domingo, 12 de mayo de 2019

22:56:00
Los Menéndez de Yucatán.....

Por Rodolfo Antonio Menéndez Menéndez (Menéndez y Menéndez Opus)

Se cumple este 12 de mayo el sesquicentenario (1869 - 2019) de la llegada a bordo de la goleta Isabelita al puerto de Sisal, en Yucatán, México, de los hermanos Menéndez De la Peña, Rodolfo y Antonio, y de la esposa de este último, Ángela González Benítez.

Habían zarpado en el velero del puerto de La Habana el 10 de mayo escapando a la acción de las autoridades españolas que los acosaban por su vínculo con los independentistas cubanos, convocados en 1868 por Carlos Manuel de Céspedes al grito de ¡"Independencia y Libertad"! (el llamado Grito de Yara) que propiamente inició la Guerra de los Diez Años, la que no fue suficiente para liberar a la isla del imperio al que estaba sujeta.

Hicieron la travesía con un grupo encabezado por sus abuelos maternos, José Antonio De la Peña y Múgica y Antonia Pérez de De la Peña. Venía también la hermana, Sofía Menéndez De la Peña, que habría de fallecer enferma de tuberculosis unos cuantos años después en la ciudad de Mérida. Antonio Menéndez, el mayor de los hermanos, había contraído nupcias el 30 de abril de 1869, días antes del viaje, con Ángela González. Todos ellos, con unas quince personas más, miembros de la familia De la Peña, cruzaron esa ocasión el Canal de Yucatán tomando rumbo al Suroeste con la intención de iniciar una nueva vida. 

Don Antonio Menéndez De la Peña (1845 - 1912)

Rodolfo Ménendez nos relata acerca del viaje en sus notas biográficas, escritas en 1908. Cuenta cómo el azar determinó el destino de la familia: el abuelo quien pagó el viaje a todos, había considerado en sus planes de huida dirigirse al Canadá, pero en la búsqueda del barco que los trasladaría al puerto de Halifax se topó con un doctor, Méndez de apellido, yucateco de origen, que lo convenció con diversos argumentos de que deberían encaminarse hacia la cercana península.  "A poca distancia de Cuba -le dijo-, hay un país, sano, bueno y hospitalario: la vida allí es barata, la gente sencilla y laboriosa. En ninguna parte pueden estar mejor que allí. Ese país es mi patria, Yucatán. La Isabelita es una goleta que hace viajes a Sisal: está hoy en puerto, pues llegó ayer; si usted quiere, puede fletarla, ahí cabe perfectamente toda la familia. En Yucatán estarán como en su propia tierra y a un grito de Cuba. Allí hay varios cubanos y han sido muy bien recibidos. Más aun -agregó- "mi hermano Terencio les recibirá a ustedes y les ayudará en todo cuanto sea necesario". El abuelo recapacitó y cambió el rumbo del periplo familiar..... y al hacerlo, el destino vital de todos sus acompañantes.... Dio pábulo así a las generaciones de Ménéndez, los de Yucatán, que los sucedieron. Ya han transcurrido seis de ellas y corre la séptima con el nombre y los genes, cada vez más diluidos, es cierto, de quienes llegaron aquel día a las playas yucatecas, hace ciento cincuenta años.

Podemos imaginar el momento, lleno de incertidumbre, de la llegada de aquel grupo de cubanos descendientes de españoles, abuelo y abuela al frente de una larga prole de más de veinte personas que incluía a un pequeño de un año de edad, adentrándose en un territorio ignoto para ellos y que en aquel entonces (1869) estaba sumido en las tensiones de la  Guerra de Castas iniciada hacía doce años y que no terminaría sino hasta empezado el siglo XX. Territorio en el que además, en ese momento, durante la gubernatura de José Apolinar Cepeda Peraza, hermano del general Manuel Cepeda Peraza quien acababa de morir después de haber restaurado la república juarista en la península al derrotar por las armas a las fuerzas militares del segundo imperio mexicano, se vivía una crisis política severa que mantenía los ánimos públicos crispados, por decir lo menos, en medio de una severa atonía económica. Todo ello lleva en suma a pensar que nuestros antepasados, a su arribo a la nueva patria, tuvieron seguramente un recibimiento muy diferente al que el señor Méndez les había augurado como cierto y seguro en La Habana, unos cuantos días antes. Ciertamente pasaron por tiempos difíciles.

Doña Ángela González Benítez de Menéndez De la Peña (1846 - 1918), acompañando a su marido, Don Antonio.

Al pisar tierra peninsular el grupo se dispersó. Los hermanos varones Menéndez De la Peña, con Ángela, mujer de Antonio, llegaron a Mérida, la capital del estado, y decidieron mientras se daban a conocer como lo que eran, maestros titulados de primera instrucción, iniciar un pequeño negocio de tabaco en el que tenían alguna experiencia por haber trabajado en ello en San Juan de los Remedios, su tierra natal. Se instalaron en un local, ahí entre la esquina de La Tucha y La Tortuga. "Eso daba poco. No encontrábamos trabajo y como nadie nos conocía y la situación financiera del país era muy difícil, parecía segura nuestra ruina", refiere Rodolfo en sus memorias. Así, mal pasaron los recién llegados su primeros tiempos en la tierra de su adopción. Él, el menor de los Menéndez, se desesperó según confiesa y decidió volver a Cuba unos cuantos meses después de haber salido, con la intención de reincorporarse a la lucha libertaria. No regresaría a Yucatán sino hasta 1873, cuatro años después, amedrentado por las circunstancias adversas existentes en la isla y frustrado por la esterilidad de los esfuerzos empeñados.

Se reencontraron por fin los hermanos Menéndez De la Peña en Valladolid, una de las ciudades de Yucatán en las que se vivió de forma más cruenta y con mayor intensidad el conflicto social que representó la Guerra de Castas, y donde ya para entonces vivían Antonio y Ángela, ejerciendo ambos su profesión, enseñando a leer y a escribir a la niñez maya del oriente del estado y siendo ella la directora de la escuela para señoritas La Esperanza. A partir de entonces se definió, ya para siempre y hasta sus respectivas muertes, el proyecto altruista y el trayecto inmutable que los animó para convertirse en Yucatán, los tres y cada uno de ellos, en faros de luz y sabiduría, proyectándose desde la humildad de sus respectivas vidas hasta la eternidad de la gratitud yucateca que 150 años después de su llegada les sigue rindiendo homenaje.

Los hijos de Antonio y de Ángela fueron: Yara, Carlos, Bolivia, Sofía, Antonio, Antonio (2), Óscar.

Don Rodolfo Menéndez De la Peña (1850 - 1928)

Los hijos de Rodolfo, quien tuvo dos matrimonios, el primero con Flora Mena Osorio, vallisoletana, fueron: Libertad, Rodolfo; Conrado, Conrado (2), Hidalgo, Estrella, Américo, Flora, Héctor e Iván. Tras el fallecimiento de Flora Mena en 1901,  Rodolfo volvió a casarse en 1903 con Nemesia Rodríguez y Castillo, originaria de Sotuta, con la que tuvo tres hijas: Corina, Cordelia y Leticia.

A esta fecha, todas las personas señaladas anteriormente, primera generación de los Ménendez de Yucatán, han fallecido. Seguimos en el reino de los vivos 6 generaciones descendientes de aquellos aguerridos que llegaron en la goleta Isabelita en 1869 para transmitir sus genes y ofrecernos su ejemplo.

En memoria de mis bisabuelos a quienes me enseñaron a querer y a respetar, sin haberlos conocido, escribo esta nota como homenaje y recordatorio en el 150 aniversario de su llegada a nuestra tierra: Yucatán.

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