparten las migajas del botín.

Después de escuchar las arengas y las historias de mi abuelo con singular atención, admiración y cariño, tal vez durante años enteros, a lo largo de los cientos de tardes y muchas noches de mi preadolescencia, concluí que aquel conflicto armado nunca debía repetirse, sino utilizar otras trincheras: la cátedra, a partir de la investigación histórica, psicológica, teológica filosófica, sociológica, y la literatura, además de la veta novelística.

Por esa razón, otro personaje que influye de modo rotundo en mi formación comocatólico militante, es mi propio padre, Don Salvador Abascal Infante, “El Mexicano que Desafió a la Revolución”, según lo narra en el libro de ese nombre el Doctor en Historia Rodrigo Ruiz Velazco Barba.

Mi padre fue a la vez heredero y cabeza de una familia con una importante trayectoria política opuesta al Sistema masónico liberal priista. Fundó la UNS, Unión Nacional Sinarquista, que llegó a incluir a los católicos más importantes del país, quienes estaban decididos a frenar el principal propósito masónico: la destrucción de la Iglesia Católica.

Mi padre comenzó a darme clases formales de Teología y Filosofía desde los seis años, al comenzar mi preparación para la Primera Comunión.

También me preparó con un altísimo nivel de exigencia, mi padrino, el Pbro. Juan Bosco Carranza Chávez, hermano de mi abuelo materno, que era doctor en Teología.

Otra persona que influyó mucho en mi preparación filosófica y teológica fue el Pbro. Don Juan Manuel Abascal Infante, hermano de mi padre, de quien muy joven leí sus artículos escritos para la Diócesis de Morelia. Michoacán.

Mis amigos eran todos adultos, y cada ocho días, durante muchos años, visitaron mi casa, y yo participaba como un adulto más en sus tertulias, siempre de alto nivel intelectual: Don José Vasconcelos, Don Manuel Gómez Morín, Don Alfonso Junco, Don Alfonso Trueba, Don Carlos Alvear Acevedo, todos historiadores profesionales de enorme talla moral, y siempre opuestos al sistema masónico. Toda su producción literaria yo ya la había absorbido y asimilado antes de los 15 años de edad, y me divertía mucho enseñándoles a mis maestros de la secundaria y la prepa asuntos de los que no tenían la menor idea. Porque, además:

Desde los 9 años de edad, hasta los 21, trabajé como corrector de pruebas y de estilo en “Editorial JUS”, y después, de manera intermitente, pero frecuente, en “Editorial Tradición” –empresa de mi padre– en donde durante décadas, leí, estudié y aprendí toda la producción bibliográfica de esas casas editoriales.

Fueron y son varios miles de producciones literarias, históricas, filosóficas, teológicas, novelísticas, etc., de autores como José Vasconcelos, Alfonso Trueba, Alfonso Junco, Carlos Alvear Acevedo, Salvador Abascal Infante, Santo Tomás de Aquino, Jacques Ploncard D'Assac, San Agustín, Monseñor Schlarman, Biblioteca de Autores Católicos, y docenas más de categoría similar a los citados, que forman un acervo cultural e intelectual no accesible en las universidades de ninguna parte del mundo.

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