sábado, 11 de mayo de 2019

10:14:00
LISBOA, Portugal, 11 de mayo de 2019.- Portugal tuvo el año pasado 26.000 habitantes menos que en 2017. No sería grave si a ese descenso no se le añadieran las bajadas de los últimos 10 años, hasta llegar, con algún repunte ocasional, a una población similar a la de finales del siglo pasado: 10.291.000 habitantes. El año pasado nacieron 87.000 portugueses y murieron 113.000, según el INE luso.

Con menos nacimientos que fallecimientos año tras año, Ana Fernandes, presidenta de la Asociación Portuguesa de Demografía, reconoce que la estructura poblacional está cada vez más envejecida, algo que incrementa el riesgo de desaparición. El portugués no es que sea propenso a morirse, todo lo contrario, según los datos oficiales, en el último año, el 59,3% de los óbitos era de mayores de 80 años.

“En una situación límite, no habiendo sustitución de generaciones", ha declarado Fernandes a la radio TSF, "una población tiende a extinguirse y es lo que está ocurriendo en Portugal, que se encuentra muy envejecido, por lo que habrá tasas de mortalidad cada vez mayores", que no se verán compensadas con los nacimientos.


En 40 años, la tasa de natalidad de Portugal ha pasado de ser la más alta de Europa a una de las más bajas, según los datos del centro de estadísticas europeas, Eurostat. El pasado año nacieron 8,4 niños por cada 1.000 habitantes, solo superior a las tasas de España, Grecia e Italia.

Según el estudio Sustentabilidad del sistema de pensiones, publicado hace unas semanas por la Fundación Francisco Manuel dos Santos, en el año 2070, la población habrá descendido un 23%, para quedarse en 7,9 millones de personas, mientras que la población en edad activa bajará un 36%; es decir el 34% de la población activa mantendrá al 66% de los portugueses, una situación insostenible para el pago de las jubilaciones. La seguridad social entrará en déficit crónico a partir de 2027, según el portavoz del proyecto Amílcar Moreira.

La demógrafa Maria João Valente Rosa es partidaria de acabar con los convencionalismos de la edad, hasta los 14 joven; de ahí hasta los 64 trabajador y desde los 65 anciano. Un covencionalismo internacional que sirve para homogeneizar estadísticas, pero que en el siglo XXI, el siglo del conocimiento, parece poco comparable a la época fabril en que fueron establecidos los tres tercios de la vida humana.

La solución para asegurar las pensiones pasa por diferentes frentes, según la Fundación Manuel Dos Santos, aunque el más socorrido e impopular pasa por el aplazamiento de la jubilación que, en Portugal, ya va a estar en los 67 años. Otra medida es aumentar de los 55 actuales a los 60 años la edad de prejubilación o subir los impuestos sobre los salarios. La experta Susan Peralta recuerda que los sueldos solo pagan el 40% de las pensiones así que habrá que recurrir a otras medidas, entre ellas el fomento de la inmigración que, de momento, pese a la buena voluntad del Gobierno, no llega. Mientras se deciden, cada día hay 365 portugueses menos. (Javier Martín del Barrio / El País)

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