sábado, 30 de noviembre de 2013

17:52:00
FRANCIA, 30 de noviembre.- Hong Zhang (nombre ficticio) no tiene precisamente una buena opinión de la policía parisina. Casi uno de cada tres días es llevada a la comisaría, cuenta esta prostituta china, “y sólo por estar trabajando”. Cuenta que a veces recibe de los agentes un trato violento y casi siempre humillante.


Según esta mujer de 45 años, a menudo es esposada y tiene que esperar horas en la comisaría hasta que llegue el turno del interrogatorio. “La última vez pensé en suicidarme”, confiesa entre lágrimas. “Además, yo no soy la culpable, sino el cliente”.

Sin embargo, la legislación francesa ve las cosas de otro modo: aunque la prostitución en sí es legal, ofrecerse a clientes es un acto punible con hasta dos meses de prisión y 3 mil 750 euros de multa. Así, las prostitutas se mueven a diario en la delgada línea entre lo legal y lo ilegal.

La situación podría tener los días contados. Los diputados socialistas han propuesto, con el apoyo de la ministra para los Derechos de la Mujer, Najat Vallaud-Belkacem, una ley para penalizar a los clientes de la prostitución, que comienza a debatirse hoy en el Parlamento y supone un cambio radical frente a la normativa actual.

Así, en lugar de las prostitutas, en el futuro se penalizará a los clientes. Quienes sean “pillados” en la compra de sexo se enfrentan a multas de mil 500 euros, y en caso de repetir, de hasta 3 mil euros. “Las prostitutas son víctimas”, afirma el diputado Maud Olivier. “Queremos acabar con la prostitución a largo plazo”. Para lograr este objetivo, el proyecto de ley prevé una serie de medidas: los clientes podrían verse obligados a contribuir con tareas sociales en organizaciones de ayuda para prostitutas y se explicará a los estudiantes las consecuencias sociales de la prostitución, que contribuye “a una imagen humillante de la mujer”, señala Olivier.

Se prevé también ayuda activa para las mujeres que quieran dejar el sector, con planes de formación continua para respaldarlas en el aprendizaje de otra actividad. Pero de los planes al consenso social hay un largo camino por recorrer. La actriz Catherine Deneuve o el cantante Charles Aznavour figuran entre los firmantes de una petición contra la ley. La revista Causeur publicó en noviembre el manifiesto “¡No toquen a mi puta!”, en el que 343 autodenominados “cabrones” critican el proyecto de ley y defienden la libre satisfacción de “sus deseos y placeres”. En cambio, organizaciones feministas llevan semanas en campaña para defender la aprobación de la norma. En el “Llamamiento de las mil” exigen un castigo más duro para los rufianes, una postura que cuenta ya con tradición en Francia: los burdeles y el tráfico de mujeres están prohibidos desde 1946.

Strass, que es el sindicato de prostitutas, así como varias organizaciones humanitarias, también critican la ley. “Cuanto más ilegal sea la prostitución, se hará de forma más clandestina y conllevará más peligros para el trabajo de las mujeres”, dice la trabajadora social Laure Courret. Ya existen redes de proxenetas que ofrecen a las prostitutas chinas encuentros con sus clientes en lugares escondidos. “Allí no pueden pedir ayuda a nadie en caso de tener problemas con el cliente”, explica Courret. “Esta ley es hipócrita”. (Caroline Kuter / DPA)

0 comentarios:

Publicar un comentario