sábado, 29 de junio de 2019

18:28:00
Pedro Echeverría V.
1. Tengo esperanzas, muchos deseos, que estos sufrimientos y estas miles de muertes en el mundo de habitantes que huyen del hambre de países pobres y miserables, logren algo bueno para beneficio de estos héroes del mal vivir. Sin embargo, por más que pienso en las causas de las migraciones y busco soluciones, sólo puedo llegar a una conclusión: Marx desde 1844-48 tenía razón: en el capitalismo sólo hay dos clases enfrentadas en vida o muerte: una que posee la enorme riqueza concentrada en las grandes ciudades y otra, el 80 por ciento, que produce toda la riqueza que todos consumimos y que recibe a cambio casi nada, sólo para no morir de hambre.




2. México, con esa enorme frontera de 3 mil kilómetros que posee con los EEUU, en los últimos dos o tres años se ha estado convirtiendo en país de paso de millones de trabajadores de Honduras, el Salvador, Guatemala y de otros países, incluso de personas de dos o tres continentes que ha visto a México como su gran esperanza para llegar a los EEUU. Además, desde hace más de 20 años, escuchamos que trabajadores africanos y asiáticos mueren en su travesía por llegar a Europa en busca de trabajo y algún ingreso. Algunos gobiernos criminales se han dedicado a asesinar a los migrantes y, ante las protestas, el trato criminal ha bajado, pero continúa.
3. Los políticos derechistas, los empresarios y los medios de información, muy parecidos al racismo fascista, se han dedicado a extender y exigir al gobierno, incluso, un rechazo violento. Algunos, particularmente el de López Obrador en México, han actuado con la mayor solidaridad y decencia hacia los migrantes, aunque en las últimas semanas ante las presiones del gobierno de EEUU para evitar el tránsito, ha colocado a López Obrador a la defensiva. No se debe, no se puede, evitar el paso o tránsito de migrantes miserables a los 10 o 15 países que dominan la economía mundial; quienes decidan frenarlo más temprano que tarde, seguro que recibirán el castigo de los pueblos sometidos.
4. Cuando pienso en una posible rebelión de los migrantes contra sus saqueadores recuerdo aquella obra de Pink Floyd que se llama "The Wall" que vi hace 35 años en aquel cine dominical de la Facultad de Filosofía de la UNAM. Es una obra en la que un profesor fascista grita, ridiculiza y golpea a un alumno; vive con otros profesores igual de déspotas; hacen marchar a los alumnos a la muerte en una máquina rotatoria; pero un día –al adquirir conciencia los estudiantes, así como la dignidad y el coraje necesario, se rebelan, destruyen muebles, aulas y muros y junto a ello envían al fuego a los profesores autoritarios en medio del bello ritmo de rock de Pink Floyd.
5. Cuando veo las fotografías de cientos de mujeres y niños migrantes desesperados, esperanzados, cansados, hambrientos, pienso que esas caras y brazos son la dignidad y el coraje que todos necesitamos para acabar con la desigualdad. Pero tampoco olvido a los millones de policías y militares pagados por lo diferentes estados y gobiernos para reprimir y asesinar las rebeldías. Si algún día perdiera esas esperanzas de rebelión y transformación, si dejara de enterarme de que las luchas de los pueblos siguen presentes, yo también me moriría porque ha sido mi única forma de ver el mundo en los últimos 60 años. (28/VI/19)

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