jueves, 8 de diciembre de 2016

18:13:00
José Repetto

El otro día en el Parque de Mejorada, momentos antes de iniciar una rueda de prensa, dos policías municipales se acercaron a un señor de la tercera edad y le ordenaron que se fuera, pues estaba sentado en una de las sillas plegables colocadas para los reporteros.

Los agentes y el indigente retirándose después de que los primeros ordenaran al segundo desalojar el parque (foto: José Repetto)

Esta persona no estaba escandalizando ni agredió a nadie. No hizo nada en absoluto, más que sentarse. Incluso sobraban algunos lugares, nadie se quedaría de pie por su culpa.

Al parecer era indigente por el estado de su vestimenta y el hecho de que no traía zapatos. Se fue sin oponer resistencia ni decir una sola palabra. Debe estar acostumbrado a que lo echen, incluso de lugares públicos.

Tras ver que se retirara, los elementos se fueron en el antimotín 360 de la Policía Municipal Coordinada.

Conforme se iban los referidos, el reportero de Libertad de Expresión Yucatán logró tomar varias fotos.

En este punto un fotógrafo de otro medio opinó que no sería correcto publicar este incidente. A su parecer, la rueda de prensa se trataba de un evento privado exclusivo para los medios, a pesar de realizarse al aire libre, en un parque.

Aunque es verdad que los oficiales no le gritaron al señor ni lo jalaron o golpearon, cabría preguntarnos qué facultades tienen para ordenarle a una persona que se vaya de un parque y si el disgusto que esto causará al referido vale hacerle pasar ese mal momento. Recordemos que para las autoridades lo que no está explícitamente permitido en la ley, está prohibido.

Podría argumentarse que era un evento privado, que no tenía por qué estar ahí, que se le pidió de buena manera y por lo tanto no hay daño, pero la realidad es que sí hay daño pues se le sometió de nueva cuenta al rechazo que vive día a día.

Las personas en situación de calle enfrentan el constante repudio de la sociedad. Nada se perdía con dejarlo tranquilo en su lugar, pues incluso acabaron sobrando sillas. Incluso si tomaba algún agua saborizada y uno o dos bocadillos no se perdía nada.

Lamentable actitud por parte de los oficiales, cuyo trabajo debe ser salvaguardar la integridad física de los ciudadanos y no cometer actos de discriminación. También lamentable la manera de pensar de la persona que los haya llamado para ello. No hay manera de saber quién fue, así que quedará en su conciencia.