jueves, 4 de julio de 2019

05:34:00
Yuri Serbolov

Ponencia presentada en el Simposium Internacional sobre la Libertad de Expresión y Responsabilidad Social organizado por la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y Televisión (CIRT) en el World Trade Center, los días 20 y 21 de julio de 1998 en la Ciudad de México, con la participación de 64 ponentes nacionales e internacionales.


¿Qué es  la libertad de expresión? ¿Por qué es tan importante?

Todo mundo habla de la libertad de expresión, todo mundo protesta por ella, todo mundo la reclama, todo mundo dice defenderla. Sin embargo, pocos son los que la definen.

En este análisis quiero reflexionar acerca de dos temas:
- las cuatro dimensiones de la libertad de expresión, y
- por qué es tan importante la libertad de expresión para consolidar el tránsito de México a la democracia y para enfrentar una realidad política, económica, financiera, social e internacional, que cada día se vuelve más compleja, más incierta y más cambiante, y ante la cual pareciera que cada vez disponemos de menos recursos para hacerle frente.


Antes que nada, creo conveniente empezar con algunas preguntas básicas: ¿qué es la libertad de expresión? ¿Para qué sirve?, ¿cuáles son sus límites?, ¿Quién la vigila?, ¿quién la controla?, ¿Quién la cuida?, ¿quién la promueve?

¿Es un concepto inmutable o es un bien que evoluciona junto con el hombre y la sociedad en la que vive?, ¿Es un medio o es un fin en sí mismo?, ¿Existe en México?, ¿Cuál es el papel que juega en la evolución política, económica o social del país, históricamente y en la actualidad?, ¿Qué papel desempeñará en el presente y futuro de México?

Para contestar algunas de estas preguntas, antes que nada debemos conocer las cuatro dimensiones de la libertad de expresión. Pero antes de hablar de ellas, me gustaría enfatizar que la libertad es el bien más preciado del ser humano. Ser libre es lo que le da valor a nuestra existencia.

Uno de los personajes literarios que más simboliza la libertad es Don Quijote de la Mancha, quien a través de la pluma de Miguel de Cervantes Saavedra dijo: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre. Por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”.

La libertad de expresión es parte importante de la libertad del ser humano. Se trata de la libertad de pensar, de decir, de opinar, de escribir, de divulgar y de transmitir.

Ya se ha dicho la famosa frase de “pienso, luego existo”, pero el pensamiento no tiene ningún sentido, si no se puede expresar y comunicar a los demás. De ahí que luego MacLuhan dijera “el medio es el mensaje”.

De nada sirve tener ideas si se tienen que quedar encerradas en nuestro cerebro. No tiene sentido hablar si nadie va a escuchar, de nada sirve opinar si nada va a cambiar.

De ahí que los políticos digan “pensamiento que no se convierte en palabra, mal pensamiento; palabra que no se convierta en acción, mala palabra; acciones que no se convierten en resultados, malas acciones”.

Es decir, debemos convertir los pensamientos en palabra y la palabra en acción y las acciones en resultados; pero nada de ello puede suceder, y menos socialmente, si no existe la libertad de expresión, que es la que nos permite precisamente que los pensamientos de todos se conviertan en palabras y luego en hechos y finalmente en nuestra realidad cotidiana.

Sin esa libertad la sociedad sería sorda o viviría bajo la dictadura del monólogo de algunos cuantos grupos de poder o de interés.

Dicho esto, hablemos ahora de las cuatro dimensiones de la libertad de expresión.

Primera Dimensión: Las Reglas del Juego

La libertad de expresión debe tener reglas, como todo en esta vida. La libertad sin reglas, sin límites, sin controles, sin autocontroles, no es libertad, es libertinaje.

¿Cuáles son las reglas de la libertad de expresión? Primero, no dañar a nadie con ella. La libertad de expresión es un bien, no un mal. Debe servir para dar justicia, no injusticia; bienestar, no malestar; igualdad, no desigualdad entre los hombres.

Es un arma y un escudo a cargo de la sociedad, pero que no debe ser utilizado para dañar a ninguno de sus miembros y mucho menos a la sociedad en su conjunto.

Como parte de este mismo límite, la libertad de expresión no puede atentar contra la honra de las personas. La libertad de expresión no puede servir, como mal hemos hecho algunos medios de comunicación en México, para desatar campañas de linchamiento moral, en contra de algunos políticos que, aunque presuntos culpables de la crisis económica y financiera o bancaria que vive el país, o sospechosos de haber causado la desgracia nacional, o los asesinatos políticos, en realidad no se les ha podido probar su culpabilidad ni se les ha dictado sentencia. Por el bien de la nación todos debemos ser inocentes hasta que se nos pruebe lo contrario.

