lunes, 20 de julio de 2015

14:50:00
Armando "Catón" Fuentes Aguirre


Dificultades. Aquellos casados estaban haciendo el amor. Con febricitante voluptuosidad lo hacían en loco arrebato de libídine. Ambos llegaron al mismo tiempo al éxtasis en medio de un wagneriano concierto de gritos, ayes y variadas exclamaciones de agotada pasión. Rendidos se separaron y quedaron tendidos de espaldas en el lecho. "¡Uf! -le dijo ella a él-. Si me dices en quién estabas pensando yo te diré en quién estaba pensando yo". Frase poco célebre: "Existen diversos aparatos mecánicos para excitar sexualmente a la mujer. El más eficaz de ellos es un convertible del año". Mamá borrega le dijo a su hija, la linda borreguita: "Cuídate de ese borrego. Lo único que le interesa es tu lana". Los novios fueron con señor cura. "Padre -le pidieron-, queremos que nos case". "No puedo" -respondió el sacerdote. "¿Por qué?" -se asombraron los novios. Explicó él: "No me gusta participar en juegos de azar"... Comentó don Geroncio, señor de edad madura: "Mi mujer y yo tenemos cama de agua. Ella la llama el Mar Muerto"... La esposa de don Algón llamó por teléfono a su oficina. Eran las 11 de la noche y él todavía no regresaba a su casa. La secretaria contestó la llamada. Preguntó la señora: "¿Por qué se está tardando tanto mi marido?". Respondió la secretaria. "Es la edad. Y estas interrupciones no ayudan nada". Voy y vengo por todas partes del país. Me ha sucedido estar en el curso de una misma semana en Ciudad Juárez, Guadalajara y Chetumal. Cualquiera diría que a mi edad ya debería yo dedicarme a disfrutar la vida. ¡Pero si eso es precisamente lo que estoy haciendo! Gozar la vida a plenitud; compartir con mi prójimo la santa eucaristía de la risa, que es sacramento de alegría, de amor; recibir el afecto de la gente, oír sus palabras de bondad, y ver en cada nuevo día una milagrosa oportunidad de ser feliz y dar felicidad a los demás. Ahora, sin embargo, advierto que el desánimo se ha apoderado del país, y que privan en él nocivos sentimientos pesimistas y de escepticismo. ¿Cómo puede ser eso, si antier fue sábado, y además pagaron el día 15? Yo soy, por naturaleza, un optimista. No un cándido iluso, entiéndaseme bien. En materia de vida podría repetir los bellos versos del poeta jerezano: "A medida que vivo ignoro más las cosas. / No sé ni por qué encantan las hembras y las rosas". En cuestión de historia, sin embargo, estoy un poco más informado, y sé que México ha vivido peores tiempos que éstos por los que ahora atravesamos, y siempre ha superado sus dificultades. ¿Que el dólar, que el Chapo, que el petróleo, que la inseguridad, que las corruptelas -y grandes corrupciones- de nuestra vida pública? Todo eso pesa, ciertamente, pero todo eso pasa. Vendrán mejores tiempos si como ciudadanos ayudamos a que vengan. Don Vetulio era sordo como una tapia. (Como una tapia sorda, hay que aclarar, pues las paredes oyen). Cierto día estaba con su hijo en la única fonda del lugar cuando llegaron dos agentes viajeros, el uno joven, de edad madura el otro, y se sentaron en la mesa vecina. El viajante joven le preguntó al mayor: "¿Ya había estado usted en este pueblo, don Mercuriano?". "¿Que si había estado? -rió el hombre-. Conozco este pueblo como la palma de mi mano. Aquí empecé mi carrera de vendedor. ¡Qué tiempos! Conocí a una muchacha llamada Facilisa. Hembra más ardiente no he vuelto a ver jamás.Todos los días nos íbamos a las afueras del pueblo y hacíamos el amor. Aún recuerdo el lunar que tenía en el pecho, y aquella manchita roja que tanto me gustaba, en la pierna izquierda". Don Vetulio alcanzó a entender que el viajero estaba contando algo muy interesante, pues todos los presentes habían dejado sus conversaciones para seguir el relato con atención. Preguntó ansiosamente a su hijo: "¿Qué dice? ¿Qué dice?". El muchacho le gritó en la oreja: "¡Dice que conoció a mamá!". Babalucas contrajo matrimonio. Ninguna experiencia tenía en el amor, de modo que su flamante mujercita se vio obligada a darle las instrucciones necesarias. Le iba diciendo: "Hacia adelante. Ahora hacia atrás. Hacia adelante. Ahora hacia atrás". Le dijo con impaciencia Babalucas: "Bueno, ya decídete, ¿no?". FIN.