sábado, 6 de octubre de 2018

11:12:00
Azhar Goraya

El Islam no enseña violencia. Sería un error declarar que los musulmanes deben librarse guerras físicas en esta era con el fin de difundir la fe y la piedad. La espada, en lugar de revelar las bellezas y excelencias de la verdad, las oculta y las cubre en la ambigüedad. Aquellos que sostienen estas creencias son los enemigos, no los amigos del islam. Son de carácter tacaño y carecen de fibra moral; sus corazones están envueltos en la incertidumbre, son crédulos e ignorantes, y proporcionan a los opositores del islam la oportunidad de objetar que el avance del islam depende de la espada. Esta creencia va en detrimento del islam. Ninguna religión tiene que recurrir a la fuerza cuando es capaz de establecer su verdad a través de argumentos racionales, testimonios indiscutibles, y signos celestiales. Por otro lado, no se requiere ningún otro argumento para falsear una religión que no posee estas cualidades y se vuelve hacia la espada para compensar su propia debilidad. Tal religión es, en efecto, matada por su propia espada.

Los críticos objetan equivocadamente que si la Yihad se considera ilegal en estos días, en esta época, ¿por qué se practicaba en los primeros días del islam? Estas personas no parecen ser conscientes de que el islam rechaza el uso de la fuerza para difundir la religión bajo cualquier circunstancia. El Sagrado Corán dice categóricamente “no cabe la coacción en la religión.” La espada fue levantada [por los primeros musulmanes] porque los salvajes de Arabia, que habían perdido todo sentido de la moral y de los valores humanos, se habían convertido en los enemigos acérrimos del islam. Cuando la unidad de Dios y la verdad del islam se les mostró a través de argumentos inequívocos, y se les explicó que la idolatría era errónea y atentaba contra la dignidad del hombre, no fueron capaces de contrarrestar estos argumentos. Los sensatos de entre ellos, por lo tanto, se inclinaron hacia el islam lo que resultó en la separación de hermanos entre hermanos, e hijos de sus padres.

En este punto, los idólatras se dedicaron a castigar severamente a los que se convirtieron en musulmanes como una manera de preservar su falsa religión y disuadir a la gente del islam. Estos crímenes fueron perpetrados por los jefes de la Meca, siendo Abū Yahl uno de ellos.

Los que están familiarizados con la historia temprana del islam son sin duda conscientes de la crueldad y la barbarie que fue perpetrada por los oponentes de la Meca, y el número de personas inocentes que fueron asesinadas como resultado de ello. Pero esto no impidió que la gente abrazara el islam. Incluso aquellos de inteligencia limitada podían ver que sus enseñanzas eran mucho más racionales y convincentes que las de los adoradores de ídolos. Cuando los oponentes vieron la inutilidad de sus esfuerzos, decidieron que la única solución era asesinar al Santo Profetasa, pero Dios lo rescató de sus manos y lo condujo a Medina en condiciones de seguridad.

Los mequíes, sin embargo, persistieron en sus malas intenciones, y continuaron sus esfuerzos para matarlo, incluso en Medina. Bajo estas circunstancias, los musulmanes tuvieron que defenderse a sí mismos y luchar contra los que los atacaron injustamente. Las guerras islámicas no se libraron para difundir la fe, sino sólo para proteger las vidas de los musulmanes. ¿Puede cualquier persona razonable creer que el islam era incapaz de demostrar la Unicidad de Dios ante los idólatras —que adoraban ídolos de piedra y otros objetos inanimados, absortos en todo tipo de vicios— y que tuvo que recurrir a la espada por este motivo? ¡Dios nos perdone! Estas acusaciones no tienen fundamento y quienes las realizan, hacen una gran injusticia al islam ocultando la verdad.

Para aprender más acerca del Islam puede asistir a los reuniones acerca del Islam, oraciones, clases de árabe, estudios del Corán, Hadiz, libros del Mesías Prometido y clases de predicación.

La Mezquita de la Comunidad Musulmana Ahmadía (Calle 60 x 51 No. 453ª, Centro de Mérida, Yucatán)
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