domingo, 27 de noviembre de 2016

14:36:00
PARÍS, Francia, 27 de noviembre de 2016.- Los resultados parciales en las elecciones primarias de la derecha francesa dieron una fuerte ventaja al ex primer ministro François Fillon sobre Alain Juppe, un dirigente moderado que acusó a aquel de hacer el juego al populismo antiinmigrante y antimusulmán.

Escrutadas el 20% de las mesas electorales, los organizadores de la primaria del partido Republicano dijeron que Fillon tenía el 69,5% de los votos contra 30,5% para Juppe. Es la primera vez que el partido realiza una elección primaria y todavía no se puede pronosticar el resultado final, aunque las encuestas daban ventaja a Fillon.

El ganador de la votación podría terminar enfrentándose a la líder del partido de ultraderecha Frente Nacional, Marine Le Pen, que se apoya en el sentimiento contra los migrantes, los musulmanes y la élite política para intentar llegar al Palacio del Elíseo en los comicios previstos para abril.

Si ninguno de los aspirantes logra una mayoría, los dos más votados se medirán en una segunda vuelta un mes más tarde.

Se espera que el actual presidente, el socialista François Hollande, anuncie en las próximas semanas si optará o no a la relección. La posición de la izquierda francesa se ha debilitado debido a la elevada impopularidad del mandatario. Por contra, Fillon ha experimentado un aumento de la suya en las últimas semanas. Promueve valores familiares tradicionales y dice que planea reducir la inmigración a Francia "al mínimo".
Ex Primer Ministro francés, François Fillon, venció a Alain Juppe en segunda vuelta de primarias para elegir candidato presidencial. (AFP)

Cualquier personalidad es mucho más compleja de lo que parece. La vida de François Fillon podría resumirse en pocas palabras: hijo de notario de provincias, católico, político conservador desde la juventud, contrario al matrimonio homosexual, tiene un carácter tranquilo y gran capacidad de diálogo. Podría, sin embargo, hacerse otro breve resumen: expulsado de dos colegios por gamberro, piloto automovilístico, dedicado a la política por afecto a un diputado homosexual que murió literalmente en sus brazos, es testarudo y propenso a terribles accesos de ira.

François Fillon nació en 1954 en un pueblecito del Loira. El padre, notario; la madre, historiadora. El abuelo, mecánico en el circuito de Le Mans. Fue expulsado de dos colegios católicos, una vez por lanzar en clase una bomba lacrimógena, la otra por organizar una manifestación contra una profesora. Quiso ser periodista y realizó prácticas en las oficinas de la agencia France Presse en Bruselas y Madrid, pero acabó graduándose en Derecho.

Su padre, veterano militante gaullista, le consiguió a los 22 años un empleo como asistente parlamentario del diputado local, Joël Le Theule, frecuente objeto de ironías por su homosexualidad. François Fillon se peleó varias veces contra quienes se burlaban de su jefe. Cuando el diputado se convirtió en ministro de Transportes, en 1978, se llevó consigo al joven Fillon. Dos años después, Le Theule y su ayudante Fillon pasaron a Defensa. Fillon se casó en junio de ese año con la británica Penelope Kathryn Clarke. En diciembre, Joël Le Theule sufrió un infarto. Fillon pasó junto a él tres horas de agonía y le abrazó mientras moría.

En un partido entonces tan endogámico como el gaullista, Fillon no tuvo dificultad para heredar los cargos de Le Theule. Fue elegido diputado con sólo 27 años y alcalde de su pueblo, Sablé-sur-Sarthe, y se unió a un grupo de jóvenes renovadores de la política conservadora en el que figuraban Philippe Séguin, Philippe de Villiers y François Bayrou. En 1992 votó contra el Tratado de Maastricht: por entonces, era un nacionalista partidario de un Estado fuerte y de unas leyes laborales generosas. En 1993 obtuvo su primer ministerio, el de Educación, en el Gobierno de Édouard Balladur. Encadenó ministerios desde entonces, siempre disciplinado, siempre dialogante, pero capaz de emplearse con una dureza inusual: en 2005, en el crepúsculo de la presidencia de Jacques Chirac, envió a los antidisturbios a desalojar los institutos donde los estudiantes protestaban contra la reforma educativa.

Fue el principal responsable del programa con el que Nicolas Sarkozy ganó la presidencia y obtuvo como premio el puesto de primer ministro. Sarkozy se complacía en tratarle mal y en insultarle ante la prensa con calificativos como "inútil" y "cobarde"; él, arrinconado por la hiperactividad presidencial, sufrió una curiosa transformación. Se hizo ultraliberal. "Como primer ministro descubrí la maraña de regulaciones que ahoga la economía francesa", explicó después. También se aficionó a, según sus palabras, "decir la verdad". Como cuando proclamó que Francia estaba en quiebra, al cabo de un año en el puesto. O como cuando dijo que Francia estaba abocada al declive si no se sometía a una transformación radical. En 2006 publicó el libro Francia puede soportar la verdad.

El aguafiestas de aspecto deprimido que dirigía el Gobierno y aceptaba sin quejas los caprichos de Sarkozy se transformaba en el circuito de Le Mans, donde durante años compitió a bordo de automóviles Ferrari, BMW y Alfa Romeo. A día de hoy, sigue siendo miembro del comité organizador de las 24 horas de Le Mans.

Como primer ministro estableció una buena relación con el entonces primer ministro de Rusia, Vladimir Putin. Fillon empezó a propugnar un tratado de la Unión Europea con Rusia que permitiera a los europeos competir de igual a igual con Estados Unidos y China. Sus ideas no han cambiado. Piensa que el único gran enemigo de Francia es el yihadismo y que para vencerlo hay que aliarse con Rusia y con los aliados de Rusia, entre ellos el presidente sirio Bashar El Assad. Su último libro, publicado hace unos meses, se titula 'Vencer al totalitarismo islámico'.

En cuanto el socialista François Hollande derrotó a Nicolas Sarkozy, en 2012, François Fillon empezó a preparar su propia carrera hacia el palacio del Elíseo. Quiso utilizar la presidencia del partido gaullista, entonces llamado UMP, como plataforma política, pero un accidente de motocicleta le impidió hacer campaña. En la votación se registró un práctico empate entre Fillon y Jean-François Copé, ambos se declararon vencedores, hubo un tremendo intercambio de insultos (Fillon demostró en esos momentos su capacidad para la ira ciega) y el gaullismo llegó al borde de la ruptura. Tuvo que mediar Alain Juppé para calmar los ánimos. Fillon se lleva bien con Juppé; odia, en cambio, a Copé, y el pasado domingo por la noche, según uno de sus asesores, el descalabro de Copé (0,4% de los votos) le hizo aún más feliz que su abrumadora victoria.

El camino de Fillon hacia las primarias fue solitario. Fue el primero en anunciar su candidatura, con cuatro años de antelación, pero nadie le hizo demasiado caso. Especialmente desde que Nicolas Sarkozy, su antiguo jefe, anunció su propósito de presentarse de nuevo a las elecciones presidenciales. Mientras Sarkozy y Juppé atraían los focos, Fillon tejía con paciencia una red de contactos. Se aproximó a la 'Manif pour tous', un movimiento católico antiabortista y contrario al matrimonio homosexual; recorrió la Francia rural; desapareció de los telediarios y de los grandes periódicos, pero cada día se hablaba de él en algún pequeño medio regional.

Durante la campaña de las primarias, Sarkozy centró sus ataques en Juppé. El ex presidente apenas se enfadó cuando Fillon pronunció una frase asesina sobre los problemas de Sarkozy con la justicia ("¿Alguien se imagina al general De Gaulle imputado?"); en general, Sarkozy se burlaba del programa de "sangre, sudor y lágrimas" de su antiguo primer ministro y, fiándose de los sondeos, que a finales de octubre pronosticaban para Fillon un 10% de los votos, se limitaba a no tratarle demasiado mal para contar con su apoyo en la segunda vuelta.

Las cosas, como se sabe, han acabado siendo muy distintas. (Enric González / El Mundo / AP)