Siempre hay que recordar que la libertad de cada quien termina donde empieza la libertad de los demás. O todos somos libres o nadie lo será.

Dos: la libertad de expresión no se puede utilizar para atentar contra el orden social ni para atentar contra la paz pública. La libertad de expresión no debe utilizarse para hacer apología de la violencia, para incitar al pueblo a la rebelión, para salirse de la ley y para sublevar en contra de las instituciones.

Puede y debe ser usada la libertad de expresión para incitar a la rebelión contra un status quo, contra un orden establecido, siempre y cuando ese orden sea injusto, inmoral, inhumano e inequitativo, pero sólo dentro de esos límites.

Así lo hizo Francisco I. Madero, cuando en octubre de 1908 publicó su libro La Sucesión presidencial de 1910, o cuando el 6 de octubre de 1910 publicó El Plan de San Luis, instando al pueblo a levantarse en armas el 20 de noviembre de ese mismo año.

La libertad de expresión es un arma poderosa, que debe ser utilizada con cuidado, pero siempre dentro de los límites de la ley, del orden, de las instituciones, siempre apelando a causas justas, a causas nobles. La legalidad y la legitimidad son dos fronteras infranqueables de la libertad de expresión.

Tres: la libertad de expresión no puede ser monopolizada por nadie. O todos tenemos la misma libertad o nadie tiene libertad. Mi libertad de expresión es tu libertad de expresión. Si tú no tienes libertad de expresión, tampoco yo la tendré.

Si alguien monopoliza la libertad de expresión, en realidad cancelará la libertad de expresión para todos e incluso para él mismo, porque la libertad de expresión no se puede dar sin diálogo social. La libertad de expresión es una vía de dos sentidos, un camino de ida y vuelta, es una acción que requiere una reacción.

De nada sirve el periódico o la revista más libre, si no tiene lectores o una estación de radio sin radioescuchas o un canal de televisión sin televidentes. Si alguien se apropia de una libertad que los demás no tenemos, se provoca una enorme desigualdad e injusticia.

Cuarto: la libertad de expresión no puede usarse indiscriminadamente. No puede servir para envenenar a la opinión pública. No debe lesionar los valores culturales y nacionales; no debe deformar los hechos ni tampoco debe ocultarlos.

Debe tener un compromiso con la verdad; no estar al servicio de grupos de interés extralegales, como narcotraficantes, secuestradores, grupos de poder o de interés, que operen al margen de la ley y de las instituciones.

Segunda Dimensión: el juego, es decir, el sentido de la libertad de expresión

Uno, la libertad de expresión no es un fin en sí mismo, sino un medio. Debe ser para impulsar la justicia, la equidad, la libertad y la fraternidad. No debe servir para lo contrario, es decir, para fomentar la injusticia, la inequidad, la confrontación de todos contra todos.

Dos: la libertad de expresión debe manifestarse con conocimiento de causa, es decir, debe ser un acto de libre albedrío; la libertad no puede ser ciega. Para poder ejercer la libertad tenemos que tener información, conocimiento y experiencia.

Tres: para poder tener libertad, hay que tener independencia, autonomía, soberanía. Hay que ser dueño de uno mismo. No podemos ser prisioneros de dogmas o de ideologías y pretender ejercer la libertad de expresión.

Tercera Dimensión: el resultado del juego de la libertad de expresión.

La libertad de expresión no puede verse fuera de un contexto social, económico, cultural y político.

La libertad de expresión forma parte integral de un todo; no puede ni debe verse aisladamente. De nada sirve una libertad si no tenemos otras libertades, como por ejemplo, la libertad de reunión, la libertad de tránsito, la libertad de trabajar, la libertad de estudiar, la libertad de votar, etcétera.

Cuarta Dimensión: el control de la libertad de expresión.

Uno: El mejor control de la libertad de expresión es el autocontrol. Ninguna ley por restrictiva que sea, ninguna institución por poderosa que sea, logrará gobernar a una sociedad si sus miembros no asumen esa ley como propia y la incorporan entre sus usos y costumbres, entre sus valores y la hacen parte de su cultura.

Dos: La misma sociedad, los individuos, las empresas, las organizaciones deben autofijarse sus códigos de ética, sus valores y principios, sus códigos de conducta. No debe ejercerse la censura ni la autocensura. Es mejor tolerar los excesos o sancionarlos después de cometidos que por querer prevenirlos limitar la libertad de nadie para expresar sus ideas, sus puntos de vista.

Tres: los medios de comunicación no debemos ser jueces, fiscales o abogados. Nuestro papel es ser espejo, que reflejemos la realidad con el menor número de distorsiones y que además orientemos a la sociedad sobre qué está pasando y qué puede pasar. Nadie nos ha nombrado jueces ni fiscales, sólo podemos ser abogados de la verdad, de la justicia, de la equidad.

Conclusión

La libertad de expresión es un don pero que debe utilizarse con límite, con reglas muy claras, con autocontroles. la libertad de expresión no es un asunto que atañe sólo a los medios de comunicación, sino a toda la sociedad.

Nadie puede ni debe monopolizar la libertad de expresión, nadie puede limitarla, ningún gobierno debe sancionarla; ninguna ley debe coartarla, más que la ley que se autoimponga la sociedad en función de fines superiores.

México vive tiempos difíciles, tiempos de crisis, tiempos de cambio. México vive hoy día una de las realidades más complejas que nos haya tocado analizar. Tenemos problemas políticos, financieros, económicos, sociales e internacionales.

La agenda está cargada: el conflicto en Chiapas, el Fobaproa, la reforma del Estado, las elecciones estatales, las elecciones federales de 2003, el riesgo de una crisis financiera, los recortes al presupuesto público, la política monetaria restrictiva, el riesgo de que la economía se estanque en la recesión, la ola de inseguridad y violencia que sacude al país, el crecimiento de la economía subterránea, las relaciones de México con Estados Unidos y el mundo, el problema del narcotráfico, etc.

Son crisis que se retroalimentan a sí mismas y que contaminan a la otra. Nunca habíamos visto un escenario más complejo, más incierto, más impredecible, más cambiante y dinámico, y además frente al cual los recursos que tenemos son escasos. Recursos legales, institucionales, económicos y políticos.

México tiene por tercera ocasión en su historia una experiencia democrática. Las dos veces anteriores, 1861 y 1911, con Benito Juárez y Francisco I. Madero, respectivamente, las experiencias terminaron en parálisis legislativa y de gobierno; en intervenciones extranjeras y en golpes de Estado militares.

Podemos tener ahora lo mismo que en las dos ocasiones anteriores. La historia no tiene por qué repetirse si aprendemos de ella, de los errores cometidos. Pero si le echamos a una licuadora los mismos ingredientes, sale el mismo licuado; los ingredientes en aquellas ocasiones fueron jugar a la democracia sin leyes y sin instituciones. Eso es peligrosísimo para el país; eso es lo que estamos haciendo ahora.

La libertad de expresión, en primer lugar, nos debe servir para crear esas leyes y esas instituciones
que está demandando México para consolidar su transición a la democracia. La libertad de expresión es una institución. Cuidémosla.
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La libertad en el sentido de ausencia de todo control restrictivo conduce a una severísima coerción ya que deja a los poderosos en libertad para esclavizar a los débiles
Platón

“Yo no conozco otra fuente de poder más que la opinión pública. Mi afán será estudiarla; mi invariable empeño, sujetarme a sus preceptos”.
Benito Juárez

“El Hombre pierde su libertad natural y el derecho ilimitado a todo cuanto desee y pueda alcanzar, ganando, a cambio de ello, la libertad civil y la propiedad de lo que posee”.
Juan Jacobo Rousseau
El contrato Social

“El más fuerte no lo es nunca suficiente para ser siempre el amo, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber”.
Juan Jacobo Rousseau (1712-1778)
El Contrato Social

Los que aprueban una opinión, la llaman opinión; pero los que la desaprueban la llaman herejía.
Thomas Hobbes

“El hombre es lobo del hombre”
La vida humana en el “estado de naturaleza” es “solitaria, pobre, sucia, violenta y corta” y es una “guerra de todos contra todos”, de ahí la importancia de la sociedad organizada y del poder político. La gente busca seguridad participando en el contrato social en que cede su poder a cambio que el soberano regule su conducta.
Thomas Hobbes (1588-1679)

1. Ello - id. Principio del deseo. Impulsos de vida o muerte. Fuerzas y demandas impulsivas, inconscientes, irracionales e ilógicas. Desconoce los valores. Busca el placer y evita lo desagradable.

2. Ego.Yo. Principio de Realidad. Interpone el pensamiento entre el deseo y la acción. Racional. Mecanismos de defensa (represión, racionalización, sublimación).

3. Superego. Suprer Yo. Principio de socialización. Necesidad de afecto y miedo al castigo. Interiorización de las prescripciones paternas; el miedo al castigo y la necesidad de afecto. La conciencia moral. Restricciones culturales.
Sigmund Freud (1856-1939)

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