martes, 19 de febrero de 2019

14:54:00
WASHINGTON, 19 de febrero de 2019.- Un millón de dólares (890.000 euros) en tres horas y media en pequeños donativos de voluntarios. Eso es lo que ha logrado el senador de Vermont Bernie Sanders tras anunciar su entrada en la carrera presidencial de 2020. 

El mismo 'Bernie', como le llaman sus seguidores, que con su movimiento de movilización de las bases de izquierda puso en serio peligro la candidatura de Hillary Clinton en 2016, vuelve a la carga. La cuestión es ¿será capaz de volver a dar la campanada o, incluso, de ganar la nominación? Sanders tiene dos problemas. Uno, de menos importancia. Su edad. A sus 77 años es cinco años mayor que Donald Trump, y ocho que la también senadora Elizabeth Warren, los dos candidatos de más edad que, por ahora, compiten de cara a 2020. 

El otro, más serio, es que Sanders es una víctima de su propio éxito. Sus propuestas de 2016 - sanidad universal, recorte de los costes de la educación universitaria, regulación de la economía - han sido absorbidas por los demás candidatos demócratas. Warren, incluso, tiene su mismo estilo: poco carisma y mucho programa.

Así que autoproclamarse "socialista", como hizo Sanders en 2016, era revolucionario. Pero, en 2019, como poco, un candidato demócrata debe proponer medidas que incluyan la expansión del Estado de Bienestar. 

En otras palabras: si en 2016 era centro (Clinton) contra centro-izquierda (Sanders), ahora todos están en ese último grupo. El representante del centro ni siquiera compite como demócrata, sino como independiente: es el fundador de la cadena a de cafeterías Starbucks, el multimillonario Howard Schultz.

A eso se añade otro factor que no existía en 2016: la política de la identidad. El mensaje del senador es de izquierda tradicional, o sea, económico. En un Partido Demócrata que ha abrazado las políticas de género, de raza, y de identidad sexual, el senador de Vermont corre el riesgo de quedarse fuera de juego. 

Sanders puede convertirse en el voto de la nostalgia, una especie de Rolling Stone de la política con un electorado que prefiere el hip hop de protesta de a Kendrick Lamar.


Pero la apabullante respuesta online en forma de donaciones parece sugerir que Sanders sigue contando con un más que notable tirón popular. En el vídeo en Twitter en el que anunciaba que entraba en la carrera, el senador repetía los ejes de su discurso al prometer que luchará "contra los poderosos grupos de presión que controlan nuestra vida política", y anunciar que "el cambio real nunca se produce desde arriba hacia abajo, sino, siempre, desde abajo hacia arriba".

Su objetivo, para ello, es lanzar "un histórico movimiento de base sin precedentes que empezará con al menos un millón de personas en todo el país". Se trata de repetir la estrategia de 2016. Y recalcar que los principios no están en venta. Es algo que para una parte del Partido Demócrata suena a mesianismo. Porque el ala centrista de esa formación sigue pensando que fue la tozudez de Sanders, más el fanatismo de sus seguidores (con la ayuda inestimable de trolls rusos en Facebook para debilitar al partido) lo que costó la presidencia a Hillary Clinton, primero al dividir el partido y, después, al hacer que muchos potenciales votantes de la candidata se quedaran en casa.

La entrada de Sanders en campaña sólo deja a tres pesos pesado demócratas sin haber anunciado su candidatura: el congresista estatal por Texas Beto O'Rourke, el senador por Ohio Sherrie Brown, y el ex vicepresidente Joe Biden que, a día de hoy y a falta de 10 meses y medio para las Primarias, es el favorito. (Pablo Pardo / El Mundo)

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