jueves, 19 de julio de 2018

14:55:00
Pedro Echeverría V.

1. López Obrador nunca había sido presidente, por ello vive la impaciencia; los empresarios nunca se habían puesto tan nerviosos como ahora; la gente está impaciente frente una desbocada corrupción; el pueblo ya no tiene paciencia para esperar más. ¡Qué vacaciones ni qué vacaciones! Los empresarios, todos aquellos con salarios cinco veces mayores al del presidente y quienes proyectaban muy buenos negocios, están más que nerviosos, mucho más que excitados, que ni el intenso sol de las playas en vacaciones los podrá calentar.

2. Se publica hoy que la llamada política de “austeridad republicana” de López Obrador –presidente recién electo- reduciría el sueldo a un grupo de entre 5 mil y 8 mil servidores públicos (de alto nivel), quienes actualmente ganan más de los 108 mil pesos al mes que el virtual presidente electo propone como tope salarial. De acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), durante 2018 se contabilizaron 3 mil 600 trabajadores de base y casi 4 mil 500 trabajadores de confianza que superan dicho tope. La secretaría de Hacienda tiene que aplicar.

3. La burocracia secretarial es otra cosa, apenas llega a los 10 o 15 mil pesos; a esos no puede ni tocarse, quizá sólo para un pequeño aumento o para un cambio de oficinas. Quizá algunos funcionarios de lujo pudieron ahorrar y ese cambio no le cause ningún dolor, pero aquellos que se acostumbraron a tirar o malgastar en francachelas o parrandas el dinero del pueblo, si les va a enojar o de plano desquiciar la vida. Pero ellos tienen que reconocer que esos insultantes ingresos eran parte importante de la corrupción y con ella gozaban de una ficticia felicidad que AMLO les frenará.

4. La realidad es que en sólo 15 días del triunfo electoral de AMLO se ha dado una pequeñísima revolución en México, tanto entre los empresarios, los partidos, los medios de información, las instituciones de gobierno. Sólo hay que tener paciencia para ver más y empujar un poco para que AMLO no olvide aquel fantástico grito de “Primero los pobres” en un país donde el 80 por ciento de la población recibe un salario de hambre, sufre desempleo, se ve obligado a migrar a los EEUU y a engrasar la delincuencia. Se tiene confianza en López Obrador que marcha con paso firme sin titubeos. (19/VII/18)

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