viernes, 24 de mayo de 2013

mayo 24, 2013

Eduardo Ibarra Aguirre
eduardoibarra@prodigy.net.mx
 
 
–¿Cuántos comunistas dice que tiene Cuba? –Preguntó sin rodeos Mao Zedong.
 
La respuesta de Ernesto Guevara de la Serna fue con dígitos notables para los nueve dirigentes comunistas latinoamericanos que junto al Che formaban parte de la delegación, pero magros si tomamos en cuenta las gigantescas dimensiones del partido de los comunistas chinos.
 
–¿Y cuántos comunistas dice que representan? –Embistió nuevamente El gran timonel.
 
En septiembre de 1946, Martínez Verdugo ingresó al Partido Comunista Mexicano. De 1946 a 1952 formó parte de la Comisión Organizadora de la Juventud Comunista y de 1952 a 1954 participó en el Comité del PCM del Distrito Federal


Las cifras de la respuesta que dio Che Guevara recibieron una reacción dura, imprevista del presidente Mao:
 
–Nunca cesaremos la polémica pública con los soviéticos, así lo pidan los comunistas de todo el mundo. Discutiremos años, décadas, siglos si es necesario.
 
La respuesta puso punto final a un diálogo de sordos de 10 dirigentes comunistas de igual número de partidos de América Latina, comisionados por la Conferencia de La Habana, en diciembre de 1964, y que fueron recibidos tras varias horas de antesala por El gran sol rojo que ilumina nuestros corazones, vestido de pijama y a bordo de un tren que hacía el recorrido entre la capital de la República Popular China y Shangai.
 
El comandante revolucionario era ya un personaje más que conocido por la dirigencia del gigante asiático, pues cuatro años antes realizó la primera gira de trabajo y entabló negociaciones con ella.
 
La política del pijama como muestra de distancia con sus interlocutores, no fue la primera ni la última vez que la utilizó Mao. El mismo recurso empleó con el embajador de la entonces URSS en la hoy Beijing (Pekín).
 
Los latinoamericanos viajaron antes a Moscú para exponer a Leonid Brézhnev lo mismo que a su homólogo chino:
 
–Suspender la polémica pública entre el Partido Comunista de la Unión Soviética y el Partido Comunista Chino. Preparar una nueva conferencia de los partidos comunistas. Que en la organización intervenga desde el principio el partido chino. Y no intervenir en la vida interna de otros partidos.
 
El éxito obtenido con los dirigentes soviéticos fue efímero, en tanto que dos partes formaban el centro del disenso que empezaba a causar estragos entre los comunistas latinoamericanos.
 
Se recupera el testimonio oral de Arnoldo Martínez Verdugo, integrante de aquella delegación, porque con las deudas editoriales que legó a sus compañeros –Escritos políticos de Hernán Laborde, por ejemplo–, se perderán muchas vivencias y acontecimientos importantes en que participó el sinaloense de Pericos.
 
En abono a la veracidad del testimonio consignado en Historia del comunismo en México, pero sin los vitales detalles, la primera versión la escuchó el reportero en una cena entre el abogado Hugo Tulio Meléndez, Arnoldo y el corresponsal George Natanson.
 
Que Zedong no entendió o no quiso entender lo elemental de los planteamientos acordados en la capital de la mayor de las antillas, se reconfirmó, una década después, al asegurar sin el menor tacto a Kim Il-sung, su otrora aliado en la guerra de Corea frente a Estados Unidos:

–Ustedes están con una nalga sentada en Moscú y otra sentada en Pekín.
 
–No, camarada Mao, nuestras dos nalgas las tenemos sentadas en Pyongyang –atajó cortante Kim.
 
Remembranzas, de Eduardo Ibarra Aguirre
 

Primera edición digital: Octubre de 2012
 

© Eduardo Ibarra Aguirre
 

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