miércoles, 30 de mayo de 2018

13:36:00
Pedro Echeverría V.

1. Los estudiantes yucatecos son muy pacíficos; no llegan al grado de los estudiantes de la UNAM que en 1960 dinamitaron la estatua del expresidente Miguel Alemán en la explanada de rectoría; tampoco llegan al nivel de los campechanos que derribaron la estatua del expresidente López Portillo en 1984 en una avenida de entrada a la ciudad; menos son como los veracruzanos que destruyeron la estatua de Fox y le mocharon la mano, en 2007 a la salida de la ciudad y puerto de aquel estado. Los yucatecos –aunque amenazaron tirarlo el 12 de octubre de 2010- llevan 18 años descontentos con el monumento al conquistador y asesino español Francisco de Montejo que el gobierno municipal panista colocó en 2010 porque así se lo pidieron los adoradores de la conquista.

2. Hoy se publicó que en carta enviada a La Jornada Maya, alumnos de la UNAM, Yucatán, propusieron que la estatua de los Montejo, al inicio del Paseo de Montejo, sea sustituida por un árbol de Ceiba, porque representa los valores de la tierra yucateca y no sepulta la memoria de un pueblo como el maya. Señalan: “El árbol sagrado maya de la ceiba fue nuestra elección, ya que desde tiempo inmemorial este gigante de la naturaleza ha formado un eje central en la cosmovisión peninsular: significa vida, perpetuidad, grandeza, bondad, fuerza y unión, valores que compartimos y aspiramos todos los que han nacido aquí, o que vinimos a vivir en la ciudad de Mérida”, expresan.

3. En Yucatán muchas personas, desde hace décadas, han ligado al árbol de la Ceiba con los muy variados cuentos y leyendas sobre La Xtabay. Algunos narran que las dos mujeres que figuran en los cuentos nacieron de ese grande y frondoso árbol; que sus engaños y maldades están ligados a él; pero otros dicen que esa dos mujeres –de quienes se ha dicho, “engañaban a los hombres”- sólo descansaban y jugaban debajo de esa maravillosa planta llena de hojas y gran sombra, que eran tan bellas con sus largos cabellos y vestidos humildes, que todos los hombres vivían ilusionados de sus caricias que nunca llegaban porque no eran seres reales.

4. “¿Qué memoria glorifica el monumento dedicado a los Montejo?, se preguntan los estudiantes; ¿es un ejemplo de justicia y madurez histórica para honrar a los ilustres varones que nos incorporaron a la civilización occidental, como recalcó el señor Juan Peón Ancona en su discurso de inauguración?”. “O ¿genocidio y etnocidio contra el pueblo maya, al cual los españoles quisieron dominar a la fuerza? Sentimiento también reflejado en las palabras del autor del Chilam Balam de Chumayel: Los muy cristianos llegaron aquí con el verdadero Dios, pero ese fue el principio de nuestra miseria. Cita que hace pensar que este monumento, más que recordar a los Montejo, sepulta la memoria de un pueblo”.

5. La conocida “Guerra de Castas” de mediados del siglo XIX, plenamente ligada a la separación de Campeche en 1848 de Yucatán y a la separación de Quintana Roo en 2001, no fue otro acontecer que un enfrentamiento entre “indígenas y blancos” porque los primeros eran expulsados de sus tierras por quienes contaban con más poder. Esa Guerra indígena  que llegó hasta los alrededores de Mérida y estuvo a punto de ocuparla, logró apoyo del ejército mexicano que consiguió arrinconar a los indígenas en las altas selvas del oriente. En 1901, el dictador Díaz ordenó la matanza de indígenas dando paso a la fundación del territorio de Quintana Roo. Hoy para gloria de los asesinos de indígenas un parque frente al mercado de Mérida lleva el nombre de un asesino: Eulogio Rosado, otro monumento pendiente con otra Ceiba. (30/V/18)

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