sábado, 6 de junio de 2015

00:30:00
Juan Acuesta Rodríguez

No queda claro cuando la gente del Ayuntamiento de Mérida dice que defenderá el patrimonio de todos. De todos ¿quiénes? Supongo que de ellos mismos, porque si en verdad quisieran defender el patrimonio de los meridanos, no tenían por qué cambiar, si no todas, sí la gran mayoría de las lámparas de ABC Leasing  con el dinero de los meridanos, sino que hubiesen utilizado la mayoría de las lámparas adquiridas en su administración para el desarrollo de nuevas urbanizaciones.
El protagonismo de Renán Barrera.

O sea, que estos señores, según vaya el viento serán sus actitudes y declaraciones, y esto queda muy claro cuando dos tribunales sentencian a la Comuna a pagar, por un lado $28 millones de pesos a unos particulares y $230,227,310 a Santander, que es el banco con que trabaja ABC Leasing.  Ante esta situación, el Alcalde, sintiéndose una víctima y haciendo un alarde protagónico como es su naturaleza, baja del Palacio Municipal y ya casi en la calle grita a todos los vientos que su Ayuntamiento es víctima de un atropello, y esto ocurre cuando lo sentencian a pagar los $28 millones y le embargan unas cuentas, y esto ocurre en cualquier proceso legal de esta índole.

Cualquier ciudadano con sentido común se daría cuenta de que esa actitud es un acto desesperado y que hizo el ridículo con semejante actuación. Siempre han dicho que representan a la rectitud y a la honestidad, y este Ayuntamiento no solamente no ha sido recto sino bien torcido, desde sus inicios. Además de completamente deshonesto.

En una nota publicada en el Diario de Yucatán, el secretario municipal, Alejandro Ruz Castro,  pretende desvirtuar la actitud de los tribunales diciendo que “qué casualidad que en estos momentos nos dicten las sentencias”.

Señores, todos los procesos tienen un tiempo y a ustedes les tocó este tiempo para la sentencia, porque este proceso no tiene un mes, señores, ni dos meses, sino tiene más de dos años, puesto que en el 2013 en el Cabildo, sus amigos votaron por no pagarle un peso a Santander.

O sea, que de un plumazo el Alcalde puede decir “desconozco cualquier deuda”. Aquí no se trata de usar como pantalla o cortina de humo que es más importante la comunidad que un particular. Aquí se trata de un proceso administrativo contable, en el cual su responsabilidad era pagarle a quien le dio al Ayuntamiento (y le recuerdo que el que llegue al Ayuntamiento es institucional), o llegar a un acuerdo conforme a la deuda y ver las formas de pago, lo cual demuestra su incapacidad como administrador y como negociador. Pero también demuestra la ineficiencia de su equipo de trabajo, que ha caído en una tras otra en puro problema de esta índole.

Santander es una institución bancaria internacional muy seria, y no tiene un despacho con abogaditos que le hagan el trabajo legal, sino que tiene un cuerpo jurídico perfectamente conocedor de todo lo concerniente a préstamos y a financiamientos bancarios.

O sea, que es un bufete de profesionales en el ramo y que no se deja influenciar por una simple curul. Resulta absurdo que una institución bancaria como Santander esté pendiente de elecciones, sobre todo en Yucatán. Claramente, cuando se ven descubiertas sus incapacidades, inmediatamente quieren convertir un caso entre un banco y un Ayuntamiento en una situación política. Todo esto por quedar al descubierto.

Entonces, este señor no defiende el problema de todos los meridanos, sino el problema de todos sus correligionarios y de él mismo, desde luego. Es cierto que todo proceso legal tiene un tiempo, y su tiempo llegó en este tiempo. Quizá se prolongue aún más, pero lo que sí queda muy claro es el autoritarismo y prepotencia del Sr. alcalde Renán Barrera Concha, que es muy común en todos los provenientes de esa línea.

No olviden que de igual manera actuó uno de ellos; exhibió a los ciudadanos que debían el pago por el agua, pegándoles una leyenda en sus medidores de que se les cortó el suministro por malas pagas, cuando era suficiente simplemente limitándose. Y así por el estilo, muchas más.

¿En dónde queda, con todo lo antes mencionado, que provienen de la rectitud y la honestidad? y lo dicen hipócritamente, como si tuvieran una mano en el corazón y en la otra un rosario.

Es cuanto.