domingo, 8 de septiembre de 2013

20:12:00



Triunfante el centralismo de Santa Ana, en 1853, y reincorporado Yucatán a México, se hizo cargo del Gobierno del Estado el Jefe de Operaciones, General D. Rómulo Díaz de la Vega.

Y sucedió que una mañana una bella damisela meridana volvía de misa, seguida de lucida teoría de domésticas. Al llegar a la puerta del Cuartel General, dos oficiales poco correctos pretendieron abrazarlas impidiéndoles el paso. Ricardo Villajuana, capitán yucateco, vio la escena y, espada en mano, exigió el paso libre para las damas. Después se inclinó descubriéndose galante como un caballero medioeval. El epílogo iba a ser un duelo, que los jefes impidieron arrestando alos protagonistas.

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