sábado, 4 de mayo de 2019

08:12:00
Por Dolors Monserrat / ABC

Algo cambió en Venezuela el pasado 30 de abril. Las camionetas blindadas que arrollaban a la población civil son la prueba de un régimen despótico que actuaba con la desesperación de saberse al borde del precipicio. Son los tanques soviéticos apagando la primavera de Praga. Son los ecos de la plaza de Tiananmen. Sin embargo, este momento histórico acabará bien. La democracia vencerá pacíficamente y la liberación de Leopoldo López será el paso previo a la liberación de todo el pueblo venezolano. La Operación Libertad es el grito de esperanza de un pueblo que no se resigna a seguir viviendo bajo el yugo de la tiranía. Es un basta ya al terror y a la represión ejercida por el ilegítimo gobierno venezolano, repudiado en todo el mundo democrático.

Las noticias que nos llegan de Venezuela -impresionantes las fotografías y los vídeos de los reportajes del ABC- encogen el corazón de cualquier demócrata, de todas las mujeres y hombres de bien, por lo que nadie puede permanecer impasible ante este atropello a la libertad, a la democracia y a los Derechos Humanos que está perpetrando el régimen de Nicolás Maduro. El paso dado en Venezuela por la oposición democrática, cuya valentía admira medio mundo, no va a caer en saco roto. Y aquí quiero destacar la fuerza y el liderazgo de mujeres ejemplares como Lilian Tintori, María Corina Machado, Mitzy Capriles y tantas otras. La dignidad y el coraje de las mujeres venezolanas son la piedra que detiene al chavismo y la primera piedra sobre la que se construirá la Venezuela del futuro.

Pero ahora el tiempo juega en contra de un pueblo venezolano exhausto por la escasez y el sufrimiento. Y España y Europa no pueden quedarse de brazos cruzados. Es necesario el cese inmediato de la usurpación, un gobierno de transición y la convocatoria de elecciones libres. En este sentido, los populares lideramos en la Unión Europea el establecimiento de una posición única en apoyo a los demócratas venezolanos. No puede ser de otra manera. Los valores de Europa -la libertad, la democracia y el Estado de derecho- así nos lo exigen. Y así lo han entendido también las democracias de ambos lados del Atlántico al reconocer a Juan Guaidó como presidente encargado del legítimo Gobierno venezolano.


En la fijación de la posición europea común, España debe tener un papel central y protagonista, ya que Venezuela es para nosotros mucho más que un país hermano. Para miles de canarios y gallegos, Venezuela es su otra patria. Y tristemente hoy también para miles de venezolanos España es su nuevo hogar debido a una diáspora que no deja de crecer. Una diáspora de varios millones de venezolanos a los que no podemos desatender y me gustaría destacar y poner en valor el apoyo de países vecinos, como Colombia, Perú, Chile o Ecuador, que están dando al mundo una auténtica lección de solidaridad.

Uno de los motivos por los que me llena de orgullo encabezar la candidatura del Partido Popular a las próximas elecciones europeas es la presencia destacada en la misma de Leopoldo López, padre del líder demócrata venezolano del mismo nombre que fue galardonado en su día con el premio Sajarov que concede el Parlamento Europeo a los defensores de la libertad y los Derechos Humanos. La presencia de Leopoldo López en las listas del PP no es solo un símbolo, Leopoldo será, a partir del 26 de mayo, la voz del pueblo venezolano en Europa y el Partido Popular Europeo seremos su incansable coro. Ojalá el compromiso con la libertad del PP fuera compartido por todos los partidos de nuestro país. Y es que a millones de españoles nos abochorna e indigna el apoyo de la extrema izquierda y del independentismo al dictador Maduro y a su corrupto régimen. Una extrema izquierda española que es infatigable luchadora contra dictaduras del pasado, pero entusiasta cómplice de las de hoy en día. Y, por ello, siguen poniéndose al lado de la represión y de los represores, sin fisuras y sin escrúpulos. Una extrema izquierda que parece dispuesta a sacrificar el futuro de un pueblo en el altar de una ideología totalitaria que nunca en la historia ha traído nada más que desesperación, dolor y pobreza. Por ello, el Gobierno de España, sumido en un silencio clamoroso, no solo debe garantizar la seguridad de Leopoldo López y los suyos; sino que debe liderar el apoyo europeo a la recuperación de la democracia venezolana y explicar de inmediato a los españoles y a toda la comunidad internacional qué es lo que está sucediendo en Caracas.

Hace pocas décadas nadie hubiera imaginado una situación así. Un país rico en recursos naturales y humanos, que gozaba de una clase media envidiable, ha degenerado en un narco-Estado de pobreza y desigualdad extremas. Es esta una triste lección para aquellos que dan por supuesta la libertad y la democracia. No, no están garantizadas. Son frágiles y deben ser cuidadas con esmero, también en nuestra Europa, asediada hoy por populismos y separatismos que desprecian el valor del pluralismo y de la ley. Cuando se abandona el respeto al Estado de derecho y se elige el cómodo camino de la irresponsabilidad, la libertad se resiente y más pronto que tarde la democracia degenera en autoritarismo.

Hoy los españoles debemos lanzar un claro mensaje a todos los venezolanos: no estáis solos. Vuestra causa es nuestra causa. Es la causa de las sociedades abiertas. Una causa invencible, porque la arropan la razón, la dignidad humana y la Historia. Como cayó el muro de Berlín, caerán también los muros bolivarianos que ahogan a Caracas, Managua y La Habana. Como cayeron tantos dictadores a lo largo de los años, así caerán Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Estoy segura de que muy pronto en la caraqueña plaza de Altamira y en todas las plazas venezolanas oiréis a las jóvenes orquestas de Venezuela interpretar la Novena Sinfonía de Beethoven. Símbolo universal de la libertad, la paz y la solidaridad. ¡Viva Venezuela en libertad!

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