martes, 9 de agosto de 2016

21:56:00
WASHINGTON D.C., 9 de agosto.- Donald Trump prometió que no va a cambiar su "temperamento"-"tengo un temperamento muy bueno", dijo, textualmente-en respuesta al creciente número de republicanos que se están desvinculando de él e, incluso, declarando que van a votar por Hillary Clinton. Así habló a primera hora de la mañana, en una entrevista a la cadena de televisión Fox News. Y a primera hora de la tarde dio una muestra de que, efectivamente, no va a cambiar, cuando recomendó a sus seguidores que, en el caso de que Clinton gane las elecciones y nombre a un juez del Tribunal Supremo que no les guste a éstos, se líen a tiros. Lo que el candidato republicano no aclaró es si quiere que le disparen a la presidenta o al juez en cuestión. O, si simplemente, quiere que la gente se líe a tiros en general cuando un político electo haga algo que no le guste. Contra las togas, el fusil de asalto.


Fue en un mitin en Carolina del Norte, un estado tradicionalmente conservador en el que Obama dio la sorpresa al ganar el 2008 y en el que ahora Hillary podría volver a ganar. El candidato republicano declaró que sería "un día horrible" si Clinton gana las elecciones -en un reconocimiento implícito, y poco usual en él, de que su popularidad se está hundiendo en las encuestas- porque deberá nombrar un juez para el Supremo. El Tribunal Supremo de EEUU tiene un poder mucho mayor que en países como España, como demuestra el hecho de que cuestiones como la legalización del aborto, del matrimonio homosexual, la prohibición de la discriminación racial (y, en el pasado, la autorización de esas mismas prácticas), o el control de las armas de fuego hayan sido decididas por ese órgano, que está totalmente politizado.

En la actualidad, el Tribunal cuenta con 8 miembros: 4 republicanos (aunque uno de ellos, Anthony Kennedy, a veces rompe filas y se va con el otro bando) y 4 demócratas. Hay una plaza vacante por la muerte del conservador Antonin Scalia en enero. El Partido Republicano, en una decisión sin precedentes, ha decidido bloquear en el Senado el reemplazo de Scalia hasta después de las elecciones, en la esperanza de que haya un presidente de esa formación en la Casa Blanca en 2017.

Y ahí entró Trump. El empresario declaró, en referencia a Clinton, que "Hillary quiere abolir, abolir esencialmente, la Segunda Enmienda", que permite a los estadounidenses tener armas y cuya regulación es objeto de un durísimo debate en EEUU. "Por cierto, y si ella logra elegir sus jueces, no hay nada que podáis hacer, amigos. Aunque la gente de la Segunda Enmienda puede estar ahí, no sé. Pero os voy a decir algo: sería un día horrible", concluyó Trump, en una de sus típicas declaraciones, que el columnista conservador del diario 'The Washington Post' George F. Will ha llamado "ensaladas gramaticales" porque no se sabe dónde empiezan ni dónde acaban ni muy bien lo que quieren decir.

Ahora bien, se mire por donde se mire, lo que dijo Trump no es 'presidencial'. Basta con ver el vídeo del discurso. Un seguidor del candidato con barba blanca mira a la mujer que está a su lado con cara de incredulidad, mientras parece decir algo así como "¡guau!". La mujer, sin embargo, le mira y se ríe.

La respuesta política a las declaraciones del candidato republicano fue inmediata. Porque, aunque no está claro quién es la "gente de la Segunda Enmienda", las declaraciones de Trump podrían fácilmente interpretarse como un llamamiento a que sus seguidores se líen a tiros si no les gustan los togados del Supremo.

El equipo de Hillary, consciente de que Trump parece haber sido enviado por la Providencia para que la ex primera dama gane, respondió de manera escueta y contundente. "Es simple: lo que Trump dice es peligroso. Una persona que quiere la Presidencia de Estados Unidos, no debería sugerir la violencia en modo alguno".

Para los asesores de Trump quedó -una vez más- la parte difícil: retorcer lo que el candidato había dicho para que no sonara como incitación a la violencia. Así que el portavoz de Trump Jason Miller dijo "la gente de la Segunda Enmienda tiene un espíritu increíble y está tremendamente unida. Y este año votarán en una cantidad increíble, y no será por Hillary Clinton, será por Donald Trump". El significado de esa frase queda para las generaciones futuras, porque nadie sabe qué significa.

Pero, con su nueva controversia, Trump parece destinado a ahondar las múltiples fracturas del Partido Republicano. Es un drama político. Y, a veces, hasta familiar, como en el caso de una de las familias más poderosas de EEUU: los Bush.

El hijo del ex gobernador de Florida, Jeb Bush, del que Donald Trump se burlaba durante las Primarias diciendo que "está bajo de energía", George P. Bush, va a votar por Donald Trump. Justo lo contrario que su padre, que su tío (el ex presidente, George W.), que su abuelo (George H.W., también presidente), que su tía, Laura, y que su abuela, Barbara. Es el mismo Trump que recordó a Jeb que el 11-S "sucedió cuando tu hermano era presidente"-en referencia a George W.-, que ha calificado la invasión de Irak de "desastre" (a pesar de que él la apoyó en su día) y que ridiculizó a Jeb en el último debate en el que este último participó antes de retirarse de las primarias. Acaso sea un signo del futuro del Partido Republicano. O acaso que George P., que está desarrollando una exitosa carrera política en Texas, tenga algún cálculo político para romper con la dinastía política más poderosa de EEUU y apoyar el hombre que la ha humillado.

A una escala más grande, el Partido Republicano vive el mismo drama. Pero a la inversa. O sea, un número-pequeño, pero creciente-de republicanos están empezando a de "repudiar" a Trump, siguiendo el consejo que les dio hace una semana su némesis, Barack Obama. La senadora republicana Susan Collins ha anunciado que no va a votar por Trump con términos que parecen sacados de cualquier artículo escrito por un demócrata. Y es que, según Collins, el candidato de su partido "ha mostrado un desprecio total por la decencia más básica".

Pero Collins no es representativa de los republicanos. A pesar de que lleva 19 años en el Senado por ese partido, para muchos de sus correligionarios no es más que una 'RINO', una palabra que suena igual que 'rinoceronte' (rhino), y que es el acrónimo de 'Republicano Solo De Nombre' ('Republican In Name Only'). Ella representa al estado de Maine, en el Noreste de Estados Unidos, un área que está bajo el control total de los demócratas, de igual manera que el Sur es republicano. Por eso, los grupos republicanos que analizan todas y cada una de las votaciones de los legisladores de EEUU estiman que Collins solo ha optado por dar su apoyo a políticas conservadoras en un 40% de las votaciones del Senado.

Collins es una gota más en la corriente de republicanos que huye de Trump. El lunes, un grupo de 50 expertos en política exterior próximos a George W. Bush publicaron una carta declarando que Trump "carece del carácter, los valores, y la experiencia para ser presidente". Entre los signatarios está un director de la CIA (Michael Hayden), un ex embajador en la OTAN (William H. Taft), un ex subsecretario del Tesoro, de Estado, y ex presidente del Banco Mundial (Robert Zoellick), y dos secretarios de Seguridad Interior (Michael Chertoff y Tom Ridge). El documento no dice a quién votarán. Pero sí a quién no: Donald Trump. El secretario del Tesoro con George W. Bush, Hank Paulson, y ex consejero delegado del gigante de Wall Street Goldman Sachs, sin embargo, ya ha dejado claro que va a votar por Hillary porque " la nación está antes que el partido".

Ahora bien: Trump se crece ante los ataques. Y ayer dijo que los firmantes de la carta "no son más que la fracasada élite de Washington que trata de agarrarse al poder y ya es hora de que respondan de sus actos", dijo ayer. Ciertamente, los críticos de Trump en el documento fueron entusiastas defensores de la Guerra de Irak antes de volverse críticos de ella cuando lo que había sido planeado como un 'paseo militar' de transformó en un lodazal. Ese pasado les hace vulnerables frente a los ataques de Trump. Lo mismo que las críticas de la revista 'The Weekly Standard', un bastión republicano desde el que se originó la Guerra de Irak y que desde entonces lleva defendiendo sin cesar un ataque masivo a Irán.

Divorciarse políticamente de Trump es, además, sencillo, porque no tiene coste. El empresario está hundido en las encuestas. Si las elecciones se celebraran ahora mismo, Hillary podría incluso ganar en Arizona y Georgia, donde el último candidato demócrata a la presidencia que se impuso fue, precisamente, su marido, hace 24 años. Hasta el centro de estudios que más cita Trump, el Instituto de Política Económica (EPI, según sus siglas en inglés), se ha distanciado de él. "A nadie le gusta que se identifique con un intolerante", declaró ayer el presidente del think tank, Larry Mishel.

Así que el empresario han combinado el uso de la artillería para aquéllos a los que juzga más débiles con medidas apaciguadoras con las que conseguir treguas puntuales con los líderes más poderosos del Partido Republicano. Ha apoyado al presidente de la Cámara de Representantes, el ultraliberal Paul Ryan, y al ex candidato presidencial y senador por Arizona John McCain. Son cambios de rumo significativos. En el caso de Ryan, además, porque ayer éste afrontaba unas primarias inusualmente difíciles en su distrito de Wisconsin frente a un candidato de la derecha nacionalista que ha expresado su apoyo por Trump, Paul Nehlen.

El que nada menos que un presidente de la Cámara de Representantes-el tercer cargo institucional más alto en EEEU- tenga que esforzarse por ganar unas primarias frente a un desconocido que ha basado su campaña en que le gustan las Harley Davidson, está orgulloso de sus tatuajes, se opone a la inmigración y ha desafiado al propio Ryan a una pelea de lucha libre, indica hasta qué punto el Partido Republicano está empezando a parecerse al Camarote de los Hermanos Marx. Lo único que le quita la gracia a la comparación es que se trata de uno de los dos grandes partidos que se disputa el control de la primera potencia mundial, con el 20% del PIB de la Tierra, la única divisa de referencia en el mundo -el dólar- y 4.500 bombas atómicas. (El Mundo)