martes, 26 de noviembre de 2013

16:11:00
PARÍS, Francia, 26 de noviembre.- Intelectuales, elegantes y enamorados como cuando se conocieron en la posguerra, un matrimonio francés de 86 años decidió morir juntos, de la mano y con una bolsa de plástico en la cabeza. Bernard y Georgette Cazes dejaron una carta dirigida al procurador de la republica, expresando su cólera porque la legislación francesa no permite el suicidio asistido y le anuncian que su familia abrirá una causa al Estado porque no respetó su libertad. En otra carta, Georgette le pide a sus hijos sustituirla para iniciar ese juicio. A los suicidas los descubrió el camarero, que les llevó el desayuno que habían pedido por la mañana y que ellos obviamente habían organizado para que los encontraran pronto.

Brillantes intelectuales, Bernard y Georgette Cazes, aquí en 1956, a la edad de 29 años, se conocieron poco después de la guerra, cuando eran estudiantes. (Le Parisien)

Una muerte planificada, serena y al mismo tiempo dramática en su mensaje. Devuelve la eutanasia y el suicidio asistido, que la legislación francesa no autoriza, al corazón del debate.


Los Cazes eligieron para despedirse de la vida el palacio Art Nouveau del hotel Lutetia, en París, cuyo bar visitaban Picasso, Malraux y St Exupery. Un lugar de enorme significado familiar. Allí fue donde Georgette encontró a su padre, un oficial francés, al final de la guerra, tras ser liberado de un campo de concentración alemán.

El hijo mayor de la pareja, que prefiere no dar su nombre, contó que sus padres habían tomado esta decisión "hace muchos años. Su preocupación era la dependencia y la separación más que la muerte”, explicó.

Bernard y Georgette se habían conocido en Bordeaux. Se casaron y tuvieron dos hijos. Vincent murió en un accidente de automóvil cuando tenia 21 años. Su madre escribió 10 años después un libro sobre Proust, que debía ser la tesis de su hijo en la universidad. Bernard era economista y filósofo, con varias obras publicadas. Ella era profesora de latín y letras, autora de manuales escolares y activa jubilada en Issy Les Moulineaux.

Otra pareja octogenaria los imitó ayer en París pero con la ayuda de medicamentos.

El Hotel Lutetia en París, donde la pareja de ancianos se suicidó.


Estos cuatro muertos reclamaban su mismo derecho: el del suicidio asistido. "El fin de la vida en dignidad" era una de las promesas electorales del presidente socialista François Hollande en su campaña. Holanda fue la pionera del suicidio asistido en 2001 y los médicos que acompañaban a sus pacientes en este camino no son penalizados por la justicia. Pero las condiciones están reglamentadas, como en Suiza, Luxemburgo y Bélgica. El comité de Ética francés emitirá una conclusión el próximo 16 de diciembre. Un sondeo de IFOF sostiene que el 92 por ciento de los franceses se pronuncian a favor de la eutanasia para las enfermedades "incurables e insoportables”.

Hay  diferencias entre el suicidio asistido y la eutanasia, el otro procedimiento sin legislar en Francia. En el suicidio asistido, el paciente provoca su propia muerte con la ayuda de un medicamento, ayudado por un profesional de la salud, bajo control familiar o de una asociación que defiende la idea.

La eutanasia implica la intervención de un tercero para frenar los sufrimientos de una enfermedad incurable y no la hace el enfermo mismo. Es activa cuando el médico administra un producto para provocarle la muerte y es pasiva cuando se le dejan de administrar los tratamientos que lo mantienen vivo o lo desconectan de la maquina que lo mantiene con vida. (Clarín